No hace tanto tiempo vivió un hombre al que todos conocían como "el ignorante". Era un tipo feliz que vivía un mundo mental con preceptos morales obsoletos y una importancia al conocimiento casi nula, de ahí vino el sobrenombre de ignorante. El ignorante era un hombre de costumbres arraigadas, se levantaba todas las mañanas, iba a su trabajo y al llegar a casa se dormía con la telebasura. Los fines de semana los destinaba a atiborrarse de televisión o el cortejo de mujeres.
Cierto día, un buen amigo del ignorante en su lecho de muerte le regaló un diamante del tamaño de su puño. El ignorante no conocía utilidad de la piedra preciosa y su amigo no tuvo fuerzas para explicárselo, pero era un buen amigo y seguro que él podría encontrarle utilidad al brillante objeto.
El primer día, tras llegar de trabajar el ignorante decidió ver si el diamante podría entretenerlo, si tenía algún tipo de dispositivo como un televisor para mostrarle algo interesante. Lo palpó por todos lados, pero nada se accionaba. Probó intentar con el mando a distancia de su televisor, pero el diamante seguía igual, frío y brillante. Nada ocurría, quizás tuviera otra utilidad.
Al segundo día, intentó averiguar si era algún tipo de objeto con el cual alcanzar una visión diferente de lo que le rodea. Miraba a través del cristalino diamente y lo único que conseguía alcanzar a ver era la misma imagen repetida como en un espejo roto. Su amigo no podría haberle dejado eso concluyó. Estaba perdido y no sabía de qué serviría el objeto que le había dejado su amigo.
Al tercer día, probó a intentar averiguar si el objeto le daba un mejor sabor a la comida o bebida al contacto con este, pero nada. El diamante parecía no tener utilidad alguna y esto empezaba a frustrar al ignorante que no entendía la broma de mal gusto de su fallecido amigo. Ese mismo día, el ignorante tuvo una visita y esta se quedó asombrado ante la belleza del diamante, pero no quiso comentarle nada porque conocía el origen del mismo.
Al cuarto día, el ignorante intentó mil cosas que le gustaban para ver si el diamante mejoraba las sensaciones que le producían al ejecutarlas. No pasaba nada. El ignorante desquiciado maldijo el último presente de su amigo y decidió deshacerse de esa broma de mal gusto y la tiró al contenedor de la basura.
El ignorante continuó con su vida y días más tarde recibió la visita del amigo que había visto el diamante de su anfitrión. El amigo, al no ver el precioso objeto preguntó por este.
-Ignorante, ¿dónde tienes el diamante?
-Lo tiré a la basura, eso no servía para nada, ¡maldito el momento en el que se le ocurrió regalármelo!
-¿Cómo puedes decir eso? ¡Era un diamante! ¡Una piedra preciosa! Y a juzgar por el tamaño de esta, posiblemente de un valor incalculable.
En ese mismo instante el ignorante comprendió todo y salió corriendo al contenedor de basura, el diamante no estaba por ningún lado. El ignorante había perdido algo de gran valor porque no parecía estar a su gusto, había dejado escapar una gran joya por querer que fuera a su medida en vez de admirar y apreciar su gran belleza.
domingo, 18 de diciembre de 2011
lunes, 12 de diciembre de 2011
Silencio que llueve
Me pongo delante del espejo solo con unos gallumbos viejos. ¡Qué mal aspecto tengo! Me acaricio mi pelo, me lo había cortado recientemente y era agradable al tacto. Tengo que reconocer que tengo un pelo que da gusto tocarlo. Me toco la barriga, ¿había engordado? La váscula mostraba que no, pero a mi me daba la impresión de haber ganado peso. Me quité la última prenda y miré mi desnudo completo, ¡qué horror! Barba de varios días y una gran mata de pelo rizo ahí abajo, la monotonía, el invierno y la apatía me habían llevado a un estado de descuido personal vergonzoso. Me afeité. Tomé unas tijeras que tenía en el baño y retoqué mi vello. Ya parecía otra cosa, pero me seguía preocupando mi barriga, la miré desde todas las perspectivas posibles y no dejaba de inquietarme. Mi aspecto no es una gran preocupación, pero tampoco quiero descuidarme del todo. Me tumbé sobre la pequeña alfombra de la habitación e hice una serie de treinta abdominales, me incorporé con cierto grado de fatiga y me volví a mirar en el espejo; ahí seguía aunque unas pequeñas marcas rojas se situaban donde los actualmente denominados machos alfa tienen la "tableta de chocolate". Me miré decepcionado y me metí en la ducha. A pesar de ser un holgazán desordenado, tengo que reconocer que mi higiene no podría ser mejor a pesar de lo que puedo aparentar de primeras. ¿Qué hora es? Salgo del cuarto de baño solo con una toalla y me dirijo a la terraza, es de día pero está anocheciendo, es sábado. Me pongo algo de ropa para estar por casa y enciendo la tele para distraer mi oído. Había quedado con un antiguo compañero para tomar unas cervezas, nada formal; era un buen plan.
