Querida chica del viernes diez de febrero,
La nostalgia y la culpa me obligan a escribirte. Desde la mayor de las sinceridades, no recuerdo tu nombre, creo que empezaba por "A", pero no quiero meter más la pata bautizándote de nuevo. Empiezo con mal pie pero tengo que reconocer que gran parte de la culpa la tiene el alcohol, soy un hombre de la bebida. Normalmente soy una persona con la que se puede hablar y con una gran capacidad de memoria pero el alcohol me transforma en algo que no entiendo como pudiste sorportar. La bebida me vuelve inseguro e olvidadizo, me hace pensar que el mundo es una gran masa de odio y depresión y que me tengo que alejar del mismo y de quien lo conforma para no caer en esa enferma confusión que creo que tiene corrompida a todas las personas. Me gustaría recordar tu nombre, no lo dudes; pero la verdad es que esta continua huída ha conseguido que no sea capaz de recordar nombres y que ni haya sido capaz de conseguir algún medio por el que volver a encontrarme contigo. Has estado con un ser vivo patetico en aquella fría noche de febrero.
No encuentro algún motivo coherente para que volvieras querer encontrarte con el hombre que ni siquiera es capaz de decir tu nombre, pero yo tengo montones para volver a por ti. Prometo que esta vez no habrá ni cerveza ni whisky de por medio. Tengo ganas de volver a ver tus ojos azules, de ellos si que me acuerdo, eran magníficos, profundos como la visión del mar desde la orilla, grandes y expresivos; recuerdo que la mitad de nuestra conversación de aquella noche provenía de tu mirada. Tu perfume era embriagador, olías a primavera o a lo que yo pienso que debería oler esta estación. De tu físico tengo pequeñas fotografías mentales, un cabello liso y que en algún momento recuerdo haber dicho que quería acariciar; tus manos pequeñas y delicadas, suaves y con las uñas sin pintar; tus mejillas sonrojadas, pensé que era de la bebida pero me dijiste que era por mi, lo tomé como un cumplido como el único en mucho tiempo y por último tus piernas, vestías pantalones vaqueros ceñidos y daba la impresión de que la prenda engañaba sobre la forma y el grado de estilización de tus piernas, pero en mi menté las dibujé hermosas, predispuestas a ser acariciadas y besadas como forma de rendirle pleitesía a tu belleza. Me hablaste de que había un hombre en tu vida, pero tu forma de hablar y tu mirada me mostraron que está en el umbral de la puerta de salida. Recuerdo una canción con la que te pusiste a bailar, no el nombre ni la letra pero si el ritmo de tus caderas y la calidez de tus manos cuando tomaron las mias. Recuerdo pocas de tus palabras pero si cada uno de los mensajes que interpreté en ellas.
La idea de volver a verte me atrae, la idea de volver a ser un naúfrago por voluntad propia en aquella conversación. Me gustaría saber de ti proximamente, me despido deseando que este escrito te llegue dentro de la botella de la discordia que hizo que tu nombre desapareciera de mis archivos mentales cuando la lance al mar.
Sin encontrar palabras que te puedan describir mejor que tu nombre perdido. Hasta siempre.
domingo, 11 de marzo de 2012
domingo, 4 de marzo de 2012
Febrero se nos hizo largo
Pasar página es una situación que cualquiera tiene que llegar a vivir y que siempre se replantea muy dura o a los ojos del derrotista, imposible. Esta expresión se utiliza en numerosas ocasiones para diversos tipos de sucesos; ya sean amorosos, laborales o de relaciones sociales el término "pasar página" acabará apareciendo. ¿Qué es realmente pasar página? Como para todo, cada uno tendrá su opinión:
Pasar página es ante todo vivir más y pensar menos, es aprender, es abandonar sin olvidar que tarde o temprano te puedes volver a topar en el mismo punto y debes saber como hacerlo mejor, es luchar y es algo natural. La vida te pondrá obstáculos, te hará llevar lastres y llegará el día en el que tendrás que romper con el pasado o liberarte de lo que te oprime. Llora, grita y lamétate todo lo que sea necesario; nadie debería judgarnos por ello. Nunca vivas del pasado y tampoco intentes alimentar tu alma con el futuro, avanza con el paso firme y seguro que te han dado las páginas escritas en el libro de tu vida pero con la cautela de la lógica. No destinifiques las casualidades y no menosprecies el poder de la casualidad. Pasa página.
Esto lo escribo para un lector imaginario, para mi mismo o para quien haya ya pasado página. Lo escribo para un febrero que nunca existió y para un libro que nunca escribimos.
Pasar página es ante todo vivir más y pensar menos, es aprender, es abandonar sin olvidar que tarde o temprano te puedes volver a topar en el mismo punto y debes saber como hacerlo mejor, es luchar y es algo natural. La vida te pondrá obstáculos, te hará llevar lastres y llegará el día en el que tendrás que romper con el pasado o liberarte de lo que te oprime. Llora, grita y lamétate todo lo que sea necesario; nadie debería judgarnos por ello. Nunca vivas del pasado y tampoco intentes alimentar tu alma con el futuro, avanza con el paso firme y seguro que te han dado las páginas escritas en el libro de tu vida pero con la cautela de la lógica. No destinifiques las casualidades y no menosprecies el poder de la casualidad. Pasa página.
Esto lo escribo para un lector imaginario, para mi mismo o para quien haya ya pasado página. Lo escribo para un febrero que nunca existió y para un libro que nunca escribimos.
martes, 28 de febrero de 2012
Mi castillo, mi cárcel
En ocasiones, pienso en ella. Suele ser en domingos o festivos, pero no necesariamente en estos días ocurre; esta situación aparece en esos días en los que la gente está ocupada o inhabilitada y la soledad de cuatro paredes semejan mejor que una resacosa o simplemente una mala compañía. Pienso en ella, no con nostalgia, tampoco con odio. Me tumbo en mi cama, en silencio, mirando al techo y pienso en ella. ¿Qué tal estará? ¿Qué estará haciendo ella? ¿Estará en una cama? ¿Pensará en mi?
Pienso en que nunca volverá a mi cama, pienso sobre el sabor de su piel, el antojo de nacimiento en su muslo izquierdo, pienso en la forma que tenía de mirarme, en la primera erección que me produjo, pienso en sus labios, pienso en la manera que se fue de mi vida, en la curva de su cadera con su cintura, pienso en la primera vez que pensé que algo de eso podría ser real, en cuando me di cuenta de lo equivocado que estaba, pienso en su ropa interior en el suelo, en cuando con mis manos se la quitaba lentamente como quien saborea un buen whisky, pienso en como compartimos sonrisas, en como compartimos lágrimas, pienso en el cosquilleo de su vello púbico sobre la palma de mi mano, pienso en el último lugar en el que la vi, pienso en cada una de las palabras que dijo acompañando mi nombre, pienso que estos pensamientos no merecen la pena y sigo pensando en ella. Pienso en el mundo secreto que me abrió poco a poco, en nuestro silencio, pienso en como mordía su nalga, pienso en su cuerpo desnudo, húmedo y salvaje al salir de la ducha; en como me llamaba cariñosamente, pienso en nuestro primer desayuno juntos, en nuestra última cena, pienso en el primer regalo que le hice, pienso en su perfume, pienso en como apretaba mi cabeza entre sus piernas, pienso en la primera foto que nos hicimos juntos, pienso en sus celos, en mi indiferencia, pienso que nunca tuvimos una canción, pienso en ella.
A veces pienso en ella. Normalmente todo acaba como empieza, me levanto de la cama y me masturbo, ese es el final feliz de esta historia. No creo que hubiera otro destino para nosotros, no hay opción de que ninguno vuelva a la vida del otro y mucho menos que nos volvamos a amar, ¿eso importa para que piense en ella?
Pienso en que nunca volverá a mi cama, pienso sobre el sabor de su piel, el antojo de nacimiento en su muslo izquierdo, pienso en la forma que tenía de mirarme, en la primera erección que me produjo, pienso en sus labios, pienso en la manera que se fue de mi vida, en la curva de su cadera con su cintura, pienso en la primera vez que pensé que algo de eso podría ser real, en cuando me di cuenta de lo equivocado que estaba, pienso en su ropa interior en el suelo, en cuando con mis manos se la quitaba lentamente como quien saborea un buen whisky, pienso en como compartimos sonrisas, en como compartimos lágrimas, pienso en el cosquilleo de su vello púbico sobre la palma de mi mano, pienso en el último lugar en el que la vi, pienso en cada una de las palabras que dijo acompañando mi nombre, pienso que estos pensamientos no merecen la pena y sigo pensando en ella. Pienso en el mundo secreto que me abrió poco a poco, en nuestro silencio, pienso en como mordía su nalga, pienso en su cuerpo desnudo, húmedo y salvaje al salir de la ducha; en como me llamaba cariñosamente, pienso en nuestro primer desayuno juntos, en nuestra última cena, pienso en el primer regalo que le hice, pienso en su perfume, pienso en como apretaba mi cabeza entre sus piernas, pienso en la primera foto que nos hicimos juntos, pienso en sus celos, en mi indiferencia, pienso que nunca tuvimos una canción, pienso en ella.
A veces pienso en ella. Normalmente todo acaba como empieza, me levanto de la cama y me masturbo, ese es el final feliz de esta historia. No creo que hubiera otro destino para nosotros, no hay opción de que ninguno vuelva a la vida del otro y mucho menos que nos volvamos a amar, ¿eso importa para que piense en ella?
jueves, 9 de febrero de 2012
Algo más que un año (3)
Una sola persona no puede cambiar nada, solamente somos una gota en un infinito océano que es la humanidad. Esa mentalidad es la que me había tenido sumido en una espiral de fracasos durante toda mi vida. Estaba cansado, me desquiciaba ver pasar la vida delante de mis narices y esconder mis manos por miedo. Gran parte de mis problemas actuales se debían a esa actitud a ese pensamiento derrotista. Este comportamiento y mi precaria salud me habían llevado a donde estaba con Ángela, lo había hecho mal. Rendirse ya no era una opción, tenía claro que es lo que había aprendido durante este año y especialmente lo que tenía que hacer. No estaba seguro de que fuera lo correcto, los hechos, las palabras estaban ahí, pero mi cabeza y algo que va más allá de esta me pedía que hiciera lo que debía hacer. Era consciente de que no debía equivocarme, que cuando llegara el momento podría acobardarme, que mis palabras no podrían llegar a ser entendidas por mis nervios... Tenía que preveer todos los posibles errores, la solución estaba clara. Iba a escribir, Ángela ya había recibido muchos escritos mios durante todo este tiempo, pero este tenía que ser el escrito que lo cambiase todo, el escrito que marcara un antes y un después, tomé un buen fajo de folios y me puse delante de mi máquina de escribir.
Cuando terminé, estaba exhausto. Tomé lo escrito y bien doblado lo metí en un sobre, estaba contento con los resultados. Tardé varios días en escribir pero no creo que pudiera expresar mejor todo lo que quise plasmar. Miré el escrito, lo leí dos o tres veces y finalmente me decidí. Salí de casa victorioso como si hubiera algo que celebrar, volvería con un peso menos encima y con la incertidumbre del qué pasará. Cuando llegué al portal de Ángela tuve la suerte de que la puerta de la entrada estaba abierta, entré y busqué su buzón, introduje la carta y salí sigilosamente como si acabara de cometer un delito. En aquel buzón dejé todo lo que se podía dejar, ahí dentro se encontraba parte de mi, de mi mente, de mis conocimientos y sentimientos. En cuanto sus ojos se posaran sobre aquel escrito todo cambiaría. El final habría comenzado en cuanto comenzara lenyendo...
