miércoles, 13 de noviembre de 2024

Dioses. Origen.

                             Antes de la humanidad tal y como la conocemos e incluso antes de los panteones existieron los Absolutos. Los primeros dioses que representaban conceptos abstractos como la Diosa de la Vida, la Diosa de la Muerte, el Dios del Caos, el Dios de la Nada o el Dios del Tiempo. Todos ellos crearon y moldearon nuestra realidad desde su propio panteón varias realidades superiores a la nuestra antes de que el tiempo fuera conocido como tal. Para no tener que abandonar sus reinos superiores con asiduidad decidieron crear entidades divinas en la propia Tierra que convivirían al principio de los tiempos con los primeros hombres, las bestias y los extintos seres mágicos. Estos Dioses menores fueron conocidos como Elementales ya que la mayoría de ellos representaban elementos del mundo y convivían con el resto de seres que durante mucho tiempo llegaron a convertirlos en los primeros seres de adoración conocidos. Ese fue el motivo de reunión de tantos Elementales al lugar donde se construyó el primer templo, uno dedicado al Dios del Agua. Ese templo despertó la ira del Dios del Fuego que retó a la deidad acuática a un duelo para demostrar ser más digno del culto de los seres inferiores. Ambos Dioses decidieron que sería un enfrentamiento y que el vencedor decidiría un castigo para el derrotado. Para garantizar que el mundo no sufría las consecuencias de este conflicto la Diosa de la Tierra, la Diosa del Viento, la Diosa del Rayo y el Dios del Trueno además de espectadores canalizaban su poder protegiendo a los seres vivos y el lugar donde se desarrollara el combate.