Me hice de cenar una pizza y miré entre mi ropa limpia algo abrigado, el frío húmedo de los últimos días entraba hasta los huesos si no te preparabas para él. Nunca cuidé demasiado mi aspecto exterior, prefería estar cómodo y resguardado de las inclemencias meteorológicas que intentar lucir unos atributos de los que carezco. Salí caminando de casa pensando en las buenas anécdotas que volverían a comentarse esta noche entre cervezas, los buenos tiempos pensé. Siempre he mirado mi pasado como los buenos tiempos, es estúpido quizás, pero incluso si pensara en lo que estaba haciendo hace dos horas pensaría en cosas buenas en contraposición a un presente que apesta. Quizás ensalzar estúpidamente el pasado me hace más humano. Las calles están mojadas y parece que va a volver esta noche. Acelero el paso, voy a llegar tarde, que típico. Mi pasión por detenerme a pensar en cualquier cosa siempre me hace llegar tarde a todos lados. ¿Qué preocupación puedo tener? Llevo una vida tranquila, soy un estudiante mantenido que pasa los fines de semana normalmente solo en casa. Tengo amigos que me respetan y cero problemas en cuanto a mujeres, yo no las molesto y ellas a mi tampoco. No paro de castigarme, como si le debiera algo al universo, ¡qué le jodan!
Llego tarde pero Javi ya me conoce, no he cambiado nada desde el instituto, él sigue siendo el carismático y deportista y yo el perezoso y artista. Por aquel entonces le pegaba a la poesía, especialmente a la romántica, pensaba que funcionaría para seducir a las mujeres, la adolescencia fue una etapa para olvidar; pero también la intercalaba con un poco de poesía existencial, me creía muy profundo y trataba de transmitir eso en panfletos que resultaban ser un poco de mierda adornado con frases muy sobadas. Javi era el típico tio que sin tener mucha confianza te podría sacar una hora de buena conversación y eso siempre se agradece. Subimos al bar de siempre y pedimos dos cervezas. Comenzamos a charlar sobre nuestro presente y él pasa al ron y yo sigo con la cerveza. ¿Recuerdas al profesor de filosofía? ¿Y tú te acuerdas de Jacobo y sus locuras? Entre intercambio de risas y recuerdos se nos pasaron las horas, estaba siendo una noche entretenida, hasta me había olvidado de la leve depresión al verme delante del espejo. Noté que empezaba a estar ebrio y me dijo que se tenía que ir, al día siguiente tenía partido, insistí en acompañarle a casa y me dijo que estaba bien, que teníamos que repetir otra noche así y para la próxima intentaría aguantar hasta el final. Decidí tomar una más, la penúltima. Pedí otra cerveza, me quedaba poco dinero y la verdad es que la bebida no me había afectado para nada, notaba como mis pensamientos fluían correctamente. Pensé en las anecdotas que nos dejamos en el tintero, quedarán para la próxima.
Me tomé la cerveza con calma, hablaba de música con el camarero. Me tocaron el hombro, me giré y ahí estaba Sofía. No había cambiado un ápice, su pelo oscuro, su perfume, sus ojos verdes y esa energía que me transmitía. La miré un poco sorprendido, habíamos sido algo grande pero nos distanciamos, no pudo soportarme y no la culpo por ello. Nos quisimos demasiado, podía pasarme horas a su lado, sin hacer nada, sin mediar palabra, deborándonos el alma el uno al otro. Fuímos uno, pero de eso hace mucho tiempo. Las cosas han cambiado entre nosotros. Ella sabía que casi seguro que estaría allí, no entendía que viniera a junto mia. Habíamos rehecho nuestra vida, no recuerdo el nombre de su novio y yo simplemente intento llegar a mi cama cada noche como en los buenos tiempos.
