Tras varias semanas sin dar señales de vida, empezaba a temer el hecho de no volver a saber nada de aquella joven tan hermosa que se había ido de mi vida más repentinamente de como entró. Ni una sola carta me respondió y fueron tres escritos los que le había enviado. Mi preocupación iba en aumento a medida que pasaban los días y estaba a punto de pasar un mes desde aquel fatídico día. Mis preocupaciones eran descargadas sobre el papel y en eso estaba mejorando todo. Empezaban a publicarme cosas que habían sido rechazadas e incluso me llamaron para dar unas charlas y unos recitales. Querían que escribiera periodicamente para una revista y bastantes cosas más, todo parecía tomar rumbo y yo no podía sentirme más vacío.
Tras dos meses sin noticias de Verónica y cuando pensaba que iba a tocar fondo recibo una postal suya. Aparecía el Museo del Louvre y supuse que estaría en París, cosa que me confirmaba en su escrito. Se disculpaba por no haber tenido la posibilidad de una despedida mejor y por no contestar a mis cartas, pero que estaba triste por tener que marcharse tan de golpe. Contaba que llevaba un par de semanas en la capital francesa y estaba aprendiendo mucho, no se había adaptado del todo y en unas cuantas semanas cambiaría de ciudad. Me alegré por ella y, por otro lado, me sentí demasiado solo, estaba consiguiendo todo lo que deseaba hace un año en cuanto al mundo de la escritura, pero la había perdido a ella. Ella no estaba hace un año y ahora no concibo mi vida sin sus ojos verdes. Cojí una cerveza de la nevera, la abrí y me senté sobre la cama. Estaba en la mierda más vil anímicamente hablando. El destino se presentaba cruel conmigo, debería ser feliz, vivo de lo que siempre había soñado y no puedo dejar de añorarla. No podía ir tras ella, París es muy grande, además podría irse en cualquier momento y tengo compromisos que ya he cobrado que tengo que cumplir. Mi desesperación aumenta y no encuentro soluciones, voy a por otra cerveza. Otra noche muy larga y mis aspiraciones de dejar la bebida murieron semanas después de su marcha.
Un mes y medio después de su primera postal me llegó otra que parecía provenir de Londres con una imagen de sus famosos autobuses. Me alegré por no haber sido tan estúpido de ir a París en su búsqueda y comencé la lectura. No había gran cosa, estaba bien, conociendo muchas personas interesantes y poco más. ¿Ya no me echaba de menos? ¿Por qué no decía nada sobre eso? Guardé su postal y bajé al bar más cercano a meditar sobre el asunto con ayuda de un poco de whisky. Me alegraba por su éxito profesional y por el mío, pero no era feliz, ¿debería serlo? Cambiaría todo por volver al tiempo en el que no era nadie y apenas tenía dinero para comer por volver a ver las esmeraldas que tiene por ojos y disfrutar del intercambio de cartas o de uno de esos paseos que llegamos a dar juntos durante el tiempo que pasamos de lo que podría considerarse noviazgo. Lo peor de todo esto no era no poder verla, eso ya lo había vivido con las cartas, lo peor era no poder interactuar, quería preguntarle tantas cosas que no podían pasar del tintero. Me preocupaba no volver a recibir nada más.
Y ese sentimiento es el que más me castigó durante los siguientes seis meses hasta que me llegó otra postal, con una imagen de las góndolas venecianas. La que más texto tenía. En ella me contaba que había estado en Milán por temas de trabajo pero le habían dejado irse unos días a Venecia con un amigo que conoció en París. A partir de eso apenas presté atención a la lectura, ¿había conocido a alguien? ¿Durante todo este tiempo estaba con él? No pude contener mi tristeza y mi rabia que se transformó en un golpe desesperado contra la pared y varios sollozos sobre la cama donde me terminé durmiendo. Cuando desperté guardé rapidamente la postal junto a las otras y me puse a escribir, era lo que en ese momento necesitaba. Quería escapar de este mundo donde me acababan de despojar lo poco que quería. Escribí un relato corto, una carta a mi madre y otra a uno de los editores que más cosas me estaban publicando. Al terminar, abrí un par de cervezas antes de volver a acostarme para dormir de nuevo.
Dos meses después había perdido bastante peso y el dinero que no le enviaba a la santa que tengo por madre era gastado en su mayoría en bebida. No era capaz de hundir esa tristeza, pero seguía bregando por hacerlo. Tenía bastante dinero como para seguir manteniendo esta vida, escribir, beber y dormir era lo único que hacía. Una tarde llegué a casa bastante borracho tras una buena cantidad de cervezas y miré que tenía una carta en mi buzón. Verónica había vuelto, había cambiado de dirección, pero no estaba muy lejos de su anterior residencia. Decidí que no estaba en condiciones de leerla y la puse en mi escritorio para después acostarme. Al día siguiente abrí la carta mientras me tomaba algo para el dolor de cabeza que tenía. Verónica me contaba que se instaló en su nueva dirección con ese hombre, que era muy feliz y que había descubierto cosas que nunca habría pensado hacerlo... ¡Se iba a casar! ¿Cómo podía pasarme esto? Además me invitaba, pone fecha, lugar y... ¡Esto no podía ser cierto! Quería verla, pero no podía, ahora mismo tenía pensamientos enfrentados y podría estar ese diablo que me la ha arrebatado. Tenía que pensar friamente, debo actuar según correspondan las circunstancias. Me voy a comer fuera y a pensar en los dos meses que quedan de cara a la boda.
Llegó el terrible día y en mi mente estaba todo lo que tenía que hacer. Había comprado un buen traje, un bonito regalo y un pack de cervezas que tenía en la nevera. Me vestí, el barbero ayer se encargó de mi barba y de mi pelo. Durante estos dos meses recuperé parte de la forma perdida, tenía mucho mejor aspecto. Bajé a la calle con el traje ya puesto, el pack de cervezas frías en una mano y el regalo en otra y fui a por el coche que me había comprado hace dos semanas, nada ostentoso, un coche clásico; un capricho después de los últimos grandes ingresos por varios relatos publicados. Coloqué todo en el asiento trasero y me dispuse a conducir hasta el lugar del evento, no era una capilla al uso, ya que la boda sería al aire libre y por suerte para la pareja el tiempo les acompañaba. Llegué al lugar y aparqué, tras esto abrí la primera cerveza que poco tiempo me duró. De las seis cervezas que tenía al salir de casa solo quedaban dos cuando salí del coche con el regalo, la primera la bebí antes de entrar en la zona donde se realizaría el evento y con la segunda en mano caminé hasta donde tenía que hacerlo. Pregunté a varios invitados y al final supieron indicarme el lugar al que quería ir. Allí estaba, delante de la puerta donde iba a ocurrir una de las cosas más importantes de mi vida. Llamé a la puerta.
-¿Quién es?-Después de tanto tiempo su voz sonaba tan melodiosa como la primera vez, me mantuve callado saboreando sus palabras después de tanto tiempo.-¿Hay alguien?
-Perdona, soy Rober...-Se hizo el absoluto silencio tras la puerta.-¿Puedo pasar?
-Pasa.-Di un último trago antes de dejar la cerveza escondida tras el marco de la puerta. Abrí la puerta y allí estaba, radiante. El tiempo no había causado ni un mínimo estrago en su belleza y ese vestido parecía una cruel broma del destino dispuesta a castigarme duramente, no podía hacer nada más que mirar boquiabierto a la ninfa que tenía delante.-¿Qué tal estoy?
-Preciosa, pero no te hacía falta el vestido para estarlo. Cuánto tiempo, ¿no?-En ese momento ella se lanzó sobre mi y me dió un abrazo. Un gesto que fue como si me arrancara la piel a tiras en donde nuestros cuerpos contactaban. Respondí al abrazo y noté como la distancia que ahora mismo nos separaba nunca había sido tan grande. Nos separamos y le mostré lo que traía conmigo.-Te he traído un regalo, es un collar. Me van bien las cosas escribiendo.
-No hacía falta, de verdad.
-No pasa nada, tenía ganas de hacerlo. La verdad es que no sé exactamente que decir, es tan complicado. Me jodió mucho cuando me enviaste la invitación, fue un duro golpe...
-Fue todo tan rápido, no supe como decírtelo.
-Te entiendo, no te reprocho nada, ¿cómo fue?
-No sabría explicarlo, solo fue.
-Me alegro de que te vaya todo bien, extrañaba esos dos ojos verdes.-Volvió a abrazarme y en ese momento sabía lo que tenía que hacer. La miré de frente y supe que era mi momento, tomé sus mejillas con ambas manos y deposité un último beso en su frente. Era mi bendición. Ella con los ojos cerrados esbozó una leve sonrisa de aceptación. Me separé de ella y di un par de pasos alejándome de ella.-La verdad es que los extrañé demasiado.
-Rober... Espera...
