miércoles, 4 de marzo de 2026

Magia

                             La magia tiene un precio. Esa es la primera lección que te daban en la escuela de magia y esa fue la última lección que aprendieron los instruidos en magia de los 11 reinos hace tres décadas. La persecución de los magos fue un acuerdo entre las 11 grandes familias reales para evitar que el poder mágico se escapara de sus manos. En apenas dos años habían dado caza a todas las personas que mostraban capacidades extraordinarias. Tres décadas sin magia en los 11 reinos. Los cazamagia se convirtieron en una herramienta de vigilancia en desuso y el recuerdo de la magia un susurro que solo se pronunciaba en tabernas de baja reputación al caer el Sol.

Apartado de los castillos y de las grandes poblaciones te podías encontrar una casa con una tumba en sus inmediaciones. En esa casa vivía un hombre al que el peso del tiempo había encorvado su espalda. Se aferraba a un bastón, vestía túnicas como las que antaño llevaban los hechiceros y un colgante con una piedra brillante. A pesar de su edad avanzada en su mirada todavía se conservaba un fuego que solo podías encontrar entre los jóvenes. Aquel hombre había pasado las últimas décadas estudiando y planeando. Había llegado el día y su determinación era absoluta. "La magia tiene un precio" se repetía en la cabeza. Entró en un cuarto de piedra vacío y se despojó del bastón dejándolo fuera. Caminó hasta el punto más alejado del cuarto, se quitó el colgante y se sentó en el suelo. La piedra del colgante dejó de brillar y el hombre comenzó a susurrar las palabras de un hechizo. Al terminar el discurso mágico sacó un cuchillo de entre sus ropajes y extendió su brazo izquierdo. La magia tiene un precio: energía, alma o el más poderoso, la sangre. Clavó el cuchillo a la altura de la muñeca y descendió hasta llegar a la parte interior del codo. Con la herida recién abierta tomó el cuchillo con su mano izquierda y realizó el mismo corte en su brazo derecho. El precio. Extendió ambos brazos, cerró los ojos y esperó. De los cortes empezó a emanar algo rojo pero no era sangre como debería. Eran lenguas de fuego. Poco a poco se derramaban desde el brazo y besaban con su calor el cuerpo del hechicero. En unos minutos las llamas estaban consumiéndolo.

El fuego terminó apagándose y dejó una crisálida negra. No pasaron cinco minutos cuando una mano emergió atravesando la carcasa azabache. Y tras la mano el resto del individuo. Era el hechicero renacido cual Ave Fénix. Más joven, más atlético y con todo el conocimiento acumulado en todos sus años de vida. Contempló su cuerpo desnudo y joven de nuevo. Buscó un reflejó donde reencontrarse con su yo del pasado. Tras mirarse, se vistió y se dirigió a la lápida en el exterior. Leyó el texto.

Anya
"Prende la llama del mañana"

Volvió a pensar en aquel día donde la perdió. Donde los cazamagia buscaban a dos imbuidos en magia. Ella estaba embarazada y había creado el colgante con la piedra protectora. Cuando los cazamagia llegaron se sacrificó ella y la criatura que esperaban para protegerlo a él. Para proteger el futuro de la magia. Aquellas palabras escritas en su lápida fueron las últimas que le dijo en sus últimos instantes. Durante años la culpa del superviviente le ahogó y solo pudieron rescatarle el nuevo propósito que le dio en su despedida. Debía honrarla con la misma pasión con la que se amaron. Removió un poco la tierra de la lápida y sacó una piedra con un brillo dorado. Enterró el colgante que le había legado. Deseó que la protección que le había proporcionado ahora estuviese con ella. Se alejó caminando a una distancia prudencial de la casa y susurró unas nuevas palabras mágicas. Lanzó con todas sus fuerzas la piedra dorada contra el suelo en el momento que terminaba la realización del hechizo. Un brillo dorado iluminó la escena. Un dragón dorado estaba en el lugar del impacto. El hechicero no parecía asustado ante una criatura tan majestuosa y peligrosa. Se acercó posando una de sus manos en el costado.

-Aurican, amigo. - El dragón notó la presencia del humano y lo miró primero con recelo y luego con sorpresa. - Cuanto tiempo.

-Y no has cambiado nada hechicero. Huelo la magia que te da este aspecto a tu alrededor y si me traes del plano astral es que algo tramas. - El dragón hablaba con la templanza de encontrarse con un viejo amigo y con la cautela de aquel que sabe que está por ocurrir algo peligroso. - ¿Qué necesitas de este dragón después de tantos años humanos?

-Ya sabes lo que pasó con la magia en el pasado. - El hechicero se acercó a la cara del dragón y posó su mano y su frente contra las fauces de la criatura mágica. Susurró unas palabras y un brillo apareció en la frente del animal. - Ahora sabes lo mismo que yo. Y sabes los motivos por los que te reclamo.

-¿Estás seguro? Sé que el hechizo de renacimiento termina con tu vida pero podrías encontrar la paz en el poco tiempo que te queda. Podríamos volar hasta el final.

-Sabes cual es mi objetivo. Esto. El legado de Anya. Es más importante que esta vida. Las llamas del renacimiento arden dentro de mi dándome fuerza hasta que me consuman. Tenemos que volar por última vez juntos.

-Si ese es tu deseo...

El dragón convocó con magia una montura para el hechicero que se subió. El dragón extendió sus alas y ascendió. El hombre empezó con las palabras mágicas. El dragón ya era una figura vertical que atravesaba las nubes. El hechicero no perdía durante un momento la concentración ni cuando llegaron por encima de las nubes. El dragón lo miró queriendo que su amigo se echara atrás en este último momento. Se encontró con la determinación como respuesta. El dragón lanzó al humano en el aire y se tiró en picado. El hechicero se dejó caer de espaldas mientras continuaba el hechizo de manera verbal. La bestia alada atravesó las nubes en dirección contraria a la vez anterior y abriendo sus fauces creó un círculo de fuego en el aire. Se mantuvo volando a unos metros de distancia. Su amigo terminó de hablar y atravesó las nubes. Caía en dirección al interior del círculo de fuego. El dragón contempló con asombro como antes de alcanzar el fuego su amigo sonrió. Y un brillo de multicolor iluminó todo el cielo. Un brillo que alcanzó el cielo de los 11 reinos. Aquel hechicero se transformó en miles de brillos de colores que se desplazaban como luciérnagas en la noche. El dragón siguió alguno de esos brillos y pudo ver como llegaban a niños y niñas a lo largo de todo el territorio de los 11 reinos. Cada uno de esos brillos era conocimiento y capacidad mágica. El hechicero con su último aliento le concedió el don de la magia a tantos infantes como pudo. La magia estaba viviendo un nuevo amanecer.



Varios años después un joven de edad indeterminada estaba en el jardín de la casa agradeciendo a las dos lápidas que se encontraban allí el retorno de la magia. Los nuevos hechiceros habían creado escuelas a lo largo del mundo y las grandes familias reales tuvieron que aceptar el retorno de la magia cuando algunos herederos al trono mostraron capacidades mágicas. Algunos seres mágicos visitaban el mundo desde el plano astral para convivir con los nuevos hechiceros. El joven secó sus mejillas con la mano y dedicó una última mirada al lugar de descanso de sus amigos con sus ojos dorados. Escupió una llamarada de fuego que lo cubrió entero hasta hacerlo desaparecer. Y las dos lápidas descansaron juntas.

Anya
"Prende la llama del mañana"


Robb
"Último y primer hechicero de este mundo"


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