-Sabía que estarías aquí. Hola.
-Hola.
-¿No me dices nada más después de tanto tiempo?
-Precisamente después de tanto tiempo no sé exactamente que decir.
-Un "¿Qué tal estás?" habría estado bien, ¿no crees?
-Vale, ¿quieres tomar algo mientras hablamos?
-No tengo ganas de beber esta noche, quería hablar contigo.
-¿Prefieres que caminemos un poco?
-Mejor.-Me terminé mi cerveza, pedí mi cazadora y tras despedirme del camarero salí a su lado del local. Hacía un poco de frío pero de momento no llovía y eso estaba bien.-¿A dónde te apetece ir?
-Caminemos sin más. ¿Qué tal estás?
-La verdad, no me puedo quejar; cuando termine la carrera creo que podré conseguir trabajo por una amiga de mi madre. ¿Tú qué tal? ¿Sigues escribiendo?
-Sigo sin demasiada fortuna y estudiar sabes que nunca fue santo de mi devoción. ¿Has venido sola?
-Dani se ha tenido que ir, no le gusta dejarme sola, pero estaba realmente mal.
-Se pondría peor si te viera conmigo, de eso estoy seguro.
-Me quiere y confía en mi.
-¿Confías en ti misma?
-Hace ya mucho tiempo de lo nuestro, lo sabes.
-Por eso no entiendo que estamos haciendo hoy.
-¿No echabas de menos estar conmigo?
-Eso no importa...
-Importa, yo si te he echado mucho de menos, te sigo queriendo.
-Ahora estoy seguro de que se pondría más enfermo.
-¡No tiene nada que ver con él!
-Dime, ¿Qué es lo que pasa?-Empezó a llover con mucha fuerza y nos resguardamos lo más rápido posible en el primer portal un poco amplio que encontramos, nos habíamos empapado.-¿De qué va esto?
-Dímelo tú, ¿por qué no has venido a por mi en tanto tiempo?
-Te fuiste, dijiste que fue lo mejor... No te entiendo.
-Dani es un buen chico, me trata bien, trabaja, no me comparte con la bebida y me quiere, es perfecto. No puedo olvidarte, sigo sintiendo que nos precipitamos.
-¿Crees que yo no lo pensé? Ahora es tarde...
-Rober...-Me miró con aquellos ojos, estaba tiritando debido a la mojadura y al frío, ahora estábamos resguardados pero sentí la necesidad de abrazarla.-¿En qué nos equivocamos?
-Nos quisimos demasiado, no está bien visto.
-Bésame.
-Sabes que no puedo, no sigas.
-Solo una última vez.
-Esto está mal. Lo mejor será que me vaya.-Me abrazó más fuerte, ¿qué clase de castigo era este? Debía irme, su novio era un payaso y posiblemente pensaría lo mismo de mi pero mi ética me impedía continuar en esta tesitura.-No me lo pongas más difícil.
-¿Ya no me quieres?
-Nunca he dejado de hacerlo, pero ahora la situación es diferente, ambos somos diferentes. No me hagas esto y no te lo hagas a ti misma. Será mejor que me vaya, por nosotros, por los buenos momentos que pasamos juntos.-Tomé su cara por el mentón y la besé en la mejilla derecha, ella parecía haberse dado cuenta de toda la situación y tenía sus bonitos verdes humedecidos. Pasé mis pulgares por debajo de sus ojos para limpiar las primeras lágrimas. Estuvimos mirándonos a los ojos un buen rato, en silecio, por un momento volvimos a encender aquella llama silenciosa que tan enganchado me tenía, tuve que pararlo antes de que nos quemáramos.-Siempre nos quedarán los buenos recuerdos. Te quiero.
Me adentré en la lluvia, me daba igual. Si seguía allí con ella posiblemente lo jodería todo. Noté como ella permanecía en el portal y comenzaba a llorar, era doloroso irme, pero era lo correcto. Caminé a mi casa, ahora la cerveza aparecía y se asocia con la humedad de mi ropa para hacer mi andar más pesado. He hecho lo correcto, la amo pero he hecho lo correcto. Ahora necesito una ducha caliente y acostarme. Llegué a mi casa y me volví a mirar desnudo en el espejo mientras el agua de la ducha se calentaba, no estaba mal, algo había cambiado y me gustaba. La volatilidad de las opiniones. ¿Mañana pensaría que hice lo correcto al despertar? Me pongo algo abrigado y me acuesto. Habrá otros días para no ser un buen tipo, hoy he hecho lo correcto.