-Deseo que seas muy feliz, es el mejor regalo que te puedo dar, si te gusta ponte el collar durante la ceremonia.-Caminé rumbo a la puerta.-Me alegro de saber que eres feliz y seguro que te lo dirán mil veces, pero estás preciosa. Gracias por regalarme una última sonrisa.-Cerré la puerta tras de mi, cojí la cerveza y la terminé de un trago. Me dirigí a mi coche aguantando el tipo estoicamente. Conduje a casa y me senté delante de mi máquina de escribir, no escribí nada. Me fui a dormir sabiendo que ella y solo ella era el amor de mi vida.
lunes, 8 de agosto de 2011
miércoles, 27 de julio de 2011
Ella... (2)
Pasaron tres meses desde aquel encuentro con Verónica, nos escribíamos asiduamente, una o dos cartas por semana. Quedamos en varias ocasiones, por las tardes paseábamos y por las noches cenábamos juntos. Pero sus escritos seguían estando por encima de los momentos que pasábamos juntos. Mis misivas iban con la misma ilusión que aquella primera carta que escribí al llegar a casa y que esperé dos días para enviar por pura vergüenza. Yo le cuento mi aburrido día a día y ella me habla sobre su trabajo, los diseños que hace e incluso una vez me envió un boceto de lo que sería un retrato mio. Lo había puesto en un marco que me compré en una tienda cerca de mi piso. La vida era sencilla, yo me sentía animado y había recuperado la pasión por la escritura. Envié muchas cosas, me aceptaron un par de relatos cortos y unos cuantos poemas, empezaba a ganar dinero y pude enviarle por primera vez algo a mi madre. En un par de días volvería a quedar con Verónica de nuevo, no podría ser más feliz.
Los días pasaban conmigo frente a la máquina de escribir o con un bolígrafo en la mano escribiendo o tomando anotaciones y finalmente llegó el día en el que habíamos fijado nuestro encuentro. La gente puede opinar que utilizar una máquina de escribir es manejar un utensilio obsoleto, pero yo disfruto escribiendo en ella como el primer día hace años cuando mi tio me trajo la primera que tuve. Estaba animado porque iba a verla, me afeité y me arreglé el pelo que me cortaron el día anterior. Me puse mis mejores prendas, hoy iba a ser un encuentro importante, le iba a contar que me habían publicado y que por fin convierto mi pasión en mi trabajo. En mis últimas cartas omití cualquier tipo de información con respecto a mis evoluciones como escritor a pesar de su interés, me fue difícil, pero espero que valga la pena. ¡Mi ángel de ojos esmeralda! Tanto tiempo esperando a tener una buena noticia. Primero iremos a pasear y la invitaré a un helado de esos que tanto te gustan, luego charlaremos sobre el paisaje y terminaremos cenando en el lugar donde te contaré la buena nueva. Allí espero recibir otra de esas sonrisas que me han tenido preso de la correspondencia estos últimos meses.
Avanzo caminando por la calle pensando en el plan para todo el día, tenía que ir a buscarla a su portal. De tiempo iba bien, sin problemas ni necesidad de apurarme. Nuestra relación avanzaba lenta, apenas unos besos y nuestros paseos de la mano, pero no le pedía más por el momento. Estoy embelesado por cada detalle de su ser, quiero descubrir hasta el más recóndito secreto de sus besos antes de avanzar a otros mundos. Había estado en su casa escuchando música y charlando, intercambiamos algunos besos y caricias pero me pidió tiempo y lo comprendí, esta mujer se respeta a si misma y no se debe hacer nada contra eso. Llegué a su portal antes de tiempo y ella estaba esperando, llevaba un vestido que superaba las rodillas y que le hacía una bonita figura, radiante. Me mostró una gran sonrisa y así pudo dar comienzo a la gran tarde que nos esperaba.
Caminar juntos sin apenas decirnos nada era agradable; normalmente nos reservamos a estar sentado uno frente al otro para comenzar a parlotear. Disfrutamos del helado mientras me comentaba lo bien que le iba ultimamente en su trabajo, sus diseños estaban gustando y sus superiores estaban muy orgullosos de ella. Esta conversación empezaba a impacientarme, quería contarle sobre mis escritos publicados y que estuviera orgullosa de mi, no podía; tenía que esperar. Llegamos a la cena y fuímos al mismo sitio de la primera vez, no era el mejor; pero creo que llevarla al lugar donde comenzamos a conocernos le hará recordar los buenos momentos de aquella noche y será la guinda a la gran tarde que hemos pasado juntos. Llegamos al postre y pedí unas copas de champán al camarero que me miró extrañado, era conocido en este lugar por no gastar demasiado las pocas veces que iba y el champán casi era el presupuesto entero de alguna de mis últimas visitas.
-¿Estás seguro que...?
-Tranquila, no pasa nada. Hoy quiero darte una buena noticia y por eso he pedido las copas.
-Yo también quería contarte algo, pero tú primero.
-Gracias, pues la verdad es que llevaba tiempo queriendo decirte esto, ¡me han publicado! Me han publicado unos cuantos relatos y unos poemas. Me enviaron un cheque en una carta donde me decían que esperaban más cosas mías. ¡Estoy tan contento!-Alzo la copa pero freno mi ímpetu al recordar que ella me tiene algo que contar y la tomo de la mano.-Pero antes, ¿qué me tenías que decir?
-La verdad es que no se como decirte esto...-De pronto separa su mano de la mía y sé que algo no va bien.-Mis jefes están muy contentos con mi trabajo, me han dicho si podía irme unos meses a Francia o Italia en los desfiles de la marca y de paso aprender del estilo de esos países.-Me mira a los ojos y descubro que esto es muy importante para ella aunque no quiera marcharse.-Esto puede ser un gran paso para mi carrera... No sabía como decírtelo, lo siento.-Se levanta de la mesa con los ojos llorosos y se acerca a mi, me dice algo ininteligible a modo de disculpa, me besa en la mejilla y se va. Otra vez con un beso en la mejilla, esta vez sin poder decirle nada. Se marcha. Yo de momento, pago y me vuelvo a casa caminando, de nuevo solo.
Los días pasaban conmigo frente a la máquina de escribir o con un bolígrafo en la mano escribiendo o tomando anotaciones y finalmente llegó el día en el que habíamos fijado nuestro encuentro. La gente puede opinar que utilizar una máquina de escribir es manejar un utensilio obsoleto, pero yo disfruto escribiendo en ella como el primer día hace años cuando mi tio me trajo la primera que tuve. Estaba animado porque iba a verla, me afeité y me arreglé el pelo que me cortaron el día anterior. Me puse mis mejores prendas, hoy iba a ser un encuentro importante, le iba a contar que me habían publicado y que por fin convierto mi pasión en mi trabajo. En mis últimas cartas omití cualquier tipo de información con respecto a mis evoluciones como escritor a pesar de su interés, me fue difícil, pero espero que valga la pena. ¡Mi ángel de ojos esmeralda! Tanto tiempo esperando a tener una buena noticia. Primero iremos a pasear y la invitaré a un helado de esos que tanto te gustan, luego charlaremos sobre el paisaje y terminaremos cenando en el lugar donde te contaré la buena nueva. Allí espero recibir otra de esas sonrisas que me han tenido preso de la correspondencia estos últimos meses.
Avanzo caminando por la calle pensando en el plan para todo el día, tenía que ir a buscarla a su portal. De tiempo iba bien, sin problemas ni necesidad de apurarme. Nuestra relación avanzaba lenta, apenas unos besos y nuestros paseos de la mano, pero no le pedía más por el momento. Estoy embelesado por cada detalle de su ser, quiero descubrir hasta el más recóndito secreto de sus besos antes de avanzar a otros mundos. Había estado en su casa escuchando música y charlando, intercambiamos algunos besos y caricias pero me pidió tiempo y lo comprendí, esta mujer se respeta a si misma y no se debe hacer nada contra eso. Llegué a su portal antes de tiempo y ella estaba esperando, llevaba un vestido que superaba las rodillas y que le hacía una bonita figura, radiante. Me mostró una gran sonrisa y así pudo dar comienzo a la gran tarde que nos esperaba.
Caminar juntos sin apenas decirnos nada era agradable; normalmente nos reservamos a estar sentado uno frente al otro para comenzar a parlotear. Disfrutamos del helado mientras me comentaba lo bien que le iba ultimamente en su trabajo, sus diseños estaban gustando y sus superiores estaban muy orgullosos de ella. Esta conversación empezaba a impacientarme, quería contarle sobre mis escritos publicados y que estuviera orgullosa de mi, no podía; tenía que esperar. Llegamos a la cena y fuímos al mismo sitio de la primera vez, no era el mejor; pero creo que llevarla al lugar donde comenzamos a conocernos le hará recordar los buenos momentos de aquella noche y será la guinda a la gran tarde que hemos pasado juntos. Llegamos al postre y pedí unas copas de champán al camarero que me miró extrañado, era conocido en este lugar por no gastar demasiado las pocas veces que iba y el champán casi era el presupuesto entero de alguna de mis últimas visitas.
-¿Estás seguro que...?
-Tranquila, no pasa nada. Hoy quiero darte una buena noticia y por eso he pedido las copas.
-Yo también quería contarte algo, pero tú primero.
-Gracias, pues la verdad es que llevaba tiempo queriendo decirte esto, ¡me han publicado! Me han publicado unos cuantos relatos y unos poemas. Me enviaron un cheque en una carta donde me decían que esperaban más cosas mías. ¡Estoy tan contento!-Alzo la copa pero freno mi ímpetu al recordar que ella me tiene algo que contar y la tomo de la mano.-Pero antes, ¿qué me tenías que decir?