El momento de la batalla se había alcanzado y los contendientes no se hicieron de rogar. En el mar más cercano empezó a asomar una figura gigantesca. Estaba totalmente cubierta del agua marina. Primero un brazo que se aposentó en tierra como buscando un punto de apoyo para alzar el resto del cuerpo y luego un segundo brazo que terminó de alzar la figura hasta lo que era la cadera de un gigante de centenares de metros. Pero no estaba cubierto de agua, estaba hecho de agua. Era un gigante totalmente acuático. El Dios del Agua había adoptado esta forma pura de agua con forma humana en un tamaño gigante. Tal era la forma acuosa que en su incorporación a tierra el Dios del Agua no se había percatado de que varios seres acuáticos estaban en el interior de su estructura nadando como si fuera el propio mar del que emergió. La deidad introdujo su mano en su cuerpo y devolvió a las criaturas al océano donde estarían más seguras. Tras eso se incorporó orgulloso al lado de su templo esperando a su rival. Un Dios del Fuego que no se hizo de rogar. Una llama asomó en medio de la nada y se hizo cada vez más poderosa tanto en forma como en tamaño. En medio de la llama apareció también un gigante, pero uno que estaba ardiendo. En algunas zonas el calor de las llamas era tal que solo quedaban los huesos rodeados de llamas y en otras todavía quedaba algo de carne que se deshacía poco a poco con el calor. El Dios del Fuego miró con desprecio al resto de los presentes. No mostraba benevolencia con su propia forma física mucho menos con los que consideraba sus rivales. Sin dudarlo un instante el gigante envuelto en llamas lanzó su puño derecho contra la cara de su rival. Alcanzó donde estaría el mentón y litros de agua saltaron por el aire. El Dios del Agua se mantuvo en silencio pero posó su brazo izquierdo sobre el hombro derecho de su rival y donde el agua se juntaba con las llamas las propias llamas cambiaban de calor y aullaban como sufriendo por el contacto. Antes de que pudiera reaccionar al agarre, la deidad del elemento acuoso con su brazo derecho comenzó a golpear a su rival en distintas partes de su gigantesco cuerpo. Con cada golpe las llamas cambiaban de color y perdían intensidad como si el Dios del Fuego estuviera recibiendo heridas en su estructura. Tras varios puñetazos soltó el amarre y con ambos puños asestó un mazazo a la cara del gigante ardiente que se vio lanzado por los aires. El vuelo fue de quilómetros y quilómetros, tantos que perdió de vista a su rival. Cuando cayó pudo ver que estaba cerca de una zona volcánica y esperó a su rival allí. El Dios del Agua no se hizo esperar y llegó hasta el territorio de su rival corriendo en saltos que alcanzaban casi los quinientos metros. Cuando se volvieron a poner frente a frente el elemental de agua emanaba humo de su cuerpo como el sudor de un cuerpo fatigado. Ambas deidades alzaron sus puños pero fue el de agua el que alcanzó de nuevo a su rival que se desplazó hacia atrás hasta caer sobre un volcán en el cual uno de sus puños se sumergió. Parecía que todo el pescado estaba vendido y el Dios del Agua caminó triunfante hasta su enemigo que lo miraba furioso todavía sobre el volcán. El calor de la tierra hacía que el humo que soltaba el Dios del Agua aumentara a cada paso que se acercaba a su rival y lo que debían ser sus pies era un burbujeante mar de agua hirviendo. A cada paso parecía más pequeño y viendo la sonrisa burlona del Dios del Fuego la deidad de todas las superficies acuáticas comprendió que le habían tendido una trampa. Bajos sus pies discurrían ríos de lava de los volcanes que lo estaban debilitando. Se estaba evaporando y allí el Dios del Fuego se sentía como en casa. El Dios del Fuego sacó su mano del interior del volcán con un poco de lava que lanzó sobre su rival. El impacto fue tan doloroso que por primera vez en su existencia el Dios del Agua se encontró con el sentimiento del miedo. La lava caminó por su estructura dejando cicatrices de vacío y vapor en el aire. El Dios del Agua en ese momento intentó escapar pero el Dios del Fuego no estaba dispuesto a permitirlo. Estiró su brazo creando un látigo de fuego con el que rodeó a su rival como una serpiente que intenta estrangular a su presa y lo atrajo hasta si mismo. Donde antes el contacto hacía aullar a las llamas ahora convertía en burbujas y vapor el agua. El gigante ardiente sometió a su enemigo y empujó su cuerpo contra el suelo. Ambos tumbados sobre el suelo con el Dios del Agua resistiéndose al contacto con la tierra que escondía bajo su superficie una estructura de arterias de lava que lo evaporarían si pasara cerca demasiado tiempo. El Dios del Fuego puso su mano sobre la cabeza enemiga y empezó a empujar todavía más a su rival que no paraba de evaporarse y perder tamaño a cada instante. Se escuchó un último aullido del Dios del Agua y este se evaporó. El Dios del Fuego había vencido.

La celebración no duró mucho para el Dios del Fuego que volvió caminando al punto de inicio de la batalla. Al llegar allí contempló con disgusto el templo dedicado al que fue su enemigo. Decidió que ese templo merecía el mismo destino que la deidad a la que estaba dedicada y cubrió con sus llamas toda la estructura de piedra. Eran unas llamas distintas, no intentaban quemar las rocas. Las evaporaba hasta el punto de convertirlas en arena. No se conformó con el templo y mientras todos los seres vivos huían ante la proliferación de las llamas el Dios del Fuego que se extendían quilómetros a la redonda secando la tierra hasta convertirla en arena. No contento con ello el Dios del Fuego extendió sus llamas al cielo donde evaporó las nubes y calentó el aire hasta que el lugar donde había estado el templo solo quedara arena y calor. Tras terminar su obra el Dios del Fuego se marchó de nuevo a su reino a la espera de ver como reaccionaría el Dios del Agua cuando viera lo que hizo y convencido que esa muestra de poder atraería a fieles a sus filas.

