domingo, 26 de octubre de 2025

Sobrepensar

                                 Me desperté con el sonido del despertador, ella se revolvió un poco entre las sábanas y arañó un poco más de sueño. Me duché con agua muy caliente. Me preparé el desayuno al mismo tiempo ella entraba en la ducha. Mientras desayunaba apareció ella. Me preguntó si le había hecho el desayuno a ella. La miré en silencio unos cinco segundos. Le dije que ya no la quería. Su rostro cambió. Me propinó un bofetón en la cara y salió por la puerta pegando un portazo. Me dolía la mejilla mientras terminaba el desayuno.

La noche anterior cenamos mirando la tele en silencio. Ambos nos excusamos en el cansancio del día y que necesitábamos desconectar. Nos metimos en la cama y ambos nos dimos la espalda al mismo tiempo que escroleábamos en alguna red social. Unos treinta minutos de pantalla y se apagaron las luces. Ni un beso de buenas noches. Dormí pero no descansé. Me desperté hastiado y me metí en la ducha deseando despertarme. No fue intencionado no hacerle el desayuno, sabía que me estaba olvidando de algo similar a cuando preparas una maleta. Iba con el piloto automático. La sorpresa en su cara cuando no se encontró su desayuno me incomodó. Daba por hecho su desayuno pero se renunciaron a tantas cosas por el camino. Escupí mi irritación en cuatro palabras que me acosaban desde hace un tiempo. Ya no te quiero. Era la primera vez que la veía ponerse roja de rabia. Me cruzó la cara. Se le aguaron los ojos. No dijo nada pero el ruido de la puerta al cerrar decía muchas cosas. La mejilla me ardía. No sabía si volveríamos a amarnos.

Apatía y culpa cada mañana. ¿Esta es la vida que quiero? Convertirme a paso lento en un desconocido para la persona con la que comparto vida, mirarnos con ojos vacíos y no hablarnos. ¿Cuándo dejamos de regar las flores de nuestra vida? ¿Cuándo las abandoné yo? Le pido a la ducha que me borre esos pensamientos pero ni el agua a altas temperaturas derretía la nube negra que nublaba mis pensamientos. Llegué a la cocina y preparé mi desayuno mientras pensaba en el día que tenía por delante. El ruido de su ducha despertó un poco de malestar en mi, en lo que parecía otra vida habría sido juntos y riéndonos. ¿Debería...? No. Come. Tenía algo en la punta del cerebro, me olvidaba de algo. Apareció en la cocina. Otra comida en silencio. Otra vez la sensación de dos extraños que comparten vida por compromiso. Algo es removía en mi entrañas. Me olvidé de su desayuno y me lo recuerda. El runrún de mi cabeza saltó todas las barreras para escapar por mi boca. Ya está dicho. ¿Por qué no me siento mejor? ¿Por qué me mira así? Me abofetea. Y mi poca entereza se desintegra cual castillo de arena cuando sube la marea. Me bloqueo y miro roto como se aleja. El ruido de la puerta me hace llorar por dentro. Llueve en interior y no se apaga el incendio que se inicia en mi mejilla. Intento seguir con el desayuno. Me siento un imbécil. ¿De verdad esas palabras definen como me siento o era el camino fácil? No me entiendo. Debería llamarla y disculparme. Pensé en que decirle. Pensé en mi. ¿Se puede reparar algo que lleva roto tanto tiempo?

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