-La verdad es que no se como decirte esto...-De pronto separa su mano de la mía y sé que algo no va bien.-Mis jefes están muy contentos con mi trabajo, me han dicho si podía irme unos meses a Francia o Italia en los desfiles de la marca y de paso aprender del estilo de esos países.-Me mira a los ojos y descubro que esto es muy importante para ella aunque no quiera marcharse.-Esto puede ser un gran paso para mi carrera... No sabía como decírtelo, lo siento.-Se levanta de la mesa con los ojos llorosos y se acerca a mi, me dice algo ininteligible a modo de disculpa, me besa en la mejilla y se va. Otra vez con un beso en la mejilla, esta vez sin poder decirle nada. Se marcha. Yo de momento, pago y me vuelvo a casa caminando, de nuevo solo.
miércoles, 20 de julio de 2011
Ella... (1)
No se cuanto tiempo llevo igual. Miro la hora, van a ser las nueve de la noche, ¿cuántas horas llevaré sin pulsar una tecla delante de esta pantalla? Necesito aire, necesito salir de este cuarto convertido en prisión. Si alguien estuviera esperando a que escribiera algo tendría problemas, pero todo ha sido rechazado hasta el momento y sobrevivo con el dinero que me deja mi madre. Paciencia infinita la suya, no entiendo como sigue manteniéndome después de tantos años. Quizás vea en mi lo que los editores o las mujeres no ven, ¡adoro a esa mujer! Me pongo unos vaqueros, me calzo y salgo a la calle sin rumbo fijo.
Deambulo por la calle sin un destino definido, no tengo demasiado dinero asique ni me molesto en pensar en un sitio al que ir a cenar y quizás los bares estén atiborrados de tipos estúpidos recién salidos de su trabajo con los que no podría compartir un trago. Continuo con la caminata intentando sacarme algo de lo que poder sacar una historia para escribir. No tengo ninguna buena idea, ¿qué me pasa? En el colegio todos mis profesores hablaban de mis grandes capacidades narrativas, yo podría ser un gran periodista o escritor por mi gran elocuencia narrativa. ¡Basura! Sus lametones en el culo de nada me sirven, no me van a dar de comer. Choco contra algo, una mujer. Le he tirado una carpeta con unos papeles durante el choque.
-Perdona...
-Tranquilo, yo también iba distraída.
-Espera que te ayudo a recojer este desastre que hemos forma...-Me fijo en ella. Es hermosa, no en la forma en la que esta sociedad idealiza a las mujeres; pero si en la forma que a mi me gustan. Tiene unos ojos verdes preciosos que transmiten calidez y una sonrisa fácil bastante alegre, rasgos faciales alargados pero nada toscos, un pelo castaño brillante y que parece bastante cuidado y un cuerpo largo con unas curvas delicadas pero femeninas. -Disculpa, ¿cómo te llamas?
-Verónica. -Me contesta absorta mientras sigue recojiendo las hojas esparcidas por el suelo mientras yo la ayudo un poco embobado por esos bonitos ojos suyos.
-Me gustaría compensarte por las molestias, ¿te apetece tomar algo?-Acababa de mostrar valor, algo sorprendente en mi. Ella al escuchar la pregunta posa sus dos esmeraldas sobre mi y antes de que pueda decir nada continuo. -A no ser que tengas algo que hacer...
-La verdad esque quería llegar a casa para guardar esto...
-Puedes ir a dejarlo y luego te invito a cenar que ya es la hora y seguro que aun no lo has hecho...
-No quiero ser molestia.
-Tranquila, no es molestia. La molestia fui yo tirando tus cosas.
-Vale gracias, por cierto, ¿cómo te llamas?
-Roberto, llámame Rober si prefieres.
La acompaño al portal de su casa, me dice que espere y sube con esa carpeta llena de papeles que nos llevó hasta esa situación. La chica parece magnífica y por suerte tengo algo de dinero para poder comer fuera aunque tendré que apretarme el cinturón hasta la próxima inyección monetaria de mi madre. No me importa, ahora mismo solo pienso en donde podríamos ir a cenar y tener una buena velada sin que se me escape del presupuesto. Baja y quizás sea la espera o que sea la primera mujer en meses que viene a junto mia, pero está radiante y en su aspecto solo ha cambiado la falta de los documentos que tenía cuando subió. Le indico a donde vamos y decidimos ir andando mientras charlamos.
Llegamos al restaurante, no es nada ostentoso pero es suficientemente bueno como para diferenciarlo de un local de comida rápida. Pedimos ambos agua para beber, yo de un tiempo para aquí estaba intentando beber menos y parece que a ella no le pareció apropiado pedir una bebida distinta a la mia. Mientras esperamos a que nos vuelvan a atender me cuenta sobre su trabajo en una tienda de diseño de moda y sus gustos. Parece una chica muy refinada, buenos gustos en lo musical y lo literario, no coincido en unos cuantos, pero hay que reconocer que es una mujer culta. Yo le comento mis intentos fallidos como escritor y como sobrevivo a pesar de no tener un trabajo propiamente dicho. Pedimos de comer, nada llamativo, carne para mi y una ensalada para ella. Seguimos charlando, esta mujer no puede ser de este mundo. Tan hermosa, tan interesante, tan real... Creo que es el único ataque de valor que ha dado buenos resultados en mi vida. Terminamos la comida y pago a pesar de que insiste en pagar su parte, la cuenta ha sido menos dolorosa de lo que esperaba pero esto me va a costar por lo menos un par de días de comer frutas. Decido acompañarla a su casa y a ella no parece molestarle, llegamos a su portal.
-Bueno, aquí estamos...-Parece ser que mi ingenio con el papel está siendo aplastado por mi ingenio con la lengua. -Ha sido una buena cena.
-Sí, me ha gustado mucho.
-Ha sido un placer chocar contigo.
-Lo mismo digo, se está haciendo tarde.
-Tienes razón, bueno...-Justo cuando iba a continuar me pone una mano en la mejilla y me besa, qué maravilloso beso. Me sentía pletórico y de pronto se separa de mi y se gira dirección su portal.-¡Espera! Podríamos escribirnos, ¿te parece bien?
-Vale.-Se acerca y saca un papel y un bolígrafo de su bolso, anota su dirección y repite el beso pero esta vez en mi mejilla.-Buenas noches.
-Buenas noches, te escribiré.-Se mete en su casa y yo me vuelvo a la mía caminando.
Deambulo por la calle sin un destino definido, no tengo demasiado dinero asique ni me molesto en pensar en un sitio al que ir a cenar y quizás los bares estén atiborrados de tipos estúpidos recién salidos de su trabajo con los que no podría compartir un trago. Continuo con la caminata intentando sacarme algo de lo que poder sacar una historia para escribir. No tengo ninguna buena idea, ¿qué me pasa? En el colegio todos mis profesores hablaban de mis grandes capacidades narrativas, yo podría ser un gran periodista o escritor por mi gran elocuencia narrativa. ¡Basura! Sus lametones en el culo de nada me sirven, no me van a dar de comer. Choco contra algo, una mujer. Le he tirado una carpeta con unos papeles durante el choque.
-Perdona...
-Tranquilo, yo también iba distraída.
-Espera que te ayudo a recojer este desastre que hemos forma...-Me fijo en ella. Es hermosa, no en la forma en la que esta sociedad idealiza a las mujeres; pero si en la forma que a mi me gustan. Tiene unos ojos verdes preciosos que transmiten calidez y una sonrisa fácil bastante alegre, rasgos faciales alargados pero nada toscos, un pelo castaño brillante y que parece bastante cuidado y un cuerpo largo con unas curvas delicadas pero femeninas. -Disculpa, ¿cómo te llamas?
-Verónica. -Me contesta absorta mientras sigue recojiendo las hojas esparcidas por el suelo mientras yo la ayudo un poco embobado por esos bonitos ojos suyos.
-Me gustaría compensarte por las molestias, ¿te apetece tomar algo?-Acababa de mostrar valor, algo sorprendente en mi. Ella al escuchar la pregunta posa sus dos esmeraldas sobre mi y antes de que pueda decir nada continuo. -A no ser que tengas algo que hacer...
-La verdad esque quería llegar a casa para guardar esto...
-Puedes ir a dejarlo y luego te invito a cenar que ya es la hora y seguro que aun no lo has hecho...
-No quiero ser molestia.
-Tranquila, no es molestia. La molestia fui yo tirando tus cosas.
-Vale gracias, por cierto, ¿cómo te llamas?
-Roberto, llámame Rober si prefieres.
La acompaño al portal de su casa, me dice que espere y sube con esa carpeta llena de papeles que nos llevó hasta esa situación. La chica parece magnífica y por suerte tengo algo de dinero para poder comer fuera aunque tendré que apretarme el cinturón hasta la próxima inyección monetaria de mi madre. No me importa, ahora mismo solo pienso en donde podríamos ir a cenar y tener una buena velada sin que se me escape del presupuesto. Baja y quizás sea la espera o que sea la primera mujer en meses que viene a junto mia, pero está radiante y en su aspecto solo ha cambiado la falta de los documentos que tenía cuando subió. Le indico a donde vamos y decidimos ir andando mientras charlamos.
Llegamos al restaurante, no es nada ostentoso pero es suficientemente bueno como para diferenciarlo de un local de comida rápida. Pedimos ambos agua para beber, yo de un tiempo para aquí estaba intentando beber menos y parece que a ella no le pareció apropiado pedir una bebida distinta a la mia. Mientras esperamos a que nos vuelvan a atender me cuenta sobre su trabajo en una tienda de diseño de moda y sus gustos. Parece una chica muy refinada, buenos gustos en lo musical y lo literario, no coincido en unos cuantos, pero hay que reconocer que es una mujer culta. Yo le comento mis intentos fallidos como escritor y como sobrevivo a pesar de no tener un trabajo propiamente dicho. Pedimos de comer, nada llamativo, carne para mi y una ensalada para ella. Seguimos charlando, esta mujer no puede ser de este mundo. Tan hermosa, tan interesante, tan real... Creo que es el único ataque de valor que ha dado buenos resultados en mi vida. Terminamos la comida y pago a pesar de que insiste en pagar su parte, la cuenta ha sido menos dolorosa de lo que esperaba pero esto me va a costar por lo menos un par de días de comer frutas. Decido acompañarla a su casa y a ella no parece molestarle, llegamos a su portal.