El único por qué a esta carta es la honestidad. Una honestidad que si hubieramos tenido no estaríamos como estamos. Si fuéramos capaces de haber dicho todo lo que tuvimos que habernos dicho las cosas habrían sido diferentes. Somos dos críos que se creyeron capaces de vivir como adultos. Ahora las cosas han cambiado entre nosotros, en muchos casos para mal.
La última vez que nos vimos se decidió que nuestros caminos se separaban, no entiendo como pude pensar por un instante que eso podría ser lo correcto. ¿Huir de la realidad es una solución? Eso es lo que nos ha llevado al punto donde nos encontramos, al punto en el que solo podemos ser felices el uno con el otro mintiéndonos, haciéndonos daño. Es ilógico pensar que de alguna manera esto puede ser para bien.
Ahora mismo por tu mente estará pasando la frase "Ahora es demasiado tarde", lo entiendo. Saber darse por vencido es una virtud, pero tener la fuerza y las ganas de luchar por lo que uno quiere de verdad es algo más importante. Durante mucho tiempo sé que quisiste más de mi, pero yo era un cascarón vacío que solamente sentía dolor, un terrible dolor al que no te quise arrastrar, ahora lo que necesitas es que yo vuelva a ser ese cascarón vacío que no tuvo el valor de tomarte de la mano y decirte lo importante que eres para mi, pero ahora ya extendí mi mano hacia ti y sé exactamente lo que tengo que decir. Todo esto se resume en cómo quiero que sea mi vida y la forma de solucionar o enmendar los errores de la misma. Cuando yo estaba mal fuiste la inspiración para querer ser mejor persona, ahora que estoy bien te quiero a mi lado pero unicamente mejoraré por mi mismo, pero comprendí lo importante que eres para mi.
Tú ya tienes tu vida que parece encaminada y yo empiezo a colocar los cimientos de la mia y podría parecer injusto pedirte nada; cuando nos conocimos, ¿acaso cada uno no tenía su vida? ¿Acaso esta vida no se trata de personas que se meten en la vida de otras personas, se equivocan y comienzan de cero hasta encontrar a la persona correcta? Si en tu fuero interno no pensaras que yo soy esa persona habrías dejado de leer esto hace mucho tiempo. Estoy completamente seguro que una pequeña parte de ti se está alegrando por las palabras que está leyendo, que en el fondo deseabas que llegara este momento, quizás no ahora; pero que llegara.
Por mi parte, ya sabes lo que hay, soy lo que has conocido y millones de cosas que te faltan por conocer. Soy esas palabras que te sacan tu mejor sonrisa tras el llanto, soy ese abrazo que me hace querer vivir, esas palabras de ánimo que alegran tu mañana y la refrescan como el rocío, un adiós que quiere ser un hasta mañana y el deseo de unas palabras que han causado estragos en nosotros al convertirse en silencio. En ti encontré la tranquilidad que tanto anhelaba, la ilusión que me hizo rejuvenecer, el cariño que nunca tuve y el concepto de felicidad escrito en tus ojos verdes. No tengo la fórmula perfecta para que esto funcione, por el contrario; tengo las ganas y la predisposición para que lo haga.
Llegados a este punto te pareceré un idiota sin solución o un adorable a la par que tardón hombre. No soy ninguna de esas cosas, soy el hombre que ha llorado tu ausencia durante muchas noches, que ha querido anteponer su felicidad a tu bienestar y que en todo momento ha deseado que nuestros labios se volvieran a juntar bajo la lluvia. El daño está hecho y ya no puede ser, esto es una declaración de lo que siempre quise decirte y también la despedida que te mereces. La última vez que nos vimos me deseaste lo mejor, yo te dije que escribiría sobre ti algún día. No me veo capaz de escribir sin desmerecer cada momento a solas, cada mirada cómplice, cada silencio y cada beso. Yo quiero pedirte que te acuerdes de mi, que recuerdes que por un momento fuimos uno y que la felicidad que me diste era real. Abraza la vida y cada momento; no especules y lánzate por lo que quieres, no cometas el mismo error que yo tuve contigo; no dejes que los sueños sean sólo sueños y recuerda que después de cada lágrima siempre aparece tu bonita sonrisa.
Me habría gustado un último beso bajo la lluvia, gracias por haber formado parte de mi vida.
Cada palabra estaba grabada en mi memoria. Podría haber escrito más, podría no haber puesto la despedida, podría... Empieza a llover, parece cosa del destino. Me meto en un portal, como siempre salgo de casa sin paraguas. Como empieza a llover muy fuerte me resguardo en un portal, estoy a mitad del largo camino andando hasta mi casa. Sigo pensando en todo lo que escribí, ¿tendré respuesta? ¿Para qué la quería? Estaba decidido a continuar mi vida a seguir adelante, había tantas ilusiones puestas en el futuro. Mientras mis ideas flotan por el limbo de mi psique una chica sin paraguas y más o menos de mi edad se resguarda en el mismo portal que yo, ambos nos miramos y nos sonreímos cómplices del mismo despiste.
-En esta ciudad deberíamos nacer con un paraguas bajo el brazo.
-¿Qué?
-Digo que veo que no soy el único osado que sale de casa sin paraguas.
-Por la mañana hacía buen tiempo.
-Otra cosa en la que coincidimos.
-¿Y cómo no conozco el nombre del que parece ser mi alma gemela?
-Puedes llamarme Rober. Pero lo realmente importante parece ser que tengo una alma gemela anónima y cuya existencia desconocia.
-Diana, encantada.
-Esta lluvia parece que va para rato, conozco un bar aquí cerca, nos mojaremos un poco pero... ¿te apetecería tomar algo mientras?
-Me parece bien.
-Vamos.
En aquel momento comprendí que no hay nada predistinado, que todo es fruto de la mera casualidad. Los milagros solo ocurren para los que están al pie del cañón luchando por ellos. Aquella lluvia, aquella persona y aquel portal no estaban escritos en ningún lado, ¿destino? Si el destino existiera no valdría la pena levantarse cada mañana y seguir luchando.
Cuando terminé, estaba exhausto. Tomé lo escrito y bien doblado lo metí en un sobre, estaba contento con los resultados. Tardé varios días en escribir pero no creo que pudiera expresar mejor todo lo que quise plasmar. Miré el escrito, lo leí dos o tres veces y finalmente me decidí. Salí de casa victorioso como si hubiera algo que celebrar, volvería con un peso menos encima y con la incertidumbre del qué pasará. Cuando llegué al portal de Ángela tuve la suerte de que la puerta de la entrada estaba abierta, entré y busqué su buzón, introduje la carta y salí sigilosamente como si acabara de cometer un delito. En aquel buzón dejé todo lo que se podía dejar, ahí dentro se encontraba parte de mi, de mi mente, de mis conocimientos y sentimientos. En cuanto sus ojos se posaran sobre aquel escrito todo cambiaría. El final habría comenzado en cuanto comenzara lenyendo...
El único por qué a esta carta es la honestidad. Una honestidad que si hubieramos tenido no estaríamos como estamos. Si fuéramos capaces de haber dicho todo lo que tuvimos que habernos dicho las cosas habrían sido diferentes. Somos dos críos que se creyeron capaces de vivir como adultos. Ahora las cosas han cambiado entre nosotros, en muchos casos para mal.
La última vez que nos vimos se decidió que nuestros caminos se separaban, no entiendo como pude pensar por un instante que eso podría ser lo correcto. ¿Huir de la realidad es una solución? Eso es lo que nos ha llevado al punto donde nos encontramos, al punto en el que solo podemos ser felices el uno con el otro mintiéndonos, haciéndonos daño. Es ilógico pensar que de alguna manera esto puede ser para bien.
Ahora mismo por tu mente estará pasando la frase "Ahora es demasiado tarde", lo entiendo. Saber darse por vencido es una virtud, pero tener la fuerza y las ganas de luchar por lo que uno quiere de verdad es algo más importante. Durante mucho tiempo sé que quisiste más de mi, pero yo era un cascarón vacío que solamente sentía dolor, un terrible dolor al que no te quise arrastrar, ahora lo que necesitas es que yo vuelva a ser ese cascarón vacío que no tuvo el valor de tomarte de la mano y decirte lo importante que eres para mi, pero ahora ya extendí mi mano hacia ti y sé exactamente lo que tengo que decir. Todo esto se resume en cómo quiero que sea mi vida y la forma de solucionar o enmendar los errores de la misma. Cuando yo estaba mal fuiste la inspiración para querer ser mejor persona, ahora que estoy bien te quiero a mi lado pero unicamente mejoraré por mi mismo, pero comprendí lo importante que eres para mi.
Tú ya tienes tu vida que parece encaminada y yo empiezo a colocar los cimientos de la mia y podría parecer injusto pedirte nada; cuando nos conocimos, ¿acaso cada uno no tenía su vida? ¿Acaso esta vida no se trata de personas que se meten en la vida de otras personas, se equivocan y comienzan de cero hasta encontrar a la persona correcta? Si en tu fuero interno no pensaras que yo soy esa persona habrías dejado de leer esto hace mucho tiempo. Estoy completamente seguro que una pequeña parte de ti se está alegrando por las palabras que está leyendo, que en el fondo deseabas que llegara este momento, quizás no ahora; pero que llegara.
Por mi parte, ya sabes lo que hay, soy lo que has conocido y millones de cosas que te faltan por conocer. Soy esas palabras que te sacan tu mejor sonrisa tras el llanto, soy ese abrazo que me hace querer vivir, esas palabras de ánimo que alegran tu mañana y la refrescan como el rocío, un adiós que quiere ser un hasta mañana y el deseo de unas palabras que han causado estragos en nosotros al convertirse en silencio. En ti encontré la tranquilidad que tanto anhelaba, la ilusión que me hizo rejuvenecer, el cariño que nunca tuve y el concepto de felicidad escrito en tus ojos verdes. No tengo la fórmula perfecta para que esto funcione, por el contrario; tengo las ganas y la predisposición para que lo haga.
Llegados a este punto te pareceré un idiota sin solución o un adorable a la par que tardón hombre. No soy ninguna de esas cosas, soy el hombre que ha llorado tu ausencia durante muchas noches, que ha querido anteponer su felicidad a tu bienestar y que en todo momento ha deseado que nuestros labios se volvieran a juntar bajo la lluvia. El daño está hecho y ya no puede ser, esto es una declaración de lo que siempre quise decirte y también la despedida que te mereces. La última vez que nos vimos me deseaste lo mejor, yo te dije que escribiría sobre ti algún día. No me veo capaz de escribir sin desmerecer cada momento a solas, cada mirada cómplice, cada silencio y cada beso. Yo quiero pedirte que te acuerdes de mi, que recuerdes que por un momento fuimos uno y que la felicidad que me diste era real. Abraza la vida y cada momento; no especules y lánzate por lo que quieres, no cometas el mismo error que yo tuve contigo; no dejes que los sueños sean sólo sueños y recuerda que después de cada lágrima siempre aparece tu bonita sonrisa.
Me habría gustado un último beso bajo la lluvia, gracias por haber formado parte de mi vida.
Cada palabra estaba grabada en mi memoria. Podría haber escrito más, podría no haber puesto la despedida, podría... Empieza a llover, parece cosa del destino. Me meto en un portal, como siempre salgo de casa sin paraguas. Como empieza a llover muy fuerte me resguardo en un portal, estoy a mitad del largo camino andando hasta mi casa. Sigo pensando en todo lo que escribí, ¿tendré respuesta? ¿Para qué la quería? Estaba decidido a continuar mi vida a seguir adelante, había tantas ilusiones puestas en el futuro. Mientras mis ideas flotan por el limbo de mi psique una chica sin paraguas y más o menos de mi edad se resguarda en el mismo portal que yo, ambos nos miramos y nos sonreímos cómplices del mismo despiste.