Meses más tarde el Dios del Agua reapareció en el lugar donde tiempo atrás estuvo su templo y contempló la obra del Dios del Fuego. Un territorio inerte. Un océano de arena. La deidad intentó devolver la vida a la zona con su agua pero el calor del aire evaporaba cualquier agua antes de asentarse. En ese momento el Dios del Agua lloró toda la noche. Ese agua ya sea por la tristeza que cargaba o por el poder que le había sido imbuido se asentó y hasta surgió algo de vida a su alrededor, creando así las primeras dunas del primer desierto de nuestro mundo. Recibió el nombre de Desierto del Fuego en una lengua que hace siglos dejó de existir y todavía más tiempo que no se usa ese nombre. Un desierto que nació de la rabia de un dios y la pena de otro.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Que lo sepan

 El que siempre escucha aunque ya lo sabe,
el que no se rinde con nadie,
la que conmigo hace el mejor equipo,
el que siempre está aunque se esconda un poquito,
la que siempre va a creer que puedo,
el que me lleva más lejos,
el que se quiere mucho pero más al resto,
con el que más me he equivocado,
la que cada cana es un día que me ha aguantado,
la que sus manos me han criado,
la que no siéndolo como suyo me ha tratado,
a los que más he cuidado,
a todos los que me han presentado
y a la que más extraño a mi lado.
Lo siento,
lo intento
y que no digo suficiente te quiero.
Me dicen si te rindes pierdes
cuando si me rindo es todavía peor
porque si me rindo los pierdo.

Otoño

 A quien no sabe
nada:
Ama.





 Que tu mirada sea mi espejo,
que el reflejo cambie mi alma,
encontrarme detrás de esta pesadilla
y ya no ser el de mi pensamiento.
Poder mirarme en el espejo,
encontrarme en mi propia mirada,
dejar atrás el ser un reflejo
y descubrir que la pesadilla se acaba.
Encontrar nuestras miradas,
que se regocijen nuestras almas,
avanzar sabiendo que la pesadilla solo es un pensamiento
y al final hasta el infierno se acaba.

jueves, 7 de noviembre de 2024

Ciego

 Algún día veré la playa que me dices desde mi ventana,
algún día caminaremos y la espuma del mar chocará contra nuestros tobillos,
algún día la mancha de la vida no tapará mi visión,
ese día sonreiremos y todo el tiempo a oscuras nos parecerá una ilusión,
ese día veré la playa y ese día será un día feliz,
pero hoy no la veo y hoy no lo es.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Octubre

 No entiendo la duración de las palabras,
si tu último "te quiero" duró apenas dos segundos
¿por qué lleva años en mi oído?
Me ahogo en el desagüe
donde tiramos todo lo que nos queremos decir.
Lo correcto sería olvidar,
pero sin ti no se escribe del miedo a la felicidad.





  Una bala en la cabeza,
en el pecho una pena
y en la mente una certeza.
Que no puedo seguir así,
que no puedo seguir,
que no puedo,
que no,
NO.






  Decirme que no para no hacerte daño,
ser una sombra cuando paso a tu lado,
llorar a diario y mantenerlo callado,
alejar a todos y que no sufran demasiado,
quedarme solo y que nadie me extrañe,
asumir que soy el problema y largarme,
desaparecer poco a poco y que nadie venga a buscarme,
decirme que de nuevo que no, no seré yo quien al pozo os arrastre.

sábado, 26 de octubre de 2024

Pasado, presente y...

                                 Una fiesta de barrio es una buena ocasión para salir de casa y desconectar de la rutina. Esa fue la idea que tuve cuando este verano decidí airearme en una de ellas. Salí de casa caminando a eso de media tarde y en menos de una hora ya me encontraba en medio del bullicio. Había atracciones de todo tipo como la clásica noria o puestos varios de comida. No me resultaba interesante ninguna de las que tenía delante pero caminar entre tanta gente alegre transmitía paz. Me compré unas patatas fritas y mientras caminaba devorándolas me topé con algo que sí llamó mi atención. Parecía la típica carpa en la que te adivinan el futuro. El nombre de la atracción era "El túnel de la vida" y había un cartel en la entrada que añadía "Un viaje a través de tu tiempo en este mundo". No creo en lo paranormal pero la mezcla entre lo misterioso y lo cutre cautivó mi atención. No había nadie haciendo cola y parecía que llevaba un rato sin recibir clientes. Aparté la cortina de la carpa y entré. Me recibió un hombre que iba vestido con una túnica y un gorro de brujo que no sé si quería aparentar ser Gandalf o aprovechó las sábanas viejas de casa para la ocasión.