-Bueno, aquí estamos...-Parece ser que mi ingenio con el papel está siendo aplastado por mi ingenio con la lengua. -Ha sido una buena cena.
-Sí, me ha gustado mucho.
-Ha sido un placer chocar contigo.
-Lo mismo digo, se está haciendo tarde.
-Tienes razón, bueno...-Justo cuando iba a continuar me pone una mano en la mejilla y me besa, qué maravilloso beso. Me sentía pletórico y de pronto se separa de mi y se gira dirección su portal.-¡Espera! Podríamos escribirnos, ¿te parece bien?
-Vale.-Se acerca y saca un papel y un bolígrafo de su bolso, anota su dirección y repite el beso pero esta vez en mi mejilla.-Buenas noches.
-Buenas noches, te escribiré.-Se mete en su casa y yo me vuelvo a la mía caminando.
martes, 21 de junio de 2011
Esa extraña sensación de...
Había pasado el tiempo suficiente para no acordarme apenas de lo que había pasado entre nosotros, pero insuficiente para olvidarla a ella. Había vuelto al mismo local varias noches, no había bebido esperándola a ella, no quería perderme ningún detalle, no apareció. Había perdido la esperanza, solo podía volver a beber. Al fondo del vaso no encontraría a Carol, pero era la única forma de olvidar que en una noche perdí a dos mujeres. Se podría escribir un libro con eso, pero hasta la escritura me había abandonado, hacía meses que no conseguía unir más de tres oraciones con sentido. Había tocado fondo.
Estaba otra vez en el bar, para buscarla. Esta noche estaba bebiendo y el ritmo era alarmante. A las dos horas de llegar el camarero empezaba a negarse a servirme una copa. Tengo dinero, termina accediendo. Esta noche solo toca la banda, nada de mi ardiente Carol. Bebo y pienso en ellas. La mujer que me abandonó porque me consideraba un fracasado y la mujer que me abandonó antes de que la conociera. ¿En qué clase de triste hombrecillo me había convertido? Yo me jactaba de haber sido alguien, de haber tenido talento, ¿dónde está todo ese talento? Veo que mi dinero empieza a escasear y pido una cerveza. Realmente he tocado fondo, borracho en un bar buscando a una mujer que no es si volverá. En todo este tiempo ni valor he tenido para preguntarle al camarero por ella. Creo que nunca seré capaz. ¿Qué mal haría preguntando por ella? Debería hacerlo, ¿Quién me lo impide? ¡Nadie! Debería, debería... Escucho como alguien entra en la sala, ¡es ella! Carol, la bella Carol. Su cabello carmesí y su carmín la delata. Lleva un abrigo que se quita nada más entrar mostrando un vestido muy ceñido negro que realza aun más su silueta, camina con decisión por la sala pero algo ha cambiado en esa mujer que desprendía el calor de un incendio, algo se ha apagado en ella. Se sienta en la barra no muy lejos de donde me encuentro y pide un Martini. Me acerco a ella cerveza en mano.
-Disculpa.-Me siento a su lado y mientras me acomodo añado.-¿Qué tal es...?
-Lo siento, ahora mismo no ten...-Me mira y se queda callada un momento como si acabara de presenciar la aparición de un muerto.-Sientate por favor.
-Gracias, ¿qué tal te va?
-¿Rober no?-Asiento con un poco de tristeza, ¿se había olvidado de mi? ¿Había borrado la noche que compartimos?-Lo siento, siento lo de aquella noche. Lo que hice...
-Al día siguiente no entendía nada, ¿por qué?
-Lo siento, estaba confundida. ¿No has cometido nunca un error?-En ese momento recordé como horas antes de mi encuentro con ella había cometido el error que me había llevado a ese bar, como había dejado marchar a la que pensaba que era la mujer de mi vida, fui estúpido pero en mi error el malparado terminé siendo yo.-Había tenido un mal día, estaba pasando un mal momento... Me había dejado y yo... Yo... No sabía que hacer, apareciste borracho y fuiste amable. No sabía que hacer. Luego me puse nerviosa, ¿y si él aparecía? No podía fastidiarlo todo... Lo siento, es lo único que te puedo decir.
-¿Fastidiarlo? No te entiendo, no entiendo nada. Pero, ¿dejarme así y largarte?
-Estaba en un mal momento.-Parece bastante triste y yo me ablando, da un trago a su copa .-Agradezco lo que hiciste por mi esa noche. ¿Quieres una copa? Invito yo.
-No hace falta, en serio. ¿Estás bien?
-Si, bueno, si. ¿De verdad no quieres la copa?
-¿Qué pasa? ¿Por qué no volviste antes?
-La verdad esque hoy tenía algo que hacer...-Mira la hora y posteriormente a la puerta como si estuviera esperando que entrase alguien y que la salvara de mi.-Da igual, ¿te apetece qué charlemos y bebamos? No se me ocurre otra forma de disculparme.
-Perfecto, ¿puedes pedirme un whisky con hielo?
-Claro, lo que quieras. La suerte me ha vuelto a sonreir en mi carrera...
-¿De verdad? ¡Me alegro mucho! Voy un momento al baño y me cuentas...
-Bien.-Entra alguien en el bar, un hombre, no lo he visto en todas las semanas que he venido buscando a Carol. Ella me besa.-Te espero...
Voy al baño echando miradas furtivas cada dos pasos a Carol, ¡qué hermosa mujer! ¡Es un ángel! Podría pasar toda mi vida bebiendo y escuchándola. Orino intentando estar el menor tiempo posible, me salpico un poco y me labo las manos. Me miro en el espejo, mojo mis manos y arreglo un poco mi pelo. Tengo un aspecto terrible, ¿cuánto tiempo llevaré sin afeitarme? No importa, me ha besado. No hay lugar para las dudas. Ahora saldré a por esa copa y a por esa mujer. Salgo del baño confiado. ¡No está! ¿Dónde estás dulce Carol? Me lanzo sobre la barra y le pregunto por ella al camarero, me dice que pagó mi copa y que se fue con un hombre. Salgo rapidamente por la puerta y la veo caminando agarrada al hombre que no reconocía. ¿Sería su productor? ¿Ese hombre volvía a tirar de las cuerdas de su vida como si se tratase de una marioneta? Están demasiado lejos, no hay nada que hacer. Realmente me ha vuelto a dejar, entro, me siento, miro la copa delante de mis narices y disfruto de lo único que me queda de ella.
Estaba otra vez en el bar, para buscarla. Esta noche estaba bebiendo y el ritmo era alarmante. A las dos horas de llegar el camarero empezaba a negarse a servirme una copa. Tengo dinero, termina accediendo. Esta noche solo toca la banda, nada de mi ardiente Carol. Bebo y pienso en ellas. La mujer que me abandonó porque me consideraba un fracasado y la mujer que me abandonó antes de que la conociera. ¿En qué clase de triste hombrecillo me había convertido? Yo me jactaba de haber sido alguien, de haber tenido talento, ¿dónde está todo ese talento? Veo que mi dinero empieza a escasear y pido una cerveza. Realmente he tocado fondo, borracho en un bar buscando a una mujer que no es si volverá. En todo este tiempo ni valor he tenido para preguntarle al camarero por ella. Creo que nunca seré capaz. ¿Qué mal haría preguntando por ella? Debería hacerlo, ¿Quién me lo impide? ¡Nadie! Debería, debería... Escucho como alguien entra en la sala, ¡es ella! Carol, la bella Carol. Su cabello carmesí y su carmín la delata. Lleva un abrigo que se quita nada más entrar mostrando un vestido muy ceñido negro que realza aun más su silueta, camina con decisión por la sala pero algo ha cambiado en esa mujer que desprendía el calor de un incendio, algo se ha apagado en ella. Se sienta en la barra no muy lejos de donde me encuentro y pide un Martini. Me acerco a ella cerveza en mano.
-Disculpa.-Me siento a su lado y mientras me acomodo añado.-¿Qué tal es...?
-Lo siento, ahora mismo no ten...-Me mira y se queda callada un momento como si acabara de presenciar la aparición de un muerto.-Sientate por favor.
-Gracias, ¿qué tal te va?
-¿Rober no?-Asiento con un poco de tristeza, ¿se había olvidado de mi? ¿Había borrado la noche que compartimos?-Lo siento, siento lo de aquella noche. Lo que hice...
-Al día siguiente no entendía nada, ¿por qué?
-Lo siento, estaba confundida. ¿No has cometido nunca un error?-En ese momento recordé como horas antes de mi encuentro con ella había cometido el error que me había llevado a ese bar, como había dejado marchar a la que pensaba que era la mujer de mi vida, fui estúpido pero en mi error el malparado terminé siendo yo.-Había tenido un mal día, estaba pasando un mal momento... Me había dejado y yo... Yo... No sabía que hacer, apareciste borracho y fuiste amable. No sabía que hacer. Luego me puse nerviosa, ¿y si él aparecía? No podía fastidiarlo todo... Lo siento, es lo único que te puedo decir.
-¿Fastidiarlo? No te entiendo, no entiendo nada. Pero, ¿dejarme así y largarte?