-En esta ciudad deberíamos nacer con un paraguas bajo el brazo.
-¿Qué?
-Digo que veo que no soy el único osado que sale de casa sin paraguas.
-Por la mañana hacía buen tiempo.
-Otra cosa en la que coincidimos.
-¿Y cómo no conozco el nombre del que parece ser mi alma gemela?
-Puedes llamarme Rober. Pero lo realmente importante parece ser que tengo una alma gemela anónima y cuya existencia desconocia.
-Diana, encantada.
-Esta lluvia parece que va para rato, conozco un bar aquí cerca, nos mojaremos un poco pero... ¿te apetecería tomar algo mientras?
-Me parece bien.
-Vamos.
En aquel momento comprendí que no hay nada predistinado, que todo es fruto de la mera casualidad. Los milagros solo ocurren para los que están al pie del cañón luchando por ellos. Aquella lluvia, aquella persona y aquel portal no estaban escritos en ningún lado, ¿destino? Si el destino existiera no valdría la pena levantarse cada mañana y seguir luchando.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Algo más que un año (2)
Aquella noche, aquel beso lo cambió todo. Ángela seguía siendo la misma y yo tambien pero la situación había cambiado para ambos. Nos mirábamos el uno al otro en ese portal mientras la lluvia no cesaba sin comprender qué estábamos haciendo, pero su sonrisa indicaba que posiblemente era lo correcto o lo que ambos deseábamos en ese instante. ¿Era lo correcto? ¿Fui débil después de todo lo que había pasado? Mi cabeza era una legión de herreros que martilleaban incesantes dudas, pero tenía que sobreponerme a todo esto, ¿acaso no deseaba en mi fuero interno esto? Le estaba buscando complicaciones a algo que estaba arrancando, tenía que frenar mi mente, tenía que dejarme llevar por el embrujo de los besos. Estábamos cerca de su casa y decidimos correr hasta su portal agarrados de la mano mientras la lluvia nos volvía a calar la ropa. Al llegar, Ángela me instó a llamar a María, quería contarle lo que acababa de suceder y así hice. María un poco en tono de broma nos felicitó, ¿felicitar por qué? No entendría mucho, pero sabía que todo estaba cambiando muy rápido. Antes de sumergirme más en esa idea continuamos con los besos más resguardados en su portal. Sentía como si cada beso fuera el primero y el último al mismo tiempo. La electricidad de nuestros cuerpos cortocircuitaba nuestros sentidos cada vez que nuestras dos almas chocaban a través de los labios, nuestras manos como si acabaran de recuperar el sentido del tacto tras haber estado entumecidas por el frío disfrutaban de cada porción del cuerpo del otro. Así se nos pasaron las horas y sin darnos cuenta el día y la lluvia se fueron. Era muy tarde y se tenía que ir a dormir, con un último beso nos despedimos y me fui para mi casa sorteando charcos, algunas calles estaban inundadas, era impactante esta cantidad de lluvia en los últimos coletazos de verano. ¿Qué estaba pasando? Por un momento volví a ser el que era horas antes: ese saco de inseguridades y nerviosismo. ¿Qué debía hacer?
Me desperté al día siguiente agotado, apenas pude dormir. Volvía todo a la normalidad pero nada era normal. Marcos se había enterado de la noticia y ya me había mandado un mensaje de felicitación cachondeándose un poco de mi. Yo me sentía más inquieto de lo que ya estaba normalmente, fui a vomitar al baño y me duché. Esa tarde quedé con unos amigos para tomar algo y a mitad de la misma me encontré con María y Ángela, decídimos quedar más tarde y así lo hicimos. Todo parecía marchar bien, Ángela me aportaba tranquilidad y mientras mi cabeza se volvía loca y mi cuerpo se embarcaba en un viaje por el continuo dolor, mis momentos a su lado eran un alivio. Cada una de sus caricias, sus miradas y sus palabras me hacían creer que había posibilidades para un pobre diablo como yo, que mis tormentos se podrían pasar si ella les ordenaba marcharse. Ella creía que podía ser mejor persona, yo quería ser mejor persona. Estaba totalmente hundido y cansado de fingir que no lo estaba, pero a su lado era como adentrarse en otro universo donde no había nada más, donde no tenía que fingir porque realmente estaba cómodo. Ángela convertía cosas tan sencillas como un paseo, una película o simplemente estar sentados juntos en algo rejuvenecedor. Ahí comprendí que era lo que no marchaba bien, ¿estaba obteniendo más de lo que le estaba dando? ¿Estaba siendo injusto con ella? Yo no soy así, estoy seguro de no ser así, ella realmente me gusta, había llegado al punto de que me gusta... Esto tenía que ser más sencillo o me volvería loco.
Marcos y María sugirieron irnos un par de días de viaje, Ángela aceptó de inmediato, yo era más reticente. Mis capacidades económicas no eran demasiado importantes como para afrontar unos días fuera de casa pero necesitaba desconectar, finalmente acepté. Y con muchas ilusiones nos fuimos de viaje, una habitación con dos camas de matrimonio, una para Marcos y María y la otra para la pareja novata formada por Ángela y yo. El cuarto era sencillo, pero era lo menos importante, después de cerciorarme de la higiene básica en los cuartos de baño pudimos salir a visitar la ciudad. Entre fotos, edificios antiguos e intentar descrifrar el mapa se nos pasó el primer día y nos metimos en cama pronto. A la mañana siguiente me desperté con mucho dolor y disimuladamente me metí en el baño a vomitar para posteriormente ducharme. Me sentía enfermo, me sentía de la misma manera que siempre e intentaba disimular el dolor que recorría mi cuerpo y las nauseas que tenía. A pesar de mi estado físico y anímico, estaba disfrutando del viaje, los cuatro formábamos un equipo interesante. Ángela estaba en todo momento a mi lado y yo al suyo. Disfrutamos de la gastronomía local, visitamos sitios emblemáticos, el estadio de fútbol de la ciudad. El día antes de marchanos, confabulé con María y Marcos para hacerle una sorpresa a Ángela, dejé una rosa y una carta sobre nuestra cama y ambos volvimos solos al cuarto, su sonrisa al ver el detalle fue el mejor regalo. El viaje fue un total acierto y con esa idea me fui la cama la última noche. Me desperté agoviado, pero quizás era por haber dormido poco pensé, durante el viaje de vuelta tener a Ángela a mi lado me empezaba a incomodar y sentía que era recíproco. Cuando nos despedimos sentí una frialdad por ambas partes preocupante.
Estaba preocupado por todo esto, aquella noche dormí fatal y al igual que durante el viaje mi cuerpo se resentía por el dolor y mis visitas al baño no menguaban. Llamé a María que estaba preparando la maleta para irse unos días con su familia y me dijo que me tranquilizara, que no era nada más que un pequeño escollo, que ambos estábamos genial el uno con el otro y que no deberíamos joderlo por algo así. Tenía razón, ¿en que podía estar pensando? Me tomaría unos días sin estar con Ángela y todo volvería a la normalidad. Acabamos de empezar, es normal que un viaje haya sido demasiado para ambos. Esa noche Ángela me llamó, quería que quedásemos al día siguiente, en ese mismo instante supe que lo nuestro se había acabado, me esperaba otra noche sin dormir.
En la tarde del día siguiente Ángela y yo quedamos a solas. Lo que iba a suceder era obvio y cada segundo me hacía sentir como si estuviera escapando de mi sombra, lo que iba a suceder era inevitable y me sentía terriblemente culpable de la situación. Aquella tarde nos dijimos muchas cosas, había muchas dudas en nuestras palabras, había mucho miedo en nuestros actos, al final sucedió, se terminó. La empecé a acompañar a su casa y a mitad de camino comenzó a llover, como recordando el inicio de esta historia. Me dijo que no hacía falta que la acompañara y nos dimos un último beso. Saboreamos cada instante antes del mismo, nos dijimos todo lo que nos faltó por decir durante el mismo y nos herimos como nunca al terminarlo. La abracé y sentí que me quebraba por dentro, tenía que resistir. La vi marcharse, vi como se giraba un par de veces mientras se alejaba entre la lluvia y finalmente decidí caminar hasta mi casa. Avisé a María y luego a Marcos que me instó a quedar para tomarnos una copa. Aquella noche Marcos y yo bebimos muy poco pero hablamos mucho, yo no entendía nada y en cierto modo una gran parte de mi había sentido lo mismo que había alejado a Ángela de mi.
Durante las siguientes semanas Ángela y yo actuamos como extraños amigos, quedábamos tanto o más que cuando estábamos juntos, hablábamos de como llevar nuestra relación a un punto de comodidad en común, pero solamente cuando estábamos solos encontrábamos la normalidad a los continuos desacuerdos que se comenzaban a formar entre nosotros. ¿Éramos amigos así de golpe? No podía entender nada y mientras esto sucedía mis ánimos y estado físico empeoraban por momentos. Pasaba días en los que apenas podía salir de cama, en los que el dolor era insoportable, donde quise terminar con todo. Ángela intentaba estar para mi, pero ella no podía comprender de ninguna forma como de duro estaba siendo todo, yo no podía mostrar el horror de mi salud a nadie, me avergonzaba no poder controlar mi propio cuerpo. Y todo no hacía más que empeorar, discutíamos, quedábamos y lo "solucionábamos". Había días en los que parecía que íbamos a volver a besarnos, en los que la farsa de la amistad bajaría el telón pero nos acobardábamos, temíamos volver a tener que finiquitar algo que nunca comenzó. Y así seguimos durante meses en una espiral de indecisión que no llevaba a ninguna parte.
Hubo una noche en la que Ángela y María decidieron salir juntas con unas cuantas amigas más, aquella noche supe que la perdería. Salí con un amigo y entre cervezas se lo comentaba mientras entre risas me llamaba paranoico, aquella noche tampoco dormí. Y durante una semana mis miedos se hicieron gigantes, sabía que algo malo iba a pasar. Al fin de semana siguiente salimos María, Ángela y yo. Una noche normal, pero en un momento todo cambió, Ángela se acercó a otra persona y empezó a besarse con él, ¿qué? ¿Qué cojones estaba pasando? Me sentí engañado, me sentí frustrado, me sentí idiota. Mantuve la compostura lo mejor que pude e intenté seguir a mi manera hasta el final. Cuando volvimos aparté a María a un lado y le pedí para charlar sobre el tema. María, en su infinita paciencia volvió a ser mi confidente y consejera, durante horas escuchó mis lamentos y mis dudas, comprendí que lo mio con Ángela empezaba a afectar a otras personas y me asusté más, pero en un acto egoista recordaba la situación vivida esta noche y toda mi frustración volvía a dominar mi ser. Era muy tardé y María tenía que irse, ya me había soportado lo suficiente. De camino para casa sentía que la culpa era mia y antes de que pudiera fragelarme por ello me encontré con Ángela en mi portal, medio dormida esperándome. Entramos y entre lágrimas se disculpó, yo siempre he sido un débil y sentía que no podía enfadarme con ella. Me sentía como una mierda, pero también miraba culpa real por su parte, no podía... ¿Por qué tenía que pasar así? Aquella noche podría haberla hecho mia, pero ella ya no era mia... Realmente nunca fue mia.