-Bienvenido al viaje de tu vida. Has oído bien, el viaje de tu vida. Pagando un módico precio cruzarás un portal que te llevará a través de tu pasado hasta alcanzar tu futuro.

-¿Cuánto vale?

-El precio por atravesar el portal son cinco euros, un precio ridículo cuando te espera el viaje que cambiará tu vida para siempre.


Le pagué al hombre su dinero y crucé la cortina del "portal" más por la broma que por la curiosidad. El dueño de la atracción me deseó suerte en el viaje de mi vida y tras la primera cortina había un par más que me hicieron sentir que nadaba por emerger de un mar de telas. Cruzando la última una luz me cegó durante un momento y cuando abrí los ojos me encontré en medio de un bosque. Miré a mis espaldas y las cortinas no estaban. No sé como lo hizo pero el truco estaba bastante logrado. La atracción no podía ser tan grande para tener en su interior un bosque de este tamaño en su interior. Miré a mi alrededor intentando encontrar el truco. Me acerqué a uno de los árboles y parecía de verdad. No entendía nada. La tierra y el césped también parecían reales. Había un camino en el medio y al fondo una figura humana que parecía estar peleando. Me acerqué con cautela y no paré de asombrarme cuando me vi a mi mismo. Allí estaba yo con ocho años, vestido con el disfraz de Spider-Man que pedía todas las navidades a excepción de la máscara y usando un palo como si fuera una espada. Estaba peleando contra un enemigo imaginario. Tan ensimismado que ni se percató de que me acercaba a él. ¿Cómo podía ser posible? ¿Era eso lo que significaba lo del viaje a través de mi tiempo en este mundo? Tenía que ser un truco, pero cuanto más cerca estaba más real parecía.


-Ey campeón, ¿estás tú solo aquí? - Mi versión de ocho años se giró de manera brusca y me miró asustado. Para mi era mi pasado pero para él yo era un desconocido. Necesitaba buscar la forma de que no me viera como un peligro. - No te voy a hacer daño. Solo vi tu traje de Spider-Man y pensé en preguntarte donde conseguir uno tan guay como el tuyo.

-Pueeeees estaba aquí jugando con mi espada-palo y pensé que este sitio necesitaba un héroe y que ojalá tener el disfraz de Spider-Man que pedí por Navidad y lo tenía puesto. Y sé que Spider-Man no usa espadas, pero no quería tirarla. Y además llevo un rato aquí solo. ¿Tú también estás solo?

-Sí, estaba dando un paseo y me perdí. Por ahí sigue el camino, ¿te parece bien si vamos juntos a buscar al resto de las personas? - Me miró dubitativo. No confiaba en mi del todo. Normal. Era un adulto desconocido. Cerré los ojos y pensé. Cuando los abrí mi camiseta era de Spider-Man. Mi versión más joven abrió sus ojos de par en par de la alegría. - Mira, yo también soy fan de Spider-Man.

-¿A ti también te gusta? Yo soy su fan número uno. Lo veo en la tele todas las mañanas. Le ganó al Duende Verde. Nunca se rinde.

-Sí, es el mejor. Y yo creo que soy su fan número dos. Entonces, ¿me acompañas a buscar a los demás?

-Sí. Haremos equipo como Spider-Man y los Cuatro Fantásticos.