-Estaba en un mal momento.-Parece bastante triste y yo me ablando, da un trago a su copa .-Agradezco lo que hiciste por mi esa noche. ¿Quieres una copa? Invito yo.
-No hace falta, en serio. ¿Estás bien?
-Si, bueno, si. ¿De verdad no quieres la copa?
-¿Qué pasa? ¿Por qué no volviste antes?
-La verdad esque hoy tenía algo que hacer...-Mira la hora y posteriormente a la puerta como si estuviera esperando que entrase alguien y que la salvara de mi.-Da igual, ¿te apetece qué charlemos y bebamos? No se me ocurre otra forma de disculparme.
-Perfecto, ¿puedes pedirme un whisky con hielo?
-Claro, lo que quieras. La suerte me ha vuelto a sonreir en mi carrera...
-¿De verdad? ¡Me alegro mucho! Voy un momento al baño y me cuentas...
-Bien.-Entra alguien en el bar, un hombre, no lo he visto en todas las semanas que he venido buscando a Carol. Ella me besa.-Te espero...
Voy al baño echando miradas furtivas cada dos pasos a Carol, ¡qué hermosa mujer! ¡Es un ángel! Podría pasar toda mi vida bebiendo y escuchándola. Orino intentando estar el menor tiempo posible, me salpico un poco y me labo las manos. Me miro en el espejo, mojo mis manos y arreglo un poco mi pelo. Tengo un aspecto terrible, ¿cuánto tiempo llevaré sin afeitarme? No importa, me ha besado. No hay lugar para las dudas. Ahora saldré a por esa copa y a por esa mujer. Salgo del baño confiado. ¡No está! ¿Dónde estás dulce Carol? Me lanzo sobre la barra y le pregunto por ella al camarero, me dice que pagó mi copa y que se fue con un hombre. Salgo rapidamente por la puerta y la veo caminando agarrada al hombre que no reconocía. ¿Sería su productor? ¿Ese hombre volvía a tirar de las cuerdas de su vida como si se tratase de una marioneta? Están demasiado lejos, no hay nada que hacer. Realmente me ha vuelto a dejar, entro, me siento, miro la copa delante de mis narices y disfruto de lo único que me queda de ella.
lunes, 16 de mayo de 2011
Ardiendo
Estaba bebiendo, ¿por qué no lo iba a hacer? Ella ya no estaba a mi lado para impedírmelo. Se había marchado, para siempre dijo, otra vez. No quiero que vuelva, hoy escojo la bebida antes que mil noches a su lado. Doy un buen trago a mi copa, la barra es un lugar tétrico pero ahora mismo no podría sentirme más cómodo en ningún otro lugar. En el escenario toca la banda, nada que llame mi atención. La mayoría de la gente en sus asientos y pocas parejas valientes se atreven a bailar algo en la pequeña pista. Sigo bebiendo, se marchó, ¿qué más da? ¡No la necesito! Ella cree que si, ¡qué se vaya a la mierda! Vuelvo a beber. Necesito distraerme, pido otra copa. Parece que va a ser una noche muy larga.
Sigo bebiendo, ya son las dos de la mañana. Mi estado, preocupante; el camarero cada vez le cuesta más servirme una copa. Un tipo sube al escenario y anuncia algo, una cantante o algo así. Entonces aparece, ¡qué mujer! Zapatos rojos, piernas largas de ensueño, vestido rojo ajustado que empieza en la mitad de sus muslos y termina justo por encima de sus senos, labios muy rojos y un cabello de un rojo que semeja sangre. Tengo que cerrar la mandíbula. Doy un trago largo y la vuelvo a mirar sin olvidarme ni uno de sus detalles. Se presenta con una voz dulce, no alcanzo a escuchar su nombre. Suena la música y se empieza a mover a su son. Canta. ¡Qué hermosa voz! No puedo apartar la mirada, mi copa se ha terminado y no puedo sacar mis ojos de esa mujer. Es como una llama en la noche, su movimiento embruja y su sonido semeja al de una sirena. Termina su primera canción, la mayoría de los hombres del local aplauden calurosamente. Estaba claro, una mujer así no solo captaría mi atención, esa lengua de fuego ha calentado a todos los hombres del local. Desde esos zapatos rojos hasta esa melena que hace que la ira y la vergüenza tengan que cambiar de color. Sus caderas se mueven como la llama de una fogata en el desierto. ¡Y sus labios! Esos labios tan rojos y tan apetecibles como la manzana del pecado de Adán y Eva. ¿Qué podría hacer yo ante una mujer así? Todos los hombres del local a su merced y yo sueño con un ángel de esa magnitud, soy un pobre diablo al que acaban de abandonar y que apenas es capaz de ganar el dinero suficiente como para vivir. Pido otra copa desalentado.
Pasan las canciones. Termina su actuación, tomo otra copa más. Pago, me levanto y me voy. Durante su canto de sirena apenas bebí, apenas noto los efectos del alcohol, mejor; el camino a mi casa va a ser largo. Pienso en lo triste de que te abandonen y en la cantante. ¡Qué hermosa mujer! Quizás valió la pena ser abandonado por haberla descubierto. Sigo caminando. Debo de estar bastante borracho, ¡la estoy viendo! ¡La mujer de rojo delante de mis ojos! ¿Es un espejismo? Me acerco incrédulo, está sentada en un portal y parece que está llorando. ¿Qué le podría pasar a esta belleza para llorar en medio de la noche en la calle? Me acerco un poco más y se percata de mi presencia. Se limpia las lágrimas de las mejillas. Sigue siendo igual de hermosa que en el bar.
-¿Estás bien?-¿Cómo va a estar bien si está llorando? No me había percatado de lo estúpido de esta pregunta hasta hoy.-Si quieres...
-No pasa nada, gracias
-Has estado muy bien.
-¿Qué?
-Antes, en el bar. Disfruté mucho con tu actuación, fue un válsamo para un corazón roto.
-Ah, gracias.
-Lo digo enserio, si puedo hacer algo por ti.
-No hace falta, de verdad.
-Entonces nada.-Continuo mi camino con el alma por los suelos. ¿Cómo se me podía haber pasado por la cabeza que una mujer así iba a querer pasar un rato siquiera conmigo? Mi estupidez no conoces límites.
-¡Espera! ¿Cómo te llamas?-En ese momento me giro ante su llamada, ella se había levantado y podía ver más cerca que nunca esa belleza rojiza en todo su esplendor.
-Roberto, pero me llaman Rober.-Intenté esbozar una sonrisa.-¿Y tú?
-Carol, ¿y qué te ha pasado a ti?
-¿A mi?
-Claro, ¿qué clase de herida de corazón he aliviado?-Parecía que su tristeza se había marchado, a veces me sorprende la fortaleza de las mujeres, pasan de la más absoluta tristeza a un estado de entereza loable.
-Es una larga historia, no se si te puede interesar.
-¿Te apetece subir a mi casa y tomar una copa mientras me lo cuentas?
Subimos a su apartamento, es un lugar pequeño pero acojedor, tiene montones de discos de música en sus estanterías en contraposición a los libros que llenan las mias. Me sirve un combinado con vodka y se prepara otro para ella. Bebemos y charlamos. Le cuento como he sido abandonado y permanece atenta a toda mi historia, le pregunto por la suya y se hace un pequeño silencio. Me cuenta que ella también había sido abandonada, pero por su productor, le había prometido conciertos, sacar un disco, giras por todo el pais y se había largado con su sueño y bastante dinero. Seguimos bebiendo, hablamos sobre nosotros; sobre como ella quería cantar y como yo iría a todos sus conciertos. Me besa, sus rojos labios hacen que mi cuerpo arda. Me abraso y me lanzo a por esa llama con toda mi alma. Esta noche quiero arder. Me lleva a su cuarto y me zambullo en su fragancia, que hermoso perfume que embota mis sentidos. Hemos bebido mucho, no sé si esto está bien, pero lo estamos haciendo. Su cuerpo es espectácular, la beso. Nos quemamos. Dormimos.
Me despierto en mi piso, en mi cama. ¿Cómo he llegado aquí? No entiendo nada, me levanto y busco indicios de ella por las habitaciones. Nada. Vuelvo a mi cuarto y encuentro un disco con su foto y la marca de un beso con carmín rojo, huele a ella.
Sigo bebiendo, ya son las dos de la mañana. Mi estado, preocupante; el camarero cada vez le cuesta más servirme una copa. Un tipo sube al escenario y anuncia algo, una cantante o algo así. Entonces aparece, ¡qué mujer! Zapatos rojos, piernas largas de ensueño, vestido rojo ajustado que empieza en la mitad de sus muslos y termina justo por encima de sus senos, labios muy rojos y un cabello de un rojo que semeja sangre. Tengo que cerrar la mandíbula. Doy un trago largo y la vuelvo a mirar sin olvidarme ni uno de sus detalles. Se presenta con una voz dulce, no alcanzo a escuchar su nombre. Suena la música y se empieza a mover a su son. Canta. ¡Qué hermosa voz! No puedo apartar la mirada, mi copa se ha terminado y no puedo sacar mis ojos de esa mujer. Es como una llama en la noche, su movimiento embruja y su sonido semeja al de una sirena. Termina su primera canción, la mayoría de los hombres del local aplauden calurosamente. Estaba claro, una mujer así no solo captaría mi atención, esa lengua de fuego ha calentado a todos los hombres del local. Desde esos zapatos rojos hasta esa melena que hace que la ira y la vergüenza tengan que cambiar de color. Sus caderas se mueven como la llama de una fogata en el desierto. ¡Y sus labios! Esos labios tan rojos y tan apetecibles como la manzana del pecado de Adán y Eva. ¿Qué podría hacer yo ante una mujer así? Todos los hombres del local a su merced y yo sueño con un ángel de esa magnitud, soy un pobre diablo al que acaban de abandonar y que apenas es capaz de ganar el dinero suficiente como para vivir. Pido otra copa desalentado.