Aquel chico pasó de ser un desconocido a frecuentar la compañía de Ángela y mi relación con ella empeoraba por momentos. Pásabamos ratos muy agradables en soledad, pero luego de alguna manera terminaba torciéndose de la peor de las maneras. Se sucedían situaciones que recordaban al primer beso pero escapábamos de ellas lo más rápido posible, ¿y mi salud? Mi salud se había vuelto un gran problema. Mi cuerpo ya no era mio, era un atajo de nervios, inseguridades y dolor que se movía ocasionalmente bajo mi mando. Había empezado un tratamiento, pero avanzaba lentamente y apenas notaba mejorías. Mientras tanto, me sentía estancado en tierra de nadie mientras el mundo avanzaba sin mi. Marcos y María finalmente convirtieron los rumores en realidad al empezar una relación juntos, me alegré por ellos. Pero yo estaba jodido y sentía que Ángela no me había dado la oportunidad que todo había sido tan fugaz. Simplemente tenía que esperar.
Pasó el tiempo y me empezaba a encontrar mejor, estaba terminando el año y me sentía pletórico a pesar de todo. Recuperé las fuerzas que había perdido y decidí hablar directamente con Ángela de todo lo que había pasado, tenía que comprender el error que habíamos cometido, tenía... Aquel día hacía demasiado calor para ser invierno.
-Hola Ángela.
-Hola, ¿de qué quieres hablar?
-Veo que no quieres perder el tiempo...
-No es eso, ¿no hemos hablado bastantes veces ya? Nada hemos solucionado hablando.
-Tienes razón, ¿por qué no le damos una última oportunidad al diálogo?
-Rober, sabes bien que esto no está bien.
-Lo sé, por eso quiero arreglarlo, tendrías que ver lo bien que estoy...
-Me alegro.
-¿Qué tal estás?
-Como siempre, con las clases y esas cosas muy ocupada.
-Entiendo, ¿qué nos ha pasado?
-Ahora ya es tarde, ¿qué solucionamos machacándonos con eso?
-No puedo comprender como parece importarte tan poco.
-Si no me importara, ¿estaría aquí?
-No entiendes nada, sabes que lo que hay entre nosotros no se ha terminado.
-Lo ha hecho, estoy con otra persona, yo soy diferente, estoy enamorada.
-Me cuesta creerlo.
-Ese es tu problema, crees tener siempre la razón y cuando no es así te ries menospreciando a los demás.
-Mi problema es que hemos negado durante demasiado tiempo lo que hay entre nosotros.
-Ya no hay nada más que una amistad.
-¿Amigos? ¡No me jodas! No somos amigos, ¿qué clase de amigos están a punto de besarse en cuanto se quedan solos?
-Eso no es así.
-Es verdad, como no ha sucedido, como alguien en algún momento fue cuerdo y quiso continuar la farsa de la amistad nunca ha sucedido, engañémosnos.
-Sabes como va a terminar esto.
-De la peor forma posible, no quiero que nos hagamos más daño.
-Yo tampoco, pero ahora la situación está así.
-Me iré de tu vida.
-No dejaremos de ser amigos.
-Lo dejaremos, nunca será lo mismo. De todas formas me iré para siempre.
-No sabes lo que vendrá en el futuro.
-Sé lo que quiero ahora, con eso me basta.
-Te deseo lo mejor, de verdad.-Me abrazó y lloré por dentro. ¿Cómo había permitido que esto llegara a este punto? Sus palabras estaban siendo sinceras, esto era horrible.-Intenta ser feliz.
-Muchas gracias por todo Ángela, si algún día soy escritor escribiré sobre ti, no lo dudes. También te deseo lo mejor.
Me marché a mi casa cabizbajo, derrotado, sabiendo que no podía aceptar esto, este no podía ser el final. Aquel día volví a sentir dolor en mi cuerpo y volví a vomitar. Si de verdad existía el destino, si alguien estaba manejando todo y el libre albedrío era una ilusión, se debería estar regodeando con mi desgracia. Me tenía que anteponer a esa mierda, lo iba a hacer si. Espérame.
Me desperté al día siguiente agotado, apenas pude dormir. Volvía todo a la normalidad pero nada era normal. Marcos se había enterado de la noticia y ya me había mandado un mensaje de felicitación cachondeándose un poco de mi. Yo me sentía más inquieto de lo que ya estaba normalmente, fui a vomitar al baño y me duché. Esa tarde quedé con unos amigos para tomar algo y a mitad de la misma me encontré con María y Ángela, decídimos quedar más tarde y así lo hicimos. Todo parecía marchar bien, Ángela me aportaba tranquilidad y mientras mi cabeza se volvía loca y mi cuerpo se embarcaba en un viaje por el continuo dolor, mis momentos a su lado eran un alivio. Cada una de sus caricias, sus miradas y sus palabras me hacían creer que había posibilidades para un pobre diablo como yo, que mis tormentos se podrían pasar si ella les ordenaba marcharse. Ella creía que podía ser mejor persona, yo quería ser mejor persona. Estaba totalmente hundido y cansado de fingir que no lo estaba, pero a su lado era como adentrarse en otro universo donde no había nada más, donde no tenía que fingir porque realmente estaba cómodo. Ángela convertía cosas tan sencillas como un paseo, una película o simplemente estar sentados juntos en algo rejuvenecedor. Ahí comprendí que era lo que no marchaba bien, ¿estaba obteniendo más de lo que le estaba dando? ¿Estaba siendo injusto con ella? Yo no soy así, estoy seguro de no ser así, ella realmente me gusta, había llegado al punto de que me gusta... Esto tenía que ser más sencillo o me volvería loco.
Marcos y María sugirieron irnos un par de días de viaje, Ángela aceptó de inmediato, yo era más reticente. Mis capacidades económicas no eran demasiado importantes como para afrontar unos días fuera de casa pero necesitaba desconectar, finalmente acepté. Y con muchas ilusiones nos fuimos de viaje, una habitación con dos camas de matrimonio, una para Marcos y María y la otra para la pareja novata formada por Ángela y yo. El cuarto era sencillo, pero era lo menos importante, después de cerciorarme de la higiene básica en los cuartos de baño pudimos salir a visitar la ciudad. Entre fotos, edificios antiguos e intentar descrifrar el mapa se nos pasó el primer día y nos metimos en cama pronto. A la mañana siguiente me desperté con mucho dolor y disimuladamente me metí en el baño a vomitar para posteriormente ducharme. Me sentía enfermo, me sentía de la misma manera que siempre e intentaba disimular el dolor que recorría mi cuerpo y las nauseas que tenía. A pesar de mi estado físico y anímico, estaba disfrutando del viaje, los cuatro formábamos un equipo interesante. Ángela estaba en todo momento a mi lado y yo al suyo. Disfrutamos de la gastronomía local, visitamos sitios emblemáticos, el estadio de fútbol de la ciudad. El día antes de marchanos, confabulé con María y Marcos para hacerle una sorpresa a Ángela, dejé una rosa y una carta sobre nuestra cama y ambos volvimos solos al cuarto, su sonrisa al ver el detalle fue el mejor regalo. El viaje fue un total acierto y con esa idea me fui la cama la última noche. Me desperté agoviado, pero quizás era por haber dormido poco pensé, durante el viaje de vuelta tener a Ángela a mi lado me empezaba a incomodar y sentía que era recíproco. Cuando nos despedimos sentí una frialdad por ambas partes preocupante.
Estaba preocupado por todo esto, aquella noche dormí fatal y al igual que durante el viaje mi cuerpo se resentía por el dolor y mis visitas al baño no menguaban. Llamé a María que estaba preparando la maleta para irse unos días con su familia y me dijo que me tranquilizara, que no era nada más que un pequeño escollo, que ambos estábamos genial el uno con el otro y que no deberíamos joderlo por algo así. Tenía razón, ¿en que podía estar pensando? Me tomaría unos días sin estar con Ángela y todo volvería a la normalidad. Acabamos de empezar, es normal que un viaje haya sido demasiado para ambos. Esa noche Ángela me llamó, quería que quedásemos al día siguiente, en ese mismo instante supe que lo nuestro se había acabado, me esperaba otra noche sin dormir.
En la tarde del día siguiente Ángela y yo quedamos a solas. Lo que iba a suceder era obvio y cada segundo me hacía sentir como si estuviera escapando de mi sombra, lo que iba a suceder era inevitable y me sentía terriblemente culpable de la situación. Aquella tarde nos dijimos muchas cosas, había muchas dudas en nuestras palabras, había mucho miedo en nuestros actos, al final sucedió, se terminó. La empecé a acompañar a su casa y a mitad de camino comenzó a llover, como recordando el inicio de esta historia. Me dijo que no hacía falta que la acompañara y nos dimos un último beso. Saboreamos cada instante antes del mismo, nos dijimos todo lo que nos faltó por decir durante el mismo y nos herimos como nunca al terminarlo. La abracé y sentí que me quebraba por dentro, tenía que resistir. La vi marcharse, vi como se giraba un par de veces mientras se alejaba entre la lluvia y finalmente decidí caminar hasta mi casa. Avisé a María y luego a Marcos que me instó a quedar para tomarnos una copa. Aquella noche Marcos y yo bebimos muy poco pero hablamos mucho, yo no entendía nada y en cierto modo una gran parte de mi había sentido lo mismo que había alejado a Ángela de mi.
Durante las siguientes semanas Ángela y yo actuamos como extraños amigos, quedábamos tanto o más que cuando estábamos juntos, hablábamos de como llevar nuestra relación a un punto de comodidad en común, pero solamente cuando estábamos solos encontrábamos la normalidad a los continuos desacuerdos que se comenzaban a formar entre nosotros. ¿Éramos amigos así de golpe? No podía entender nada y mientras esto sucedía mis ánimos y estado físico empeoraban por momentos. Pasaba días en los que apenas podía salir de cama, en los que el dolor era insoportable, donde quise terminar con todo. Ángela intentaba estar para mi, pero ella no podía comprender de ninguna forma como de duro estaba siendo todo, yo no podía mostrar el horror de mi salud a nadie, me avergonzaba no poder controlar mi propio cuerpo. Y todo no hacía más que empeorar, discutíamos, quedábamos y lo "solucionábamos". Había días en los que parecía que íbamos a volver a besarnos, en los que la farsa de la amistad bajaría el telón pero nos acobardábamos, temíamos volver a tener que finiquitar algo que nunca comenzó. Y así seguimos durante meses en una espiral de indecisión que no llevaba a ninguna parte.
Hubo una noche en la que Ángela y María decidieron salir juntas con unas cuantas amigas más, aquella noche supe que la perdería. Salí con un amigo y entre cervezas se lo comentaba mientras entre risas me llamaba paranoico, aquella noche tampoco dormí. Y durante una semana mis miedos se hicieron gigantes, sabía que algo malo iba a pasar. Al fin de semana siguiente salimos María, Ángela y yo. Una noche normal, pero en un momento todo cambió, Ángela se acercó a otra persona y empezó a besarse con él, ¿qué? ¿Qué cojones estaba pasando? Me sentí engañado, me sentí frustrado, me sentí idiota. Mantuve la compostura lo mejor que pude e intenté seguir a mi manera hasta el final. Cuando volvimos aparté a María a un lado y le pedí para charlar sobre el tema. María, en su infinita paciencia volvió a ser mi confidente y consejera, durante horas escuchó mis lamentos y mis dudas, comprendí que lo mio con Ángela empezaba a afectar a otras personas y me asusté más, pero en un acto egoista recordaba la situación vivida esta noche y toda mi frustración volvía a dominar mi ser. Era muy tardé y María tenía que irse, ya me había soportado lo suficiente. De camino para casa sentía que la culpa era mia y antes de que pudiera fragelarme por ello me encontré con Ángela en mi portal, medio dormida esperándome. Entramos y entre lágrimas se disculpó, yo siempre he sido un débil y sentía que no podía enfadarme con ella. Me sentía como una mierda, pero también miraba culpa real por su parte, no podía... ¿Por qué tenía que pasar así? Aquella noche podría haberla hecho mia, pero ella ya no era mia... Realmente nunca fue mia.
