jueves, 23 de julio de 2026

Corazón de cristal

                             De tanto en cuanto Lucas decide que es un buen momento para sacarme de la ciudad y que caminemos juntos por la naturaleza. No suele equivocarse cuando su sentido de amigo le indica que es el momento de conversar durante un paseo bucólico y en esta ocasión volvía a estar en lo cierto. Los síntomas eran evidentes. Me alejaba de las personas de mi entorno, rechazaba cualquier propuesta de plan y cuando aparecía permanecía en silencio. Algo se estaba cociendo. En aquella caminata bucólica necesitaba abrir la caja de Pandora de mis pensamientos. Lucas hablaba de su trabajo mientras yo por dentro ordenaba mis ideas. Llegamos a un punto donde había unas cuantas piedras bajo la sombra de unos árboles. Se sentó y sacó una bolsa de pipas. Me ofreció pero las rechacé. Me miró con la paciencia de un padre con sus hijos. 


-¿Me vas a decir qué te pasa?

-Tengo el corazón roto.

-Tío, hoy no me puedes volver a hablar de Bea. -Escuchar su nombre hizo que mi estómago hiciera volteretas dentro de mi.- No te voy a decir que la superes o no, eso es tu decisión. Pero no podemos seguir hablando siempre de lo mismo.

-No es sobre ella. Hablo de mi corazón, el de verdad. Todos estos meses que me mareaba o que "estaba raro" no es solo esta eterna melancolía. Mi médico me dice que me funciona mal. Que el ritmo no es el correcto y que me tienen que hacer más pruebas pero que podría dejar de funcionar en cualquier momento. 

-¿Y qué te dicen?

-No lo tienen muy claro y por eso tampoco quieren dar el paso de hacer nada mientras no me hagan más pruebas pero el riesgo de fallo fatal está ahí.

-Tío... -Se levantó y me abrazó. Yo agradecí el gesto pero podía sentir en mi pecho el malestar de estar hablando del tema.- Lo siento.

-No es culpa tuya, en realidad no es culpa de nadie. Pero el miedo a hacer un esfuerzo y quedarme en el sitio me está paralizando. 


En aquel momento Lucas empezó a hablar pero no podía entender sus palabras. El ruido de mi pecho estaba siendo ensordecedor y me quedé helado. Notaba el sudor bajando a legiones por mis brazos y mi espalda. Lucas no parecía notar nada raro en mi pero yo cada vez lo miraba más borroso. Cerré los ojos con todas mis fuerzas durante unos segundos para ver si recuperaba la visión. En cuanto los abrí estaba rodeado de espejos. No había rastro ni de mi amigo ni del lugar en el que estábamos. Miré a mi alrededor y hasta donde me alcanzaba la mirada solo había espejos. Fijé la mirada en uno de ellos y mi reflejo era extraño. Sin camiseta tenía una herida abierta en el centro del pecho y estaba vacío el lugar donde tendría que encontrarse mi corazón. El ruido de los latidos aun así no cesaban. Miré mi pecho y tenía todavía la camiseta puesta. Notaba el sudor que me bajaba por todo el torso. Aunque estaba un poco pegada la camiseta a mi cuerpo la levanté para ver mi pecho. En donde mi reflejo tenía la herida abierta se encontraba un ojo que lloraba sangre. El ojo me miró y yo me caí de culo. Miré a los otros espejos y en todos la herida estaba abierta y no tenía corazón. Me tapé con la camiseta de nuevo. Me encogí en un ovillo con las manos cubriendo mi cabeza que casi se metía entre mis piernas. El corazón incrementó el ritmo del ruido de sus latidos. En algún momento creo que grité pero no me podía escuchar a mi mismo. El sonido se volvía más fuerte y más rápido. Escuché el sonido de multitud de cristales rompiéndose y supuse que eran los espejos. Abrí los ojos. Lucas me miraba preocupado. Estaba empapado en sudor. Me dijo que mi cara se puso pálida y que me quedé mirando al vacío. Le calmé diciendo que fue un pequeño ataque de ansiedad. Nos levantamos y decidimos volver al coche de Lucas para volver a casa. Intentaba calmarme diciendo que todo iba a salir bien. Miré para atrás al lugar donde empezó la conversación. Durante un segundo me pareció ver un espejo roto. El ruido de mi pecho se había instalado en mi cabeza.