Me hice de cenar una pizza y miré entre mi ropa limpia algo abrigado, el frío húmedo de los últimos días entraba hasta los huesos si no te preparabas para él. Nunca cuidé demasiado mi aspecto exterior, prefería estar cómodo y resguardado de las inclemencias meteorológicas que intentar lucir unos atributos de los que carezco. Salí caminando de casa pensando en las buenas anécdotas que volverían a comentarse esta noche entre cervezas, los buenos tiempos pensé. Siempre he mirado mi pasado como los buenos tiempos, es estúpido quizás, pero incluso si pensara en lo que estaba haciendo hace dos horas pensaría en cosas buenas en contraposición a un presente que apesta. Quizás ensalzar estúpidamente el pasado me hace más humano. Las calles están mojadas y parece que va a volver esta noche. Acelero el paso, voy a llegar tarde, que típico. Mi pasión por detenerme a pensar en cualquier cosa siempre me hace llegar tarde a todos lados. ¿Qué preocupación puedo tener? Llevo una vida tranquila, soy un estudiante mantenido que pasa los fines de semana normalmente solo en casa. Tengo amigos que me respetan y cero problemas en cuanto a mujeres, yo no las molesto y ellas a mi tampoco. No paro de castigarme, como si le debiera algo al universo, ¡qué le jodan!
Llego tarde pero Javi ya me conoce, no he cambiado nada desde el instituto, él sigue siendo el carismático y deportista y yo el perezoso y artista. Por aquel entonces le pegaba a la poesía, especialmente a la romántica, pensaba que funcionaría para seducir a las mujeres, la adolescencia fue una etapa para olvidar; pero también la intercalaba con un poco de poesía existencial, me creía muy profundo y trataba de transmitir eso en panfletos que resultaban ser un poco de mierda adornado con frases muy sobadas. Javi era el típico tio que sin tener mucha confianza te podría sacar una hora de buena conversación y eso siempre se agradece. Subimos al bar de siempre y pedimos dos cervezas. Comenzamos a charlar sobre nuestro presente y él pasa al ron y yo sigo con la cerveza. ¿Recuerdas al profesor de filosofía? ¿Y tú te acuerdas de Jacobo y sus locuras? Entre intercambio de risas y recuerdos se nos pasaron las horas, estaba siendo una noche entretenida, hasta me había olvidado de la leve depresión al verme delante del espejo. Noté que empezaba a estar ebrio y me dijo que se tenía que ir, al día siguiente tenía partido, insistí en acompañarle a casa y me dijo que estaba bien, que teníamos que repetir otra noche así y para la próxima intentaría aguantar hasta el final. Decidí tomar una más, la penúltima. Pedí otra cerveza, me quedaba poco dinero y la verdad es que la bebida no me había afectado para nada, notaba como mis pensamientos fluían correctamente. Pensé en las anecdotas que nos dejamos en el tintero, quedarán para la próxima.
Me tomé la cerveza con calma, hablaba de música con el camarero. Me tocaron el hombro, me giré y ahí estaba Sofía. No había cambiado un ápice, su pelo oscuro, su perfume, sus ojos verdes y esa energía que me transmitía. La miré un poco sorprendido, habíamos sido algo grande pero nos distanciamos, no pudo soportarme y no la culpo por ello. Nos quisimos demasiado, podía pasarme horas a su lado, sin hacer nada, sin mediar palabra, deborándonos el alma el uno al otro. Fuímos uno, pero de eso hace mucho tiempo. Las cosas han cambiado entre nosotros. Ella sabía que casi seguro que estaría allí, no entendía que viniera a junto mia. Habíamos rehecho nuestra vida, no recuerdo el nombre de su novio y yo simplemente intento llegar a mi cama cada noche como en los buenos tiempos.
-Sabía que estarías aquí. Hola.
-Hola.
-¿No me dices nada más después de tanto tiempo?
-Precisamente después de tanto tiempo no sé exactamente que decir.
-Un "¿Qué tal estás?" habría estado bien, ¿no crees?
-Vale, ¿quieres tomar algo mientras hablamos?