Aquel chico pasó de ser un desconocido a frecuentar la compañía de Ángela y mi relación con ella empeoraba por momentos. Pásabamos ratos muy agradables en soledad, pero luego de alguna manera terminaba torciéndose de la peor de las maneras. Se sucedían situaciones que recordaban al primer beso pero escapábamos de ellas lo más rápido posible, ¿y mi salud? Mi salud se había vuelto un gran problema. Mi cuerpo ya no era mio, era un atajo de nervios, inseguridades y dolor que se movía ocasionalmente bajo mi mando. Había empezado un tratamiento, pero avanzaba lentamente y apenas notaba mejorías. Mientras tanto, me sentía estancado en tierra de nadie mientras el mundo avanzaba sin mi. Marcos y María finalmente convirtieron los rumores en realidad al empezar una relación juntos, me alegré por ellos. Pero yo estaba jodido y sentía que Ángela no me había dado la oportunidad que todo había sido tan fugaz. Simplemente tenía que esperar.
Pasó el tiempo y me empezaba a encontrar mejor, estaba terminando el año y me sentía pletórico a pesar de todo. Recuperé las fuerzas que había perdido y decidí hablar directamente con Ángela de todo lo que había pasado, tenía que comprender el error que habíamos cometido, tenía... Aquel día hacía demasiado calor para ser invierno.
-Hola Ángela.
-Hola, ¿de qué quieres hablar?
-Veo que no quieres perder el tiempo...
-No es eso, ¿no hemos hablado bastantes veces ya? Nada hemos solucionado hablando.
-Tienes razón, ¿por qué no le damos una última oportunidad al diálogo?
-Rober, sabes bien que esto no está bien.
-Lo sé, por eso quiero arreglarlo, tendrías que ver lo bien que estoy...
-Me alegro.
-¿Qué tal estás?
-Como siempre, con las clases y esas cosas muy ocupada.
-Entiendo, ¿qué nos ha pasado?
-Ahora ya es tarde, ¿qué solucionamos machacándonos con eso?
-No puedo comprender como parece importarte tan poco.
-Si no me importara, ¿estaría aquí?
-No entiendes nada, sabes que lo que hay entre nosotros no se ha terminado.
-Lo ha hecho, estoy con otra persona, yo soy diferente, estoy enamorada.
-Me cuesta creerlo.
-Ese es tu problema, crees tener siempre la razón y cuando no es así te ries menospreciando a los demás.
-Mi problema es que hemos negado durante demasiado tiempo lo que hay entre nosotros.
-Ya no hay nada más que una amistad.
-¿Amigos? ¡No me jodas! No somos amigos, ¿qué clase de amigos están a punto de besarse en cuanto se quedan solos?
-Eso no es así.
-Es verdad, como no ha sucedido, como alguien en algún momento fue cuerdo y quiso continuar la farsa de la amistad nunca ha sucedido, engañémosnos.
-Sabes como va a terminar esto.
-De la peor forma posible, no quiero que nos hagamos más daño.
-Yo tampoco, pero ahora la situación está así.
-Me iré de tu vida.
-No dejaremos de ser amigos.
-Lo dejaremos, nunca será lo mismo. De todas formas me iré para siempre.
-No sabes lo que vendrá en el futuro.
-Sé lo que quiero ahora, con eso me basta.
-Te deseo lo mejor, de verdad.-Me abrazó y lloré por dentro. ¿Cómo había permitido que esto llegara a este punto? Sus palabras estaban siendo sinceras, esto era horrible.-Intenta ser feliz.
-Muchas gracias por todo Ángela, si algún día soy escritor escribiré sobre ti, no lo dudes. También te deseo lo mejor.
Me marché a mi casa cabizbajo, derrotado, sabiendo que no podía aceptar esto, este no podía ser el final. Aquel día volví a sentir dolor en mi cuerpo y volví a vomitar. Si de verdad existía el destino, si alguien estaba manejando todo y el libre albedrío era una ilusión, se debería estar regodeando con mi desgracia. Me tenía que anteponer a esa mierda, lo iba a hacer si. Espérame.
martes, 31 de enero de 2012
Algo más que un año (1)
Esta historia habla de la crueldad del azar y de como tendemos a destinificarlo, narra como en el dolor puedes encontrar una victoria y de como las buenas palabras e intenciones pueden no ser suficientes. El año que aprendí que las desgracias o los buenos momentos no esperan por nadie.
La noche que conocí a Ángela no tenía nada en particular, otra noche cualquiera en mi océano depresivo tras la era de Paula. Lo mio con Paula estaba dando sus coletazos finales y lo que parecía un imperio de placer y diversión se tornaba decadente y frustrante. Paula y yo llevábamos casi un año intercambiando copas y favores sexuales sin ningún tipo de lazo mayor que los momentos de magia creados tras cada copa. Lo que sea que tuviera con Paula estaba condenado al fracaso, todo el mundo que lo conocía lo sabía y yo era reacio a salir de esa espiral asentimental donde me creía ajeno al dolor de la vida. Aplastado por mis pensamientos como si formaran un sandwich con dos camas de faquir sobre mi cerebro conocí a Ángela. Ángela no parecía aportar nada nuevo al mundo femenino, un cuerpo sencillo y bonito y unos bonitos ojos verdes a destacar. Mi primera impresión fue que esa mojigata acabaría aplastada el día que se enfrentara a la vida real, pero no me importó demasiado, yo tenía suficientes problemas, esa noche había quedado por enésima vez con Paula y la cantidad de alcohol en mi cuerpo empezaba a descolocar mis ideas. Esa noche Paula y yo acabamos en la cama.
Al cabo de dos meses y tras finalizar sin ningún tipo de facilidad mi relación con Paula empecé a conocer a Ángela y congeniamos. María me la había presentado y los tres empezamos a quedar muchas veces para salir. Yo estaba intentando salir de la mierda en la que Paula me había metido la cara y Ángela, María y Marcos me apoyaron en esos momentos de tregua de mujeres. Yo pensaba que era feliz, cada uno de los cuatro teníamos nuestra forma de ver las cosas y a la par nos complementábamos y disfrutábamos de nuestras reuniones, cuatro personas jóvenes disfrutando de sus puntos en común y coleccionando momentos. Lo que comenzó como una alianza extraña se tornó en amistad y cada uno de los cuatro empezamos a intimar por separado con el resto de los componentes. En Marcos encontré un fiel confidente, un amigo donde mis pensamientos no sólo se veían reflejados, además su visión del mundo complementaba la mía. María era a la que conocía desde hace más tiempo y nuestra relación era genial, siempre el uno para el otro. Y por último estaba Ángela, una relación fría que poco a poco se afianzó y que me hizo encontrar una buena amiga en esa chica que califiqué en mojigata, en ese momento era una mujer comprometida, simpatica, un poco callada pero atenta y cariñosa. Había encontrado unos buenos compañeros, no se podría pedir nada en una vida que empezaba a tomar un rumbo tranquilo tras el vendaval que había dejado en mis emociones Paula con su ida.
Con el paso del tiempo el grupo se solidificaba más, en cada reencuentro las anécdotas y la confianza parecían aumentar, María parecía la líder y Marcos y yo le dábamos el toque cómico al grupo y Ángela siempre estaba ahí, no podría decir para qué exactamente, pero ella estaba. Era verano y disfrutábamos de unas merecidas vacaciones, me encontraba viviendo el presente, la buena vida pero algo empezó a ir mal. Mi menté se rompió, algo dentro de mi empezó a negarse a funcionar bien y poco a poco sentía que mis ánimos se hundían más y más cayendo en un pozo que no parecía tener fondo. Estaba hundido, había perdido el interés y las fuerzas para levantarme cada mañana pero por algún motivo lo seguía haciendo. Nunca he sido una persona con una visión del mundo demasiado optimista pero esto sobrepasaba los límites, había perdido las ganas de todo, cualquier cosa me disgustaba, el mero hecho de respirar suponía una agonía, el aire de mi mundo se había tornado en ceniza. Obviamente todos se percataron y preocuparon por mi, todos intentaron arreglar ese problema que había dentro de mi y por primera vez me topé con algo de lo que no podría salir yo solo y tuve pánico.
Mi caída en picado se juntó con unas fechas donde Marcos y María estuvieron fuera durante unas semanas por diversos motivos. Ángela y yo solos quedamos bastantes días. Por la tarde para merendar, por la noche para ir a un concierto o pasarlo bien juntos. La amistad se hacía cada vez más fuerte y las confidencias llegaron, cada uno descubrimos un mundo del otro que pocas personas habían entrado y más que nunca me sentí unido a ella durante esos momentos, enjaulando cada palabra en un rincón de mi memoria, fotografiando cada gesto de su cara y escribiendo en una hoja invisible cada sentimiento que me transmitía. Simplemente conectamos. Veía en ella una gran amiga, una persona que me transmitía la tranquilidad y las fuerzas que necesitaba para afrontar cada noche frente a mis pensamientos. Eran buenos días, mis altibajos emocionales no mejoraban pero cuando estaba con Ángela, Marcos o María parecía redimir este estado anímico tan insano. Todo se torció, un día Ángela me confesó que se sentía atraída por mi, ¿qué podía hacer yo? Si tan siquiera me había planteado nada de ella, yo no soy nada más que un hombre y uno cuyas esperanzas en la vida y la gente se estaban borrando como un mensaje escrito en la arena de la playa. En ese momento me bloqueé, no sabía por donde salir, el tema me atormentaba de una manera enfermiza. ¿Cómo podía gustarle yo después de saber lo que sabe de mi? ¿Qué siento por ella? Es mi amiga, es mi amiga, ¿es mi amiga? No tenía ni idea de como comportarme, la naturalidad se esfumaba por momentos con ella y nuestros amigos lo empezaban a notar. Pero todo cambiaba cuando ella y yo estábamos a solas, volvíamos a ser los mismos, como si esas palabras no hubieran existido, como si ese momento hubiera sido un extraño sueño demasiado real y confuso.
Se estaba terminando el verano, habían pasado unas semanas desde el extraño momento y de las confusas palabras de Ángela, aquella noche los cuatro salíamos con un amigo mio que se ofreció a llevar el coche. Salimos y bebimos los cinco, María llevaba mucho tiempo sin beber y el efecto del alcohol rapidamente apareció en ella, Marcos acostumbrado como yo tardó un poco pero terminó con una borrachera considerable, el conductor iba demasiado perjudicado, Ángela que apenas bebía iba muy borracha y yo parecía inmune a la bebida, notaba cierta alegría y calor producto de la bebida pero nada más. Estábamos bebiendo sentados sobre un jardín con la playa detrás y las estrellas como techo. María se fue a saludar a unos conocidos, Marcos y mi amigo se pusieron a charlar y yo me quedé a solas con Ángela, se abrazó a mi. Yo no sabía qué quería de ella, pero estaba seguro de que esta no era la forma. Sus acercamientos no pasaron desapercibidos para nadie que entre risitas se alejaban dejándome en una situación de mayor incomodidad. ¿Qué podía hacer? Era mi amiga y así no se hacían las cosas con una amiga. Tuve que escapar, tuve que dejarla ahí. Seguimos la noche en otro lado, cada uno en su mundo, Marcos, mi amigo y yo hicimos un poco el idiota, María encontró a un chico con el que pasar el rato y Ángela había encontrado dos compañeros de besos para esa noche. La situación era deprimente, intenté pasar por alto la situación, pero no había pasado ni una hora desde que ella besaba mi cuello y ahora ahí estaba... Bienvenido al mundo pensé para mis adentros. Me sentí insignificante, quería enfadarme, ¿enfadarme por qué? Yo escapé, yo la tenía y por una estúpida moralidad me largué, me estaba bien. ¡Qué me jodan a mi y a mi moral! Después de eso todo se enrareció.