Me agarró de la mano y me empezó a contar sus cosas. Que se había cambiado de colegio, que era portero de un equipo de fútbol sala, que no tiene hermanos y más cosas que me regresaban a un pasado alegre. Yo le escuchaba pero parte de mi atención estaba en nuestros alrededores. ¿Me encontraría también con una versión futura mía? ¿Cómo sería? Todavía estaba intentando asimilar todo. Caminando con mi yo más joven de la mano por un bosque en medio de una fiesta de barrio y como en un sueño podemos cambiar cosas con el pensamiento como nuestra ropa. Mientras yo seguía sumido en mis pensamientos mi compañero de caminata me apretó la mano y tiró un par de veces como intentando llamar mi atención. Antes de que pudiera preguntarle que pasaba ante nosotros interponiéndose en el camino un gigante que llevaba con correa a tres lobos del tamaño de un adulto. El niño estaba totalmente asustado. Él no los reconocía pero yo sí. La vida iba a poner a estos monstruos tarde o temprano en su vida para hacerle daño. Esos lobos y ese gigante con cara de bobo estuvieron a punto de borrarnos del mapa. Las heridas que nos dejaron, el trauma con el que tuvimos que vivir por culpa de ellos. Tenerlos ahora delante me hizo apretar el puño que tenía libre. Le pedí a mi yo joven que me dejara su palo-espada, que se pusiera detrás mía y que no mirara. Cuando se puso de espaldas a mi cerré los ojos y deseé que fuera una espada. Al abrirlos tenía una espada en mi mano derecha. El gigante no parecía impresionado ante ella y soltó la correa de los lobos. Puse la espada frente a mi en posición de guardia y el primero de los lobos se lanzó contra mi. Lo recibí con espadazo vertical en la cabeza que lo mató al momento. El gigante rio como si no le importara y el segundo de los lobos de un salto quiso alcanzarme pero se encontró por el camino con la punta de la espada que se insertó en la parte inferior de su cuerpo haciendo que lanzara un aullido de dolor y quedara tumbado agonizante. No pude ejecutar una estocada para sofocar su sufrimiento porque el tercero de los lobos me derribó e intentaba morderme la cara furioso. Solo mi brazo izquierdo impedía que sus dientes me hirieran. Notaba su aliento caliente en mi piel. Apreté los dientes y moví mi brazo izquierdo para separarlo un poco más de mi y ensarté la espada en su cuerpo lateralmente repetidas veces hasta que dejó de revolverse. Me levanté y me acerqué al segundo lobo que todavía estaba sufriendo, iba a terminar con su agonía. El gigante llevaba un garrote que parecía el tronco de un árbol y en un intento de atacarme golpeó el mazo contra su mascota. La esquivé a duras penas pero al esquivarlo caí en su trampa. Me agarró con su brazo izquierdo por la pierna y me elevó en el aire por encima de su cabeza mientras se burlaba de mi. Daba la sensación de que quería engullirme de un trago. No podía perder. Tenía que impedir que le hicieran el daño que me hicieron a mi a mi yo más joven. En cuanto me acercó a su boca con los dos brazos agarrando la espada la clavé en sus ojos hasta en cinco ocasiones. El gigante gritó de dolor y me soltó. Me desplomé en el suelo sufriendo mucho dolor en el impacto. No sé de cuanta altura caí pero durante unos segundos mi cuerpo parecía completamente roto. Estaba tan cerca de proteger a mi yo infantil. No podía rendirme. Me levanté usando la espada como una especie de bastón o muleta. El gigante seguía sufriendo por su ceguera. Pasé entre sus piernas y de un tajo corté sus talones. Se desplomó como un árbol talado. Los gritos de dolor se habían convertido en lloriqueos que parecían suplicantes. Me subí a su espalda y me coloqué en el lugar que se debería encontrar su corazón. Con mis últimas fuerzas clavé la espada hasta la empuñadura. El gigante ahogó una respiración y quedó totalmente inerte. Caminé hacía mi yo más joven diciéndole que ya podía mirar. Al girarse su mirada era de puro horror. Temblaba y no era capaz de decir nada. Intenté tranquilizarlo pero al acercar mi mano hacia él pude ver que estaba llena de sangre y no solo mi mano. Estaba bañado en la sangre de mis enemigos. Cerré los ojos y deseé quitarme toda la sangre de la ropa y el cuerpo. Al abrirlos ya no estaba. Me costó pero pude tranquilizar a mi versión joven. Volvimos a caminar por el sendero y no llevábamos mucho cuando se apareció ante nosotros lo que parecía la salida. ¿No iba a encontrarme con mi yo más viejo? El camino se desviaba hacia la izquierda y por allí se veía nuestra antigua casa a lo lejos. Me despedí del pequeño Rober que se fue con su disfraz de Spider-Man muy contento de la pequeña aventura que habíamos vivido. Mientras yo miraba la salida con miedo. ¿Qué significaba no ver a mi yo del futuro? ¿Acaso no había futuro para mi? ¿Me iba a pasar algo? Estaba muy asustado, como si cruzar ese portal supusiera enfrentarse a un gran peligro. En mi mano derecho apareció la espada. ¿Cuánto tiempo llevaba en mi mano? ¿Qué hacía ahí? No podía cruzar ese portal. No podría explicarlo pero todo mi cuerpo me decía que no debía salir de ese bosque. Miré a la espada como si me llamara. ¿Acaso era aquí donde terminaba todo? No me lo quería creer pero el no haber visto a mi yo futuro tenía que significar algo. Pensé en la mirada que me echó el niño tras intentar protegerle. Tal vez el problema siempre había sido yo. No los lobos ni el gigante. Quizás el monstruo era yo. El problema era yo. La espada se sentía más liviana a medida que avanzaban mis pensamientos. Coloqué la punta de la espada en mi pecho. Pensé en el niño con el disfraz de Spider-Man. Le pedí perdón en mis pensamientos. Mientras me dejaba caer hacia delante el bosque se hacía más oscuro como si desapareciera.