Pasan las canciones. Termina su actuación, tomo otra copa más. Pago, me levanto y me voy. Durante su canto de sirena apenas bebí, apenas noto los efectos del alcohol, mejor; el camino a mi casa va a ser largo. Pienso en lo triste de que te abandonen y en la cantante. ¡Qué hermosa mujer! Quizás valió la pena ser abandonado por haberla descubierto. Sigo caminando. Debo de estar bastante borracho, ¡la estoy viendo! ¡La mujer de rojo delante de mis ojos! ¿Es un espejismo? Me acerco incrédulo, está sentada en un portal y parece que está llorando. ¿Qué le podría pasar a esta belleza para llorar en medio de la noche en la calle? Me acerco un poco más y se percata de mi presencia. Se limpia las lágrimas de las mejillas. Sigue siendo igual de hermosa que en el bar.
-¿Estás bien?-¿Cómo va a estar bien si está llorando? No me había percatado de lo estúpido de esta pregunta hasta hoy.-Si quieres...
-No pasa nada, gracias
-Has estado muy bien.
-¿Qué?
-Antes, en el bar. Disfruté mucho con tu actuación, fue un válsamo para un corazón roto.
-Ah, gracias.
-Lo digo enserio, si puedo hacer algo por ti.
-No hace falta, de verdad.
-Entonces nada.-Continuo mi camino con el alma por los suelos. ¿Cómo se me podía haber pasado por la cabeza que una mujer así iba a querer pasar un rato siquiera conmigo? Mi estupidez no conoces límites.
-¡Espera! ¿Cómo te llamas?-En ese momento me giro ante su llamada, ella se había levantado y podía ver más cerca que nunca esa belleza rojiza en todo su esplendor.
-Roberto, pero me llaman Rober.-Intenté esbozar una sonrisa.-¿Y tú?
-Carol, ¿y qué te ha pasado a ti?
-¿A mi?
-Claro, ¿qué clase de herida de corazón he aliviado?-Parecía que su tristeza se había marchado, a veces me sorprende la fortaleza de las mujeres, pasan de la más absoluta tristeza a un estado de entereza loable.
-Es una larga historia, no se si te puede interesar.
-¿Te apetece subir a mi casa y tomar una copa mientras me lo cuentas?
Subimos a su apartamento, es un lugar pequeño pero acojedor, tiene montones de discos de música en sus estanterías en contraposición a los libros que llenan las mias. Me sirve un combinado con vodka y se prepara otro para ella. Bebemos y charlamos. Le cuento como he sido abandonado y permanece atenta a toda mi historia, le pregunto por la suya y se hace un pequeño silencio. Me cuenta que ella también había sido abandonada, pero por su productor, le había prometido conciertos, sacar un disco, giras por todo el pais y se había largado con su sueño y bastante dinero. Seguimos bebiendo, hablamos sobre nosotros; sobre como ella quería cantar y como yo iría a todos sus conciertos. Me besa, sus rojos labios hacen que mi cuerpo arda. Me abraso y me lanzo a por esa llama con toda mi alma. Esta noche quiero arder. Me lleva a su cuarto y me zambullo en su fragancia, que hermoso perfume que embota mis sentidos. Hemos bebido mucho, no sé si esto está bien, pero lo estamos haciendo. Su cuerpo es espectácular, la beso. Nos quemamos. Dormimos.
Me despierto en mi piso, en mi cama. ¿Cómo he llegado aquí? No entiendo nada, me levanto y busco indicios de ella por las habitaciones. Nada. Vuelvo a mi cuarto y encuentro un disco con su foto y la marca de un beso con carmín rojo, huele a ella.
martes, 26 de abril de 2011
Cadena de dolor
Llevo tres dosis de medicina para días tristes, whiskys dobles con hielo para los no conocedores. Había sido un día duro en el trabajo. Mi cuerpo y mi mente están al límite del agotamiento y la única recompensa recibida ha sido una amonestación verbal y económica por parte de mi jefe. Ese cabrón la tiene tomada conmigo. Pido otra copa. ¿Qué le he hecho? Hoy llegué puntual, hice todo lo que tenía que hacer y como cada dos semanas vino a inspeccionar mi trabajo y descargó toda su ira en mi. ¡Hijo de perra! Bebo de golpe mi copa y pido otra sin dejar de sumergirme más en mis pensamientos.
Tres copas más tarde me incorporé de mi butaca y pagué con un billete mis consumiciones. Estaba claramente perjudicado por el alcohol, pero tenía que llegar a casa. Allí me espera mi dulce Clara. Ella me traerá una cerveza con su mejor sonrisa, me besará y me dirá que no pasa nada. Luego me regalará su cuerpo y podré sorportar despertar otro día más en esta vida y el dolor de cabeza que tendré mañana. Puede que sea la euforia de la bebida, pero al pensar en mi amada los pies no pesan tanto, los problemas no causan tanto malestar y los gritos de mi jefe semejan estar en un pasado muy lejano. Me siento vivo, solo la idea de llegar a casa y sumergirme en ella hace que toda la furia se escape como el aire por la boca tras cada paso jadeante, como el sudor por mis poros o mi perfume en el aire. Llego a casa y nada puede salir mal, intento disimular mi estado al abrir la puerta, me resulta muy complicado y acaba abriéndome la puerta. Allí está ella, radiante como cada mañana, fabulosa como antes de que me vaya a trabajar, irresistible como cuando vuelvo a la hora de comer y simplemente mágica como cuando me recibe después de mi jornada de trabajo. ¿Cómo podría estar ella conmigo? Soy un desastre como hombre y como ser humano. Intento esbozar una sonrisa y me descalzo, ella a pesar de notar mi aliento me recibe con una cerveza. ¿Es un regalo de los Dioses para compensar una vida tan miserable? La beso, se aparta muy rápido. No entiendo nada, intento besarla de nuevo y se aparta. ¿Qué pasa? ¿Ya no me ama? ¿Por qué no me deja tomar lo que es mio? ¿Acaso no es ella mi bendición? Tercer intento y esta vez después de apartarse se gira y se va al salón. Noto como toda la furia que había dejado atrás vuelve, pero intento alejarme de ella. Le doy un trago a la cerveza, está fresca, está deliciosa pero en este momento me produce arcadas. ¿Qué he hecho? No, yo no he podido ser. ¡Hay otro! ¡Tiene que ser eso! A lo mejor tuvo un mal día o le dieron una mala noticia. Pero no es culpa mia. Voy a sentarme a su lado.
-¿Estás bien? Te noto... ¿Distante?-No pasa nada.
-Puedes contármelo...-Intento besarla pero su mano se interpone de nuevo.-¿Acaso ya no me amas?
-Estás borracho, dejémoslo...
-¿No me amas? Dímelo.
-Estás borracho...
-¡Dímelo!
-Estás borrac...-En ese momento mis palabras se transformaron en puños, la golpee, no entiendo por qué lo hice, pero lo hice. Mi puño machacó su mejilla derecha y durante un instante noté un silencio infernal.
-Lo... Lo...Lo siento...-¿Qué había hecho? Acababa de golpear a mi ángel. ¿Cómo podía haber hecho eso? ¡Señor si estás allí arriba mátame! Me incorporé sin decir nada más, mis puños apretados y me marché sin decir otra palabra. Mientras me marchaba pude ver como lloraba y me sentí aun peor.
Salí a la calle y mi primera idea fue ir a un bar, la descarté; el alcohol me había llevado hasta este punto. Soy un Diablo, soy el mismísimo Demonio y mi puño es el tridente. Ella no había hecho nada malo. Ella no tenía la culpa, soy basura. Me aparté a un callejón y vomité. Era muy tarde, fui a casa de mi amigo más cercano, me dejó entrar sin tener que darle demasiadas explicaciones. Me preparó una cama improvisada en uno de sus sofás. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo había podido apuñalar así a mi propia alma? Ella no es solo una mujer, era todo lo que necesitaba. Ahora se irá, o se lo dirá a alguien, estoy condenado. La gente como yo no merece estar entre otras personas. ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¡La culpa es de mi jefe! ¡De la bebida! ¡Mi jefe! ¡Maldito bastardo! Él descarga su furia en mi y yo como un estúpido he golpeado a quien menos se lo merece. He continuado su cadena de dolor. Seguro que a él también le joden, seguro que es un eslabón más. ¿Yo dónde quedo? ¿Hasta dónde llegará? ¿Qué hará mi dulce Clara? ¡Soy despreciable! Tengo que hacer algo. Mañana es sabádo, no trabajo. Tengo que solucionarlo. ¡Ya se! La llevaré a comer al restaurante de nuestra primera cita. La llevaré a dar un paseo o al cine. Tengo que recuperarla. ¡No puedo perderla! ¿Qué he hecho? ¡Me doy asco! Intento dormir un par de horas.