Aquella tarde había quedado con María para tomar algo, habían pasado unos días desde aquella noche y a pesar de que Ángela y yo habíamos hecho las paces y parecía que volvíamos a estar donde antes, ella continuaba elegantemente intentando traspasar la frontera de la amistad, yo estaba genial con ella pero mis dudas no se habían esfumado y mis dudas se habían transformado en serios problemas para dormir. María con su infinita paciencia me escuchaba y me aconsejaba de la mejor forma posible, Marcos había tenido que irse unos días por motivos de estudios y pasábamos ella y yo mucho tiempo juntos. Sabía que algo había entre Ángela y yo, solamente un idiota no sería capaz de apreciarlo, ¿sería suficiente como para no romper la amistad que teníamos? Eso me estaba matando, ¿sentía lo necesario? María se fue para su casa después de que la acompañara un buen trecho y de camino a la mia me topé con Ángela, antes de que comenzáramos a hablar comenzó a llover. ¿Cómo podía llover de esa forma en pleno agosto? Eran las nueve de la noche, yo iba en pantalón pirata y camiseta de Nirvana y me encontraba en medio de lo que parecía el segundo diluvio universal a media hora andando de mi casa. Decidimos resguardanos en un pequeño portal cercano a su casa. Estábamos empapados y se abrazó a mi para que no le cogiera el frio.
-Lo siento.
-¿Qué?
-Siento lo de la otra noche, sé lo mucho que te ha molestado.
-Ya lo hemos hablado, no pasa nada...
-Si que pasa, la fastidié.
-No hay nada que fastidias, no seas boba.-Acaricié su espalda y pelo con mis manos con ternura y delicadeza.-Eres como una niñita pequeña.
-Rober, estoy segura de que habría salido bien.
-¿Lo qué?
-Ya sabes, ¿acaso no notas la tensión que hay ahora mismo?
-¿Qué quieres que te diga?
-Si la hay o no.
-Ángela, no es tan fácil como eso...
-¿Por qué tienes tanto miedo? ¿Por qué te cuesta tanto lanzarte?
-Eso me lo pregunto yo demasiadas veces, pero quizás haya algún motivo.
-¿Pero no sientes como este momento...?
-Créeme que si, pero...
-¿Acaso no te gusto?
-Si no lo hicieras esta conversación habría terminado hace mucho tiempo.
-¿Y por qué no me besas?
-¿Y si todo se jode?
-¿Prefieres vivir con la duda?
-Prefiero vivir tranquilo, a día de hoy no es nada fácil para mi.
-Yo estoy segura.-Ángela acercó su cara a la mia, su boca a mi boca. Podíamos alimentarnos del aliento del otro. Nuestras miradas se enfrentaban.-¿Qué vas a hacer?
-No estoy seguro de si... Ya te dije que el problema no está en ti, soy yo... Yo no soy lo que necesitas, estoy jodido, tengo mucha mierda dentro, te voy a hacer daño... Te...-En ese momento me besó, no pude evitarlo, estaba demasiado abstraído por mi cháchara. El beso era bueno, llevaba cociéndose durante demasiado tiempo y supo a gloria. Nuestros cuerpos húmedos estaban demasiado juntos en aquel espacio tan reducido como deseando fundirse y terminar siendo solo uno comenzando por los labios. Estuvimos un rato así, nos separamos y pude ver su sonrisa de felicidad, en ese momento confié en que todo iba a ir bien, en ese momento me vi capaz de todo, en ese momento me maldije por toda mi incertidumbre.-Gracias por sacarme de dudas.
La noche que conocí a Ángela no tenía nada en particular, otra noche cualquiera en mi océano depresivo tras la era de Paula. Lo mio con Paula estaba dando sus coletazos finales y lo que parecía un imperio de placer y diversión se tornaba decadente y frustrante. Paula y yo llevábamos casi un año intercambiando copas y favores sexuales sin ningún tipo de lazo mayor que los momentos de magia creados tras cada copa. Lo que sea que tuviera con Paula estaba condenado al fracaso, todo el mundo que lo conocía lo sabía y yo era reacio a salir de esa espiral asentimental donde me creía ajeno al dolor de la vida. Aplastado por mis pensamientos como si formaran un sandwich con dos camas de faquir sobre mi cerebro conocí a Ángela. Ángela no parecía aportar nada nuevo al mundo femenino, un cuerpo sencillo y bonito y unos bonitos ojos verdes a destacar. Mi primera impresión fue que esa mojigata acabaría aplastada el día que se enfrentara a la vida real, pero no me importó demasiado, yo tenía suficientes problemas, esa noche había quedado por enésima vez con Paula y la cantidad de alcohol en mi cuerpo empezaba a descolocar mis ideas. Esa noche Paula y yo acabamos en la cama.
Al cabo de dos meses y tras finalizar sin ningún tipo de facilidad mi relación con Paula empecé a conocer a Ángela y congeniamos. María me la había presentado y los tres empezamos a quedar muchas veces para salir. Yo estaba intentando salir de la mierda en la que Paula me había metido la cara y Ángela, María y Marcos me apoyaron en esos momentos de tregua de mujeres. Yo pensaba que era feliz, cada uno de los cuatro teníamos nuestra forma de ver las cosas y a la par nos complementábamos y disfrutábamos de nuestras reuniones, cuatro personas jóvenes disfrutando de sus puntos en común y coleccionando momentos. Lo que comenzó como una alianza extraña se tornó en amistad y cada uno de los cuatro empezamos a intimar por separado con el resto de los componentes. En Marcos encontré un fiel confidente, un amigo donde mis pensamientos no sólo se veían reflejados, además su visión del mundo complementaba la mía. María era a la que conocía desde hace más tiempo y nuestra relación era genial, siempre el uno para el otro. Y por último estaba Ángela, una relación fría que poco a poco se afianzó y que me hizo encontrar una buena amiga en esa chica que califiqué en mojigata, en ese momento era una mujer comprometida, simpatica, un poco callada pero atenta y cariñosa. Había encontrado unos buenos compañeros, no se podría pedir nada en una vida que empezaba a tomar un rumbo tranquilo tras el vendaval que había dejado en mis emociones Paula con su ida.
Con el paso del tiempo el grupo se solidificaba más, en cada reencuentro las anécdotas y la confianza parecían aumentar, María parecía la líder y Marcos y yo le dábamos el toque cómico al grupo y Ángela siempre estaba ahí, no podría decir para qué exactamente, pero ella estaba. Era verano y disfrutábamos de unas merecidas vacaciones, me encontraba viviendo el presente, la buena vida pero algo empezó a ir mal. Mi menté se rompió, algo dentro de mi empezó a negarse a funcionar bien y poco a poco sentía que mis ánimos se hundían más y más cayendo en un pozo que no parecía tener fondo. Estaba hundido, había perdido el interés y las fuerzas para levantarme cada mañana pero por algún motivo lo seguía haciendo. Nunca he sido una persona con una visión del mundo demasiado optimista pero esto sobrepasaba los límites, había perdido las ganas de todo, cualquier cosa me disgustaba, el mero hecho de respirar suponía una agonía, el aire de mi mundo se había tornado en ceniza. Obviamente todos se percataron y preocuparon por mi, todos intentaron arreglar ese problema que había dentro de mi y por primera vez me topé con algo de lo que no podría salir yo solo y tuve pánico.
Mi caída en picado se juntó con unas fechas donde Marcos y María estuvieron fuera durante unas semanas por diversos motivos. Ángela y yo solos quedamos bastantes días. Por la tarde para merendar, por la noche para ir a un concierto o pasarlo bien juntos. La amistad se hacía cada vez más fuerte y las confidencias llegaron, cada uno descubrimos un mundo del otro que pocas personas habían entrado y más que nunca me sentí unido a ella durante esos momentos, enjaulando cada palabra en un rincón de mi memoria, fotografiando cada gesto de su cara y escribiendo en una hoja invisible cada sentimiento que me transmitía. Simplemente conectamos. Veía en ella una gran amiga, una persona que me transmitía la tranquilidad y las fuerzas que necesitaba para afrontar cada noche frente a mis pensamientos. Eran buenos días, mis altibajos emocionales no mejoraban pero cuando estaba con Ángela, Marcos o María parecía redimir este estado anímico tan insano. Todo se torció, un día Ángela me confesó que se sentía atraída por mi, ¿qué podía hacer yo? Si tan siquiera me había planteado nada de ella, yo no soy nada más que un hombre y uno cuyas esperanzas en la vida y la gente se estaban borrando como un mensaje escrito en la arena de la playa. En ese momento me bloqueé, no sabía por donde salir, el tema me atormentaba de una manera enfermiza. ¿Cómo podía gustarle yo después de saber lo que sabe de mi? ¿Qué siento por ella? Es mi amiga, es mi amiga, ¿es mi amiga? No tenía ni idea de como comportarme, la naturalidad se esfumaba por momentos con ella y nuestros amigos lo empezaban a notar. Pero todo cambiaba cuando ella y yo estábamos a solas, volvíamos a ser los mismos, como si esas palabras no hubieran existido, como si ese momento hubiera sido un extraño sueño demasiado real y confuso.
Se estaba terminando el verano, habían pasado unas semanas desde el extraño momento y de las confusas palabras de Ángela, aquella noche los cuatro salíamos con un amigo mio que se ofreció a llevar el coche. Salimos y bebimos los cinco, María llevaba mucho tiempo sin beber y el efecto del alcohol rapidamente apareció en ella, Marcos acostumbrado como yo tardó un poco pero terminó con una borrachera considerable, el conductor iba demasiado perjudicado, Ángela que apenas bebía iba muy borracha y yo parecía inmune a la bebida, notaba cierta alegría y calor producto de la bebida pero nada más. Estábamos bebiendo sentados sobre un jardín con la playa detrás y las estrellas como techo. María se fue a saludar a unos conocidos, Marcos y mi amigo se pusieron a charlar y yo me quedé a solas con Ángela, se abrazó a mi. Yo no sabía qué quería de ella, pero estaba seguro de que esta no era la forma. Sus acercamientos no pasaron desapercibidos para nadie que entre risitas se alejaban dejándome en una situación de mayor incomodidad. ¿Qué podía hacer? Era mi amiga y así no se hacían las cosas con una amiga. Tuve que escapar, tuve que dejarla ahí. Seguimos la noche en otro lado, cada uno en su mundo, Marcos, mi amigo y yo hicimos un poco el idiota, María encontró a un chico con el que pasar el rato y Ángela había encontrado dos compañeros de besos para esa noche. La situación era deprimente, intenté pasar por alto la situación, pero no había pasado ni una hora desde que ella besaba mi cuello y ahora ahí estaba... Bienvenido al mundo pensé para mis adentros. Me sentí insignificante, quería enfadarme, ¿enfadarme por qué? Yo escapé, yo la tenía y por una estúpida moralidad me largué, me estaba bien. ¡Qué me jodan a mi y a mi moral! Después de eso todo se enrareció.