Unas horas más tarde la policía había finalizado la fiesta y había acordonado la atracción de "El túnel de la vida". Muchos curiosos alrededor de la zona mientras la policía le preguntaba al dueño que todavía estaba confuso. Les decía que no sabía lo que estaba pasando. Que es la primera vez que ocurre algo así. Que cuando se dio cuenta de que tardaba mucho fue a ver y se lo encontró muerto en el suelo y que les llamó de inmediato. Los policías preguntaban si habían visto a alguien entrar o salir. El hombre parecía confuso y un poco asustado por perder su fuente de ingresos. Los sanitarios salieron con la camilla y con un cuerpo totalmente tapado. Llevaba unas horas muerto habían indicado los forenses. La camilla entró en la ambulancia que se fue sin encender la sirena. Entre los curiosos un hombre de unos cincuenta años se marchó al ver que se llevaban al muerto. Llevaba una gabardina que le tapaba casi hasta las rodillas y una barba completamente blanca que le hacía parecer mayor. Caminaba tranquilo en aquella noche veraniega que invitaba a ir de manga corta. Cuando dejó atrás todo el bullicio se abrió la gabardina para quitársela y llevarla en su brazo derecho. Vestía una camiseta de Spider-Man.

lunes, 14 de octubre de 2024

Septiembre

 Me busco en nuestras fotos y ya no estoy,
me miro en los reflejos de la calle y no me encuentro,
solo soy dolor y lamentos,
solo queda en mi el polvo de recuerdos.

Ya no suena el teléfono
y me reciben caras largas,
Septiembre se acaba
y muero solo en mi cama.

Treinta noches en guerra
perdiendo cada batalla,
la muerte no parece condena
si por fin llega la calma.

No estés triste decía
porque yo ya estoy muerto,
no se derraman lágrimas
y ese es el final perfecto.