-No tengo ganas de beber esta noche, quería hablar contigo.
-¿Prefieres que caminemos un poco?
-Mejor.-Me terminé mi cerveza, pedí mi cazadora y tras despedirme del camarero salí a su lado del local. Hacía un poco de frío pero de momento no llovía y eso estaba bien.-¿A dónde te apetece ir?
-Caminemos sin más. ¿Qué tal estás?
-La verdad, no me puedo quejar; cuando termine la carrera creo que podré conseguir trabajo por una amiga de mi madre. ¿Tú qué tal? ¿Sigues escribiendo?
-Sigo sin demasiada fortuna y estudiar sabes que nunca fue santo de mi devoción. ¿Has venido sola?
-Dani se ha tenido que ir, no le gusta dejarme sola, pero estaba realmente mal.
-Se pondría peor si te viera conmigo, de eso estoy seguro.
-Me quiere y confía en mi.
-¿Confías en ti misma?
-Hace ya mucho tiempo de lo nuestro, lo sabes.
-Por eso no entiendo que estamos haciendo hoy.
-¿No echabas de menos estar conmigo?
-Eso no importa...
-Importa, yo si te he echado mucho de menos, te sigo queriendo.
-Ahora estoy seguro de que se pondría más enfermo.
-¡No tiene nada que ver con él!
-Dime, ¿Qué es lo que pasa?-Empezó a llover con mucha fuerza y nos resguardamos lo más rápido posible en el primer portal un poco amplio que encontramos, nos habíamos empapado.-¿De qué va esto?
-Dímelo tú, ¿por qué no has venido a por mi en tanto tiempo?
-Te fuiste, dijiste que fue lo mejor... No te entiendo.
-Dani es un buen chico, me trata bien, trabaja, no me comparte con la bebida y me quiere, es perfecto. No puedo olvidarte, sigo sintiendo que nos precipitamos.
-¿Crees que yo no lo pensé? Ahora es tarde...
-Rober...-Me miró con aquellos ojos, estaba tiritando debido a la mojadura y al frío, ahora estábamos resguardados pero sentí la necesidad de abrazarla.-¿En qué nos equivocamos?
-Nos quisimos demasiado, no está bien visto.
-Bésame.
-Sabes que no puedo, no sigas.
-Solo una última vez.
-Esto está mal. Lo mejor será que me vaya.-Me abrazó más fuerte, ¿qué clase de castigo era este? Debía irme, su novio era un payaso y posiblemente pensaría lo mismo de mi pero mi ética me impedía continuar en esta tesitura.-No me lo pongas más difícil.
-¿Ya no me quieres?
-Nunca he dejado de hacerlo, pero ahora la situación es diferente, ambos somos diferentes. No me hagas esto y no te lo hagas a ti misma. Será mejor que me vaya, por nosotros, por los buenos momentos que pasamos juntos.-Tomé su cara por el mentón y la besé en la mejilla derecha, ella parecía haberse dado cuenta de toda la situación y tenía sus bonitos verdes humedecidos. Pasé mis pulgares por debajo de sus ojos para limpiar las primeras lágrimas. Estuvimos mirándonos a los ojos un buen rato, en silecio, por un momento volvimos a encender aquella llama silenciosa que tan enganchado me tenía, tuve que pararlo antes de que nos quemáramos.-Siempre nos quedarán los buenos recuerdos. Te quiero.