Aquella tarde había quedado con María para tomar algo, habían pasado unos días desde aquella noche y a pesar de que Ángela y yo habíamos hecho las paces y parecía que volvíamos a estar donde antes, ella continuaba elegantemente intentando traspasar la frontera de la amistad, yo estaba genial con ella pero mis dudas no se habían esfumado y mis dudas se habían transformado en serios problemas para dormir. María con su infinita paciencia me escuchaba y me aconsejaba de la mejor forma posible, Marcos había tenido que irse unos días por motivos de estudios y pasábamos ella y yo mucho tiempo juntos. Sabía que algo había entre Ángela y yo, solamente un idiota no sería capaz de apreciarlo, ¿sería suficiente como para no romper la amistad que teníamos? Eso me estaba matando, ¿sentía lo necesario? María se fue para su casa después de que la acompañara un buen trecho y de camino a la mia me topé con Ángela, antes de que comenzáramos a hablar comenzó a llover. ¿Cómo podía llover de esa forma en pleno agosto? Eran las nueve de la noche, yo iba en pantalón pirata y camiseta de Nirvana y me encontraba en medio de lo que parecía el segundo diluvio universal a media hora andando de mi casa. Decidimos resguardanos en un pequeño portal cercano a su casa. Estábamos empapados y se abrazó a mi para que no le cogiera el frio.
-Lo siento.
-¿Qué?
-Siento lo de la otra noche, sé lo mucho que te ha molestado.
-Ya lo hemos hablado, no pasa nada...
-Si que pasa, la fastidié.
-No hay nada que fastidias, no seas boba.-Acaricié su espalda y pelo con mis manos con ternura y delicadeza.-Eres como una niñita pequeña.
-Rober, estoy segura de que habría salido bien.
-¿Lo qué?
-Ya sabes, ¿acaso no notas la tensión que hay ahora mismo?
-¿Qué quieres que te diga?
-Si la hay o no.
-Ángela, no es tan fácil como eso...
-¿Por qué tienes tanto miedo? ¿Por qué te cuesta tanto lanzarte?
-Eso me lo pregunto yo demasiadas veces, pero quizás haya algún motivo.
-¿Pero no sientes como este momento...?
-Créeme que si, pero...
-¿Acaso no te gusto?
-Si no lo hicieras esta conversación habría terminado hace mucho tiempo.
-¿Y por qué no me besas?
-¿Y si todo se jode?
-¿Prefieres vivir con la duda?
-Prefiero vivir tranquilo, a día de hoy no es nada fácil para mi.
-Yo estoy segura.-Ángela acercó su cara a la mia, su boca a mi boca. Podíamos alimentarnos del aliento del otro. Nuestras miradas se enfrentaban.-¿Qué vas a hacer?
-No estoy seguro de si... Ya te dije que el problema no está en ti, soy yo... Yo no soy lo que necesitas, estoy jodido, tengo mucha mierda dentro, te voy a hacer daño... Te...-En ese momento me besó, no pude evitarlo, estaba demasiado abstraído por mi cháchara. El beso era bueno, llevaba cociéndose durante demasiado tiempo y supo a gloria. Nuestros cuerpos húmedos estaban demasiado juntos en aquel espacio tan reducido como deseando fundirse y terminar siendo solo uno comenzando por los labios. Estuvimos un rato así, nos separamos y pude ver su sonrisa de felicidad, en ese momento confié en que todo iba a ir bien, en ese momento me vi capaz de todo, en ese momento me maldije por toda mi incertidumbre.-Gracias por sacarme de dudas.
jueves, 26 de enero de 2012
Resistir
Recuerdo lo maravilloso de ese verano, pensábamos que nos comeríamos el mundo. Nos pasábamos las tardes caminando por la playa de la mano, nunca me gustó la playa, el calor me derretía literalmente el ánimo pero contigo no me importaba. Teníamos dieciséis años y todo parecía quedársenos pequeño. Las cervezas por la noche, cenar con los amigos, los besos en tu portal... Que se terminara el verano no indicaba que esto fuera a cambiar, aunque vivieras un poco lejos y el curso que nos venía por delante fuera muy importante. Era jodidamente feliz con la sonrisa de antes del beso. Era un idiota que llegaba a su casa y se pasaba horas pensando en esa sonrisa, en lo hermosa que era.
Se terminó el periodo vacacional y teníamos preparado un sistema para vernos sin restar tiempo a nuestras vidas. Recuerdo como nos dedicaríamos al menos un día a la semana, como elaboramos un horario para poder hablar un rato cada día y sabes qué tal nos fue el día. Lo haríamos sencillo y así comenzó todo. Empezó el curso y aquel día recuerdo lo apático que estaba y de como el Sol se mofaba de nosotros que como borregos nos dirigíamos a la presentación de un nuevo curso que comenzaba. ¿Podría haber algo peor? En mi clase estaban algunos de mis amigos, eramos un curso de veinte personas, once chicos y nueve chicas. Nos sentaron por orden alfabético el primer día y allí la conocí. Xiana, era divertida y no creo que sea pecado decir que era bastante atractiva. Desde el primer momento nos caímos bastante bien y noté una gran tensión entre ambos, pero no le di más importancia que la que se le da al rumor de una mosca que te revolotea. Ese mismo día al llegar a casa tenía ganas de ir a hablar contigo y al terminar de comer te esperé delante de la pantalla de mi ordenador inquieto. Era el primer día y deseaba que tuvieras las mismas ganas que yo de vernos. Estaba antes de los estipulado y esperé una hora más de la hora concretada hasta que apareciste fugazmente, me contaste algo sobre tu nueva clase y apenas tuve tiempo para decir nada, quizás me había creado unas espectativas demasiado altas, era normal que el inicio de una etapa escolar trajera consigo distracciones, supongo.
Durante los primeros días Xiana y yo hicimos buenas migas y caricaturizamos a cada profesor con un sobrenombre según similitudes graciosas o coletilla. Las clases se hacían amenas y el tiempo pasaba volando entre broma y broma. Al llegar a casa, por el contrario Silvia se mostraba cada día más ocupada y con menos tiempo del que habíamos acordado dedicarnos. Su comportamiento me inquietaba, pero no le di mayor importancia, se estaría adaptando al nuevo ritmo de vida. Por fin llegó el sábado y con él el primer día en el que volvería a quedar con Silvia desde el inicio del curso. Estaba ansioso por verla y que se esfumara esa extraña sensación que empezaba a formarse dentro de mi con su comportamiento de estos días. Cuando la vi, dentro de mi se iluminó todo, allí estaba Silvia radiante como la última vez que había estado con ella, como en las fotos, como en mi memoria. Pasamos la tarde juntos, el buen tiempo no se había marchado como nuestro tiempo libre y pudimos volvear a pasear de la mano, charlar hasta el anochecer y besarnos como durante todo el verano. Me sentí como un idiota al volver a casa por todo lo que había estado pensando durante estos días, haber pensado que Silvia se estaba distanciando de mi, ¡maldita inseguridad! Silvia me quiere, ¿no se ha amoldado a los horarios? Ya me pasará a mi.
Pero la vuelta a los días de clase volvió a traer consigo a una Silvia distante, cosa que me hacía desear estar en clase y no pasarlo mal esperándola o viendo como ella no estaba para mi. Un día de la tercera semana de clase, ella misma me dijo que deberían a empezar a reducirse los días en los que nos veíamos a solas porque le estaba resultando muy complicado seguir el ritmo de las clases y necesitaba más tiempo para estudiar. Lo acepté. Mientras tanto las clases se sucedían, cada día estaba más cómodo con Xiana, congeniamos a muchos níveles y ella misma empezó a preocuparse por mis momentos de evasión mental donde mi estado de ánimo se resquebrajaba por Silvia. El tiempo solamente conseguía que me anguistiase más y más. Silvia parecía absorvida por su vida y realmente mostraba nulo interés por la mia. Me inquietaba su actitud, mejor dicho; me preocupaba. Puede que ya no sea lo mismo, que el distanciamiento nos haya sentenciado o simplemente haya conocido a otro. ¿Podría ser que Silvia encontrara a otro que la quisiera como yo? ¿Y los largos paseos por la playa? ¿Y los besos en su portal? ¿Y todos esos buenos momentos juntos se habían esfumado para ella? No podía creerlo, no quería creerlo. Xiana me apoyaba y me animaba, no sé cuan loco me habría vuelto sin sus continuos mensajes de optimismo. ¿Por qué Silvia no podría tener un ápice de las ganas de estar a mi lado que tenía día tras día Xiana?
Mi rendimiento académico cada día bajaba más y más pese a la ayuda de Xiana que incluso venía conmigo alguna tarde para que hiciese todos los ejercicios que nos mandaban en clase y estudiara un poco. Estaba ofuscado, Silvia me tenía encerrado en una jaula de negatividad y lamentaciones de la que parecía escapar en las excasas ocasiones en las que ella hacía aparición distante y ocupada. No encontraba la calma, ¿había convertido a Silvia en un capricho, una obsesión? Tenía que ser real, lo que habíamos vivido era real. No quería desprenderme de eso, no podía desprenderme de eso. ¿Cómo no lo podía comprender ella? Mis amigos empezaban a estar cansados de mis continuos quebraderos de cabeza, sus opiniones pasaban desde que era un paranoico hasta que me ponía los cuernos, la mayoría simplemente decían que no podía seguir así y la dejara. Xiana intentaba animarme, pero ya no podía excusar el comportamiento de Silvia, su cada vez más lejana presencia era muy evidente. Algo le pasaba conmigo.
Llegaron las vacaciones de navidad y Silvia no parecía mejorar. Pasaba el día en casa atormentandome en mis cavilaciones mientras sonaba de fondo el TEN de Pearl Jam o con Xiana que parecía disfrutar mucho de estas fiestas. Xiana y yo éramos prácticamente inseparables. Empezaba a notar cierto comportamiento extraño por parte de mi compañera de clase y amiga, empezaba a mostrarse muy cariñosa conmigo, siempre fue cariñosa; pero ahora era distinto. Se rumoreaba que sentía algo por mi pero yo no hacía demasiado caso a los cotilleos, Xiana era buena chica y muy atractiva, podría tener al chico que quisiera y estaría arta de escuchar mis lamentos por mis problemas con Silvia. Simplemente no podía ser cierto. No podía manejar lo de Silvia y que Xiana sintiera algo por mi. Tenía que aclarar esto ya y decidí una tarde tomar un autobús y aparecer en casa de mi novia. Me recibió sorprendida, estaba estudiando porque había suspendido física y química y había pedido unos ejercicios de refuerzo para practicar en vacaciones.
-¿Qué nos ha pasado?
-¿Qué quieres decir?
-Sil, lo sabes bien. Algo no va... Simplemente quiero saber qué pasa.
-Los estudios...
-No pueden ser sólo lo estudios, algo tiene que pasar.
-¿No te pasa algo a ti? Todo el día con esa chica, tus amigos ya me han dicho...
-¿Y no te han contado lo jodido que estoy por ti? Te has borrado de mi vida así de golpe...
-No me he borrado de ningún...
-¿Cómo que no? Pero si apenas quedamos, apenas hablas conmigo y cuando lo hacemos cada vez eres más fría. Ni me has besado cuando me viste, ¿es normal eso? ¿Qué pasa?
-Rober, ahora mismo no puedo...
-¿Quieres que me vaya? ¿No quieres decirme qué pasa?
-Ya no es lo mismo... No eres el mismo...
-¿Soy el problema?
-¿Y qué pasa con esa chica?
-Nada, ella no para de apoyarme mientras que nuestros amigos que tan bien informada te tienen me dicen que te mande a la mierda.
-Creo que no es el momento, podemos decir cosas de las que nos arrepintamos...
-Di lo que tengas que decir, pero di algo.
-Lo mejor va a ser que lo dejemos.
-No te ha costado tanto, ¿desde cuándo lo sabías?