Me despierto temprano, me ducho e intento arreglarme con lo poco que pude cojer antes de salir de casa. Agradezco a mi amigo su hospitalidad y que no me preguntará sobre lo sucedido. Voy a preparar todo. Voy al restaurante, reservo mesa. ¡Perfecto! ¡La voy a recuperar! Ella lo entenderá, sabrá que no lo hice queriendo. ¡La amo! ¡Amo a esa mujer más que a mi vida! Voy al cine, compro dos entradas para la sesión de la tarde y otras dos para la de la noche. Le dejaré escojer a donde ir a cenar, soy un genio. ¿Dónde hay una floristería? ¡Ya se! Voy a la floristería, el ramo de rosas rojas más grande que tenga. ¡Todo es poco para mi Clara! Antes de ir a casa me paro en todas las cristaleras para revisar mi aspecto. ¡Me va a perdonar! ¡Me va a perdonar! No soy mala persona, solo soy un eslabón más en esta estúpida cadena de dolor. Llego a mi edificio. Estoy nervioso. Un escalofrío por toda mi espalda al abrir el portal. Subo las escaleras con el ramo en las manos. Saco las llaves del pantalón, noto el aroma de que está cocinando algo y el sonido de sus pasos. Ya dejaremos eso que esté cocinando para la cena. Abro la puerta, ella está de nuevo para recibirme. Tiene la mejilla derecha inchada y un tono triste en su mirada. Mis ojos se humedecen. Mi preciosa Clarita, sonríe. ¡He vuelto! ¡Perdóname! ¡Te amo!
-Te he traído...-Noto que oculta algo a su espalda.-Te he traído este ramo de flores cariño. Sé que no es suficiente, pero ya verás el maravilloso día que nos esp...
-Lo siento, yo... Yo... Yo...-Se acerca bruscamente hacia mi. Noto una punzada de dolor en mi estomago.-Yo no quiero ser como esas mujeres de la tele...-Miro para abajo y sus manos sostienen un cuchillo que se clava en mi abdomen. ¿Por qué me haces esto? ¿Acaso no quieres comer conmigo? ¿No te apetece ir al cine? ¿Ya no me amas? Yo quería... Yo quería...
-Pero... ¿Por qué?-Veo las lágrimas en sus mejilas, como la lágrima de su mejilla derecha parece quemarle la cara. Me duele y me caigo de espaldas. Vuelvo a mirar el cuchillo y está lleno de sangre, mis manos tienen sangre. Me tumbo. ¿Por qué? Yo iba a solucionar todo. ¡Íbamos a ser felices! ¡Te amo! ¿Por qué termina así? No tengo fuerzas para decirte todo esto, pero ¡te amo! Creo que yo también lloro, ya no la veo. Escucho sus lamentos a lo lejos. Se rompe esta cadena.
Tres copas más tarde me incorporé de mi butaca y pagué con un billete mis consumiciones. Estaba claramente perjudicado por el alcohol, pero tenía que llegar a casa. Allí me espera mi dulce Clara. Ella me traerá una cerveza con su mejor sonrisa, me besará y me dirá que no pasa nada. Luego me regalará su cuerpo y podré sorportar despertar otro día más en esta vida y el dolor de cabeza que tendré mañana. Puede que sea la euforia de la bebida, pero al pensar en mi amada los pies no pesan tanto, los problemas no causan tanto malestar y los gritos de mi jefe semejan estar en un pasado muy lejano. Me siento vivo, solo la idea de llegar a casa y sumergirme en ella hace que toda la furia se escape como el aire por la boca tras cada paso jadeante, como el sudor por mis poros o mi perfume en el aire. Llego a casa y nada puede salir mal, intento disimular mi estado al abrir la puerta, me resulta muy complicado y acaba abriéndome la puerta. Allí está ella, radiante como cada mañana, fabulosa como antes de que me vaya a trabajar, irresistible como cuando vuelvo a la hora de comer y simplemente mágica como cuando me recibe después de mi jornada de trabajo. ¿Cómo podría estar ella conmigo? Soy un desastre como hombre y como ser humano. Intento esbozar una sonrisa y me descalzo, ella a pesar de notar mi aliento me recibe con una cerveza. ¿Es un regalo de los Dioses para compensar una vida tan miserable? La beso, se aparta muy rápido. No entiendo nada, intento besarla de nuevo y se aparta. ¿Qué pasa? ¿Ya no me ama? ¿Por qué no me deja tomar lo que es mio? ¿Acaso no es ella mi bendición? Tercer intento y esta vez después de apartarse se gira y se va al salón. Noto como toda la furia que había dejado atrás vuelve, pero intento alejarme de ella. Le doy un trago a la cerveza, está fresca, está deliciosa pero en este momento me produce arcadas. ¿Qué he hecho? No, yo no he podido ser. ¡Hay otro! ¡Tiene que ser eso! A lo mejor tuvo un mal día o le dieron una mala noticia. Pero no es culpa mia. Voy a sentarme a su lado.
-¿Estás bien? Te noto... ¿Distante?-No pasa nada.
-Puedes contármelo...-Intento besarla pero su mano se interpone de nuevo.-¿Acaso ya no me amas?
-Estás borracho, dejémoslo...
-¿No me amas? Dímelo.
-Estás borracho...
-¡Dímelo!
-Estás borrac...-En ese momento mis palabras se transformaron en puños, la golpee, no entiendo por qué lo hice, pero lo hice. Mi puño machacó su mejilla derecha y durante un instante noté un silencio infernal.
-Lo... Lo...Lo siento...-¿Qué había hecho? Acababa de golpear a mi ángel. ¿Cómo podía haber hecho eso? ¡Señor si estás allí arriba mátame! Me incorporé sin decir nada más, mis puños apretados y me marché sin decir otra palabra. Mientras me marchaba pude ver como lloraba y me sentí aun peor.
Salí a la calle y mi primera idea fue ir a un bar, la descarté; el alcohol me había llevado hasta este punto. Soy un Diablo, soy el mismísimo Demonio y mi puño es el tridente. Ella no había hecho nada malo. Ella no tenía la culpa, soy basura. Me aparté a un callejón y vomité. Era muy tarde, fui a casa de mi amigo más cercano, me dejó entrar sin tener que darle demasiadas explicaciones. Me preparó una cama improvisada en uno de sus sofás. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cómo había podido apuñalar así a mi propia alma? Ella no es solo una mujer, era todo lo que necesitaba. Ahora se irá, o se lo dirá a alguien, estoy condenado. La gente como yo no merece estar entre otras personas. ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? ¡La culpa es de mi jefe! ¡De la bebida! ¡Mi jefe! ¡Maldito bastardo! Él descarga su furia en mi y yo como un estúpido he golpeado a quien menos se lo merece. He continuado su cadena de dolor. Seguro que a él también le joden, seguro que es un eslabón más. ¿Yo dónde quedo? ¿Hasta dónde llegará? ¿Qué hará mi dulce Clara? ¡Soy despreciable! Tengo que hacer algo. Mañana es sabádo, no trabajo. Tengo que solucionarlo. ¡Ya se! La llevaré a comer al restaurante de nuestra primera cita. La llevaré a dar un paseo o al cine. Tengo que recuperarla. ¡No puedo perderla! ¿Qué he hecho? ¡Me doy asco! Intento dormir un par de horas.
Me despierto temprano, me ducho e intento arreglarme con lo poco que pude cojer antes de salir de casa. Agradezco a mi amigo su hospitalidad y que no me preguntará sobre lo sucedido. Voy a preparar todo. Voy al restaurante, reservo mesa. ¡Perfecto! ¡La voy a recuperar! Ella lo entenderá, sabrá que no lo hice queriendo. ¡La amo! ¡Amo a esa mujer más que a mi vida! Voy al cine, compro dos entradas para la sesión de la tarde y otras dos para la de la noche. Le dejaré escojer a donde ir a cenar, soy un genio. ¿Dónde hay una floristería? ¡Ya se! Voy a la floristería, el ramo de rosas rojas más grande que tenga. ¡Todo es poco para mi Clara! Antes de ir a casa me paro en todas las cristaleras para revisar mi aspecto. ¡Me va a perdonar! ¡Me va a perdonar! No soy mala persona, solo soy un eslabón más en esta estúpida cadena de dolor. Llego a mi edificio. Estoy nervioso. Un escalofrío por toda mi espalda al abrir el portal. Subo las escaleras con el ramo en las manos. Saco las llaves del pantalón, noto el aroma de que está cocinando algo y el sonido de sus pasos. Ya dejaremos eso que esté cocinando para la cena. Abro la puerta, ella está de nuevo para recibirme. Tiene la mejilla derecha inchada y un tono triste en su mirada. Mis ojos se humedecen. Mi preciosa Clarita, sonríe. ¡He vuelto! ¡Perdóname! ¡Te amo!
-Te he traído...-Noto que oculta algo a su espalda.-Te he traído este ramo de flores cariño. Sé que no es suficiente, pero ya verás el maravilloso día que nos esp...
-Lo siento, yo... Yo... Yo...-Se acerca bruscamente hacia mi. Noto una punzada de dolor en mi estomago.-Yo no quiero ser como esas mujeres de la tele...-Miro para abajo y sus manos sostienen un cuchillo que se clava en mi abdomen. ¿Por qué me haces esto? ¿Acaso no quieres comer conmigo? ¿No te apetece ir al cine? ¿Ya no me amas? Yo quería... Yo quería...