-No lo sé, pasó.
-¿Cómo no dijiste nada?-Podía empezar a notar como mis ojos se humedecían y me ardían fruto de mis intentos de aguantarme las lágrimas, no me iba a ver llorar, no podía llorar.-Diría que fue bonito mientras duró pero ahora mismo me has jodido bien.
-Rober, yo...
-Tranquila así son las cosas, cuidate.-Nos abrazamos y nos despedimos, me sentía como una mierda y ella me acababa de dejar con la misma naturalidad con la que pestañeamos, nunca entenderé la mente de las mujeres.-Suerte en las recuperaciones.
En ese momento solo tenía ganas de ver a Xiana, la llamé desde mi móvil y decidimos quedar en la puerta del instituto. Cuando salí del autobús empezó a llover, mi suerte estaba tomando un rumbo poco alentador. Llegué a la puerta del instituto y allí estaba Xiana, había sido previsora y tenía un paraguas, esta chica valía su peso en oro, era imposible que le pudiera gustar. ¿En qué cabeza podía entrar? Cuando me vio, me abrazó y por un momento Silvia desapareció del mundo.
-Silvia y yo...-Me derrumbé y comencé a llorar, me daba igual, Xiana me comprendía y me regaló una sonrisa y me pasó la mano por el hombro en señal de consuelo.-Lo peor es saber que todos los demás tenían razón, que estaba equivocado, que...
-Tranquilo, estas cosas pasan, hiciste lo que creías conveniente y...-En ese momento la besé, el presente venció al pasado. En ese momento comprendí que Xiana era la realidad que estaba buscando frente a un montón de recuerdos que se resistían a formar parte del pasado. En ese momento sentí como el paraguas de Xiana golpeaba el asfalto y como la lluvía nos unía y limpiaba al mismo tiempo, en ese beso convertimos los rumores, convertimos la complicidad, convertimos unos sentimientos que se negaban a aflorar en una realidad.
-Perdona por llegar tarde.
-No pasa nada, el autobús...
-Aquí no, a este beso.
Se terminó el periodo vacacional y teníamos preparado un sistema para vernos sin restar tiempo a nuestras vidas. Recuerdo como nos dedicaríamos al menos un día a la semana, como elaboramos un horario para poder hablar un rato cada día y sabes qué tal nos fue el día. Lo haríamos sencillo y así comenzó todo. Empezó el curso y aquel día recuerdo lo apático que estaba y de como el Sol se mofaba de nosotros que como borregos nos dirigíamos a la presentación de un nuevo curso que comenzaba. ¿Podría haber algo peor? En mi clase estaban algunos de mis amigos, eramos un curso de veinte personas, once chicos y nueve chicas. Nos sentaron por orden alfabético el primer día y allí la conocí. Xiana, era divertida y no creo que sea pecado decir que era bastante atractiva. Desde el primer momento nos caímos bastante bien y noté una gran tensión entre ambos, pero no le di más importancia que la que se le da al rumor de una mosca que te revolotea. Ese mismo día al llegar a casa tenía ganas de ir a hablar contigo y al terminar de comer te esperé delante de la pantalla de mi ordenador inquieto. Era el primer día y deseaba que tuvieras las mismas ganas que yo de vernos. Estaba antes de los estipulado y esperé una hora más de la hora concretada hasta que apareciste fugazmente, me contaste algo sobre tu nueva clase y apenas tuve tiempo para decir nada, quizás me había creado unas espectativas demasiado altas, era normal que el inicio de una etapa escolar trajera consigo distracciones, supongo.
Durante los primeros días Xiana y yo hicimos buenas migas y caricaturizamos a cada profesor con un sobrenombre según similitudes graciosas o coletilla. Las clases se hacían amenas y el tiempo pasaba volando entre broma y broma. Al llegar a casa, por el contrario Silvia se mostraba cada día más ocupada y con menos tiempo del que habíamos acordado dedicarnos. Su comportamiento me inquietaba, pero no le di mayor importancia, se estaría adaptando al nuevo ritmo de vida. Por fin llegó el sábado y con él el primer día en el que volvería a quedar con Silvia desde el inicio del curso. Estaba ansioso por verla y que se esfumara esa extraña sensación que empezaba a formarse dentro de mi con su comportamiento de estos días. Cuando la vi, dentro de mi se iluminó todo, allí estaba Silvia radiante como la última vez que había estado con ella, como en las fotos, como en mi memoria. Pasamos la tarde juntos, el buen tiempo no se había marchado como nuestro tiempo libre y pudimos volvear a pasear de la mano, charlar hasta el anochecer y besarnos como durante todo el verano. Me sentí como un idiota al volver a casa por todo lo que había estado pensando durante estos días, haber pensado que Silvia se estaba distanciando de mi, ¡maldita inseguridad! Silvia me quiere, ¿no se ha amoldado a los horarios? Ya me pasará a mi.
Pero la vuelta a los días de clase volvió a traer consigo a una Silvia distante, cosa que me hacía desear estar en clase y no pasarlo mal esperándola o viendo como ella no estaba para mi. Un día de la tercera semana de clase, ella misma me dijo que deberían a empezar a reducirse los días en los que nos veíamos a solas porque le estaba resultando muy complicado seguir el ritmo de las clases y necesitaba más tiempo para estudiar. Lo acepté. Mientras tanto las clases se sucedían, cada día estaba más cómodo con Xiana, congeniamos a muchos níveles y ella misma empezó a preocuparse por mis momentos de evasión mental donde mi estado de ánimo se resquebrajaba por Silvia. El tiempo solamente conseguía que me anguistiase más y más. Silvia parecía absorvida por su vida y realmente mostraba nulo interés por la mia. Me inquietaba su actitud, mejor dicho; me preocupaba. Puede que ya no sea lo mismo, que el distanciamiento nos haya sentenciado o simplemente haya conocido a otro. ¿Podría ser que Silvia encontrara a otro que la quisiera como yo? ¿Y los largos paseos por la playa? ¿Y los besos en su portal? ¿Y todos esos buenos momentos juntos se habían esfumado para ella? No podía creerlo, no quería creerlo. Xiana me apoyaba y me animaba, no sé cuan loco me habría vuelto sin sus continuos mensajes de optimismo. ¿Por qué Silvia no podría tener un ápice de las ganas de estar a mi lado que tenía día tras día Xiana?
Mi rendimiento académico cada día bajaba más y más pese a la ayuda de Xiana que incluso venía conmigo alguna tarde para que hiciese todos los ejercicios que nos mandaban en clase y estudiara un poco. Estaba ofuscado, Silvia me tenía encerrado en una jaula de negatividad y lamentaciones de la que parecía escapar en las excasas ocasiones en las que ella hacía aparición distante y ocupada. No encontraba la calma, ¿había convertido a Silvia en un capricho, una obsesión? Tenía que ser real, lo que habíamos vivido era real. No quería desprenderme de eso, no podía desprenderme de eso. ¿Cómo no lo podía comprender ella? Mis amigos empezaban a estar cansados de mis continuos quebraderos de cabeza, sus opiniones pasaban desde que era un paranoico hasta que me ponía los cuernos, la mayoría simplemente decían que no podía seguir así y la dejara. Xiana intentaba animarme, pero ya no podía excusar el comportamiento de Silvia, su cada vez más lejana presencia era muy evidente. Algo le pasaba conmigo.
Llegaron las vacaciones de navidad y Silvia no parecía mejorar. Pasaba el día en casa atormentandome en mis cavilaciones mientras sonaba de fondo el TEN de Pearl Jam o con Xiana que parecía disfrutar mucho de estas fiestas. Xiana y yo éramos prácticamente inseparables. Empezaba a notar cierto comportamiento extraño por parte de mi compañera de clase y amiga, empezaba a mostrarse muy cariñosa conmigo, siempre fue cariñosa; pero ahora era distinto. Se rumoreaba que sentía algo por mi pero yo no hacía demasiado caso a los cotilleos, Xiana era buena chica y muy atractiva, podría tener al chico que quisiera y estaría arta de escuchar mis lamentos por mis problemas con Silvia. Simplemente no podía ser cierto. No podía manejar lo de Silvia y que Xiana sintiera algo por mi. Tenía que aclarar esto ya y decidí una tarde tomar un autobús y aparecer en casa de mi novia. Me recibió sorprendida, estaba estudiando porque había suspendido física y química y había pedido unos ejercicios de refuerzo para practicar en vacaciones.
-¿Qué nos ha pasado?
-¿Qué quieres decir?
-Sil, lo sabes bien. Algo no va... Simplemente quiero saber qué pasa.
-Los estudios...
-No pueden ser sólo lo estudios, algo tiene que pasar.
-¿No te pasa algo a ti? Todo el día con esa chica, tus amigos ya me han dicho...
-¿Y no te han contado lo jodido que estoy por ti? Te has borrado de mi vida así de golpe...
-No me he borrado de ningún...
-¿Cómo que no? Pero si apenas quedamos, apenas hablas conmigo y cuando lo hacemos cada vez eres más fría. Ni me has besado cuando me viste, ¿es normal eso? ¿Qué pasa?
-Rober, ahora mismo no puedo...
-¿Quieres que me vaya? ¿No quieres decirme qué pasa?
-Ya no es lo mismo... No eres el mismo...
-¿Soy el problema?
-¿Y qué pasa con esa chica?
-Nada, ella no para de apoyarme mientras que nuestros amigos que tan bien informada te tienen me dicen que te mande a la mierda.
-Creo que no es el momento, podemos decir cosas de las que nos arrepintamos...
-Di lo que tengas que decir, pero di algo.
-Lo mejor va a ser que lo dejemos.
-No te ha costado tanto, ¿desde cuándo lo sabías?
-No lo sé, pasó.
-¿Cómo no dijiste nada?-Podía empezar a notar como mis ojos se humedecían y me ardían fruto de mis intentos de aguantarme las lágrimas, no me iba a ver llorar, no podía llorar.-Diría que fue bonito mientras duró pero ahora mismo me has jodido bien.
-Rober, yo...
-Tranquila así son las cosas, cuidate.-Nos abrazamos y nos despedimos, me sentía como una mierda y ella me acababa de dejar con la misma naturalidad con la que pestañeamos, nunca entenderé la mente de las mujeres.-Suerte en las recuperaciones.
En ese momento solo tenía ganas de ver a Xiana, la llamé desde mi móvil y decidimos quedar en la puerta del instituto. Cuando salí del autobús empezó a llover, mi suerte estaba tomando un rumbo poco alentador. Llegué a la puerta del instituto y allí estaba Xiana, había sido previsora y tenía un paraguas, esta chica valía su peso en oro, era imposible que le pudiera gustar. ¿En qué cabeza podía entrar? Cuando me vio, me abrazó y por un momento Silvia desapareció del mundo.
-Silvia y yo...-Me derrumbé y comencé a llorar, me daba igual, Xiana me comprendía y me regaló una sonrisa y me pasó la mano por el hombro en señal de consuelo.-Lo peor es saber que todos los demás tenían razón, que estaba equivocado, que...
-Tranquilo, estas cosas pasan, hiciste lo que creías conveniente y...-En ese momento la besé, el presente venció al pasado. En ese momento comprendí que Xiana era la realidad que estaba buscando frente a un montón de recuerdos que se resistían a formar parte del pasado. En ese momento sentí como el paraguas de Xiana golpeaba el asfalto y como la lluvía nos unía y limpiaba al mismo tiempo, en ese beso convertimos los rumores, convertimos la complicidad, convertimos unos sentimientos que se negaban a aflorar en una realidad.
-Perdona por llegar tarde.
-No pasa nada, el autobús...
-Aquí no, a este beso.
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