-Pero... ¿Por qué?-Veo las lágrimas en sus mejilas, como la lágrima de su mejilla derecha parece quemarle la cara. Me duele y me caigo de espaldas. Vuelvo a mirar el cuchillo y está lleno de sangre, mis manos tienen sangre. Me tumbo. ¿Por qué? Yo iba a solucionar todo. ¡Íbamos a ser felices! ¡Te amo! ¿Por qué termina así? No tengo fuerzas para decirte todo esto, pero ¡te amo! Creo que yo también lloro, ya no la veo. Escucho sus lamentos a lo lejos. Se rompe esta cadena.
jueves, 7 de abril de 2011
Al despertar
Maldita sea, menudo dolor de cabeza. Noto el Sol golpeándome la mejilla y la sensación es muy molesta. Tengo un sabor de boca pastoso y asqueroso, necesito beber algo. Abro poco a poco los ojos. ¿Dónde estoy? De seguro que este no es mi cuarto, miro a mi alrededor y posters de hombres en bañador. ¿Cómo he acabado aquí? Parece el cuarto de una adolescente. Miro por debajo de la sábana, estoy totalmente desnudo. Me incorporo con cierto pudor y alcanzo a encontrar mi ropa interior y mi pantalón que rapidamente procedo a ponerme. Me intento quitar las legañas frotando mi mano derecha por mis ojos y noto cierto olor que mezcla sexo y alcohol y rapidamente la aparto de mi cara con gran desagrado. Tengo que averiguar dónde estoy.
Salgo con paso lento del cuarto y entre la luz que ciega mi ya dañada mente y mis ojos llenos de legañas apenas puedo diferenciar este piso de cualquiera otro en los que haya estado. Estaba perdido, ¿qué había pasado la noche anterior? No recuerdo nada. Apoyo una mano contra la pared y a punto estoy de vomitar en medio de ese pasillo desconocido.Ayer debí caerme, me duele la espalda o el culo. Mis pensamientos se frenan al escuchar el ruido de lo que parece una persona duchándose. Avanzo por donde creo que está el sonido y este cesa, me paró y empiezo a pensar. ¿Qué debo hacer? Si digo algo a lo mejor me encuentro con un desconocido o un familiar. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por una joven de más o menos mi edad que antes de que pudiera decir nada se adelantó a mis pensamientos.
-¿Ya estás despierto princesita? Aquí tenemos la cortesía de cuando hay invitados hacer el desayuno, hoy es tu día de suerte.
-¿Invitado? ¿Tú y yo...?-Negó con la cabeza y algo dentro de mi se entristeció de que esa joven a a que solo una toalla tapaba su cuerpo fuera la mujer que pasara la noche conmigo. Su belleza no era despampanante, pero el hecho de ser la primera imagen agradable en este entorno desconocido y hostil y la simpatía con la que me ha tratado ya ha sido un punto a su favor.-Entonces, ¿no?
-Pues no, ¿no te acuerdas de nada de lo de anoche?-Una pequeña sonrisa pícara asomó por sus labios y no se por qué un pequeño atismo de preocupación me inundó.-Bueno, siéntate y desayunemos juntos. Hay café y compré unos sobaos por si te apetece comer algo, pero no tienes aspecto...
-Gracias, no hace falta tanta molestia...
-Tranquilo, no es molestia, aquí siempre que tenemos invitado toca tenerlo contento y por una vez que no soy yo.
-Y... ¿Dónde está...?
-Tranquilo, ya veo que ni del nombre te acuerdas, se fue a la facultad porque había quedado con un compañero por unos apuntes, puedes esperar aquí.
-Muchas gracias.-Había algo que no me gustaba, la silla era muy incómoda, el café estaba bien y la extraña cortesía hacía que ya la molesta silla tuviera la comodidad de una cama de faquir.-¿Cómo te llamas? Perdona si no pregunté antes pero no estoy acostumbrado a estas cosas...
-Tranquilo, Sandra. ¿Y cómo es que acabaste aquí?
-Pues la verdad, no me acuerdo. Fui invitado a una fiesta y recuerdo beber allí. Por saber, no tengo ni idea dónde tengo mi camiseta.-Ella parecía disfrutar con todo esto, la toalla que la tapaba dejaba ver sus sensuales muslos y cada vez que estiraba el brazo para alcanzar un sobao se podía intuir la silueta de sus senos. Había pasado la noche con su compañera de piso y ella estaba jugueteando conmigo. Realmente las mujeres son los seres más traicioneros del mundo.-Espero que esté por la casa porque menudo problema volver hasta mi casa luciendo barriga.
-Tranquilo, creo haberla visto tirada por el suelo, no te preocupes. Además no estás mal, es una pena... Bueno, me alegra haberte conocido, esto...
-Marcos, me llamo Marcos.-La silla me estaba destrozando y su sonrisa lo hacía aun peor. Intentaba mantener la compostura, pero algo no encaja.-¿Te vas a ir?
-Si, pero no te preocupes, pronto tendrás mejor compañía.
-Has sido una buena anfitriona gracias.-Desaparece tras una puerta y en apenas un minuto aparece vestida con una camiseta de tirantes y unos vaqueros gastados. Realmente si no fuera por respeto a la chica que me trajo a esta casa, me habría abalanzado sobre Sandra con todas las energías que esta terrible resaca y el dolor de la incomodidad de la silla en mis nalgas me dejaran.-Supongo que nos veremos en otra ocasión.
-Supongo... Por cierto, ¿le puedes decir a Fran cuando llegue que vaya a pagar al casero? Gracias.-Salió como un cohete con la sonrisa en la cara. Mi cuerpo estaba congelado. ¿Fran? ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Salgo con paso lento del cuarto y entre la luz que ciega mi ya dañada mente y mis ojos llenos de legañas apenas puedo diferenciar este piso de cualquiera otro en los que haya estado. Estaba perdido, ¿qué había pasado la noche anterior? No recuerdo nada. Apoyo una mano contra la pared y a punto estoy de vomitar en medio de ese pasillo desconocido.Ayer debí caerme, me duele la espalda o el culo. Mis pensamientos se frenan al escuchar el ruido de lo que parece una persona duchándose. Avanzo por donde creo que está el sonido y este cesa, me paró y empiezo a pensar. ¿Qué debo hacer? Si digo algo a lo mejor me encuentro con un desconocido o un familiar. Mis pensamientos se vieron interrumpidos por una joven de más o menos mi edad que antes de que pudiera decir nada se adelantó a mis pensamientos.
-¿Ya estás despierto princesita? Aquí tenemos la cortesía de cuando hay invitados hacer el desayuno, hoy es tu día de suerte.
-¿Invitado? ¿Tú y yo...?-Negó con la cabeza y algo dentro de mi se entristeció de que esa joven a a que solo una toalla tapaba su cuerpo fuera la mujer que pasara la noche conmigo. Su belleza no era despampanante, pero el hecho de ser la primera imagen agradable en este entorno desconocido y hostil y la simpatía con la que me ha tratado ya ha sido un punto a su favor.-Entonces, ¿no?
-Pues no, ¿no te acuerdas de nada de lo de anoche?-Una pequeña sonrisa pícara asomó por sus labios y no se por qué un pequeño atismo de preocupación me inundó.-Bueno, siéntate y desayunemos juntos. Hay café y compré unos sobaos por si te apetece comer algo, pero no tienes aspecto...
-Gracias, no hace falta tanta molestia...
-Tranquilo, no es molestia, aquí siempre que tenemos invitado toca tenerlo contento y por una vez que no soy yo.
-Y... ¿Dónde está...?
-Tranquilo, ya veo que ni del nombre te acuerdas, se fue a la facultad porque había quedado con un compañero por unos apuntes, puedes esperar aquí.
-Muchas gracias.-Había algo que no me gustaba, la silla era muy incómoda, el café estaba bien y la extraña cortesía hacía que ya la molesta silla tuviera la comodidad de una cama de faquir.-¿Cómo te llamas? Perdona si no pregunté antes pero no estoy acostumbrado a estas cosas...
-Tranquilo, Sandra. ¿Y cómo es que acabaste aquí?
-Pues la verdad, no me acuerdo. Fui invitado a una fiesta y recuerdo beber allí. Por saber, no tengo ni idea dónde tengo mi camiseta.-Ella parecía disfrutar con todo esto, la toalla que la tapaba dejaba ver sus sensuales muslos y cada vez que estiraba el brazo para alcanzar un sobao se podía intuir la silueta de sus senos. Había pasado la noche con su compañera de piso y ella estaba jugueteando conmigo. Realmente las mujeres son los seres más traicioneros del mundo.-Espero que esté por la casa porque menudo problema volver hasta mi casa luciendo barriga.
-Tranquilo, creo haberla visto tirada por el suelo, no te preocupes. Además no estás mal, es una pena... Bueno, me alegra haberte conocido, esto...
-Marcos, me llamo Marcos.-La silla me estaba destrozando y su sonrisa lo hacía aun peor. Intentaba mantener la compostura, pero algo no encaja.-¿Te vas a ir?
-Si, pero no te preocupes, pronto tendrás mejor compañía.
-Has sido una buena anfitriona gracias.-Desaparece tras una puerta y en apenas un minuto aparece vestida con una camiseta de tirantes y unos vaqueros gastados. Realmente si no fuera por respeto a la chica que me trajo a esta casa, me habría abalanzado sobre Sandra con todas las energías que esta terrible resaca y el dolor de la incomodidad de la silla en mis nalgas me dejaran.-Supongo que nos veremos en otra ocasión.
-Supongo... Por cierto, ¿le puedes decir a Fran cuando llegue que vaya a pagar al casero? Gracias.-Salió como un cohete con la sonrisa en la cara. Mi cuerpo estaba congelado. ¿Fran? ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)