Me adentré en la lluvia, me daba igual. Si seguía allí con ella posiblemente lo jodería todo. Noté como ella permanecía en el portal y comenzaba a llorar, era doloroso irme, pero era lo correcto. Caminé a mi casa, ahora la cerveza aparecía y se asocia con la humedad de mi ropa para hacer mi andar más pesado. He hecho lo correcto, la amo pero he hecho lo correcto. Ahora necesito una ducha caliente y acostarme. Llegué a mi casa y me volví a mirar desnudo en el espejo mientras el agua de la ducha se calentaba, no estaba mal, algo había cambiado y me gustaba. La volatilidad de las opiniones. ¿Mañana pensaría que hice lo correcto al despertar? Me pongo algo abrigado y me acuesto. Habrá otros días para no ser un buen tipo, hoy he hecho lo correcto.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Quise ser panadero
Ha pasado mucho tiempo, pero ahora lo recuerdo con más claridad que nunca. Tengo cinco años y estoy en la cocina de una casa típica del rural gallego. A mi lado, mi bisabuela; ambos tenemos masa de pan bajo nuestras manos, la amasamos sobre una gran cantidad de harina esparcida en la mesa. Enrollamos la masa como si fuera un spaguetti gigante, ella me ayuda y noto el tacto de sus frías manos. Unas manos que muestran el paso del tiempo más claro que cualquier calendario, marcas del trabajo en una casa de campo durante años y un cierto olor a ese jabón marrón claro que tiene al lado del fregadero, jabón de lagarto. La piel no es tersa como la de mis jóvenes manos y tiene durezas en las palmas de lavar a mano y de cavar la tierra. Me mira con cariño y un poco de comprensión ante mi poco manejo de la masa de pan. Con sus manos sobre las mias me indica como preparar mejor la masa de pan; su mirada transmite ternura a pesar de que sus ojos están casi apagados fruto del cansancio de tantos años y vivencias a sus espaldas. Ella le da forma de bollo y yo una especie de cruz que no paro de repetir que es una espada de pan. Metemos nuestras creaciones en el viejo horno de leña y esperamos. Al final estaba un poco tostado, pero sabía bien.
No recuerdo su nombre, pero recuerdo como siempre venía tranquila a junto mia antes de irme a mi casa y me daba a escondidas dinero, ¡mil pesetas!. Era nuestro secreto y yo era muy feliz de tener un secreto con ella y del dinero que me había dado que nunca dije a nadie de donde provenía. Recuerdo la cama donde dormía, tan blanda que siempre le decía que era como recostarse en las nubes, por la ventana de su cuarto podía salir directamente al exterior de la casa y esconderme en la caseta de la perra. Recuerdo que desayunaba leche a la que le añadía cola-cao y trozos de pan, yo nunca quise probarlo a pesar de que siempre me ofrecía. Era buena persona, mejor de lo que yo nunca seré. Un día no se acordaba de mi y de mi nombre, ese día me sentí muy desdichado y lloré como una magdalena al llegar a casa, ¿no se acordaba de cuándo hacíamos pan juntos? ¿No se acordaba de nuestro secreto? ¿De que su cama era una nube y su ventana mi lugar para escapar favorito? Ahora ya no está, hace mucho tiempo que pasó eso, años; no sabría decir cuantos. No sabría decir su nombre, como era o cuando nos dejó; pero todavía no he podido olvidar como hacíamos pan juntos.
No recuerdo su nombre, pero recuerdo como siempre venía tranquila a junto mia antes de irme a mi casa y me daba a escondidas dinero, ¡mil pesetas!. Era nuestro secreto y yo era muy feliz de tener un secreto con ella y del dinero que me había dado que nunca dije a nadie de donde provenía. Recuerdo la cama donde dormía, tan blanda que siempre le decía que era como recostarse en las nubes, por la ventana de su cuarto podía salir directamente al exterior de la casa y esconderme en la caseta de la perra. Recuerdo que desayunaba leche a la que le añadía cola-cao y trozos de pan, yo nunca quise probarlo a pesar de que siempre me ofrecía. Era buena persona, mejor de lo que yo nunca seré. Un día no se acordaba de mi y de mi nombre, ese día me sentí muy desdichado y lloré como una magdalena al llegar a casa, ¿no se acordaba de cuándo hacíamos pan juntos? ¿No se acordaba de nuestro secreto? ¿De que su cama era una nube y su ventana mi lugar para escapar favorito? Ahora ya no está, hace mucho tiempo que pasó eso, años; no sabría decir cuantos. No sabría decir su nombre, como era o cuando nos dejó; pero todavía no he podido olvidar como hacíamos pan juntos.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Un día no tan cualquiera
Son las cinco de la tarde. Estoy en mi casa, en mi cuarto, con Carla. Ella había insistido en quedar aprovechando que estaba solo en casa todo el fin de semana. El plan parecía sencillo, no era la primera vez que nos quedábamos a solas y comprendía sus intenciones. De momento seguíamos una especie de pantomima previa que haría que se sintiera mejor consigo misma, un teatrillo en el que yo parece ser que la tengo que seducir antes de llegar a la situación por la que ambos estábamos en mi cama. Contaba cosas sobre su día a día, estoy seguro que ni a ella misma le interesaba lo que me estaba contando pero parecía muy concentrada en contármelo. Sigo con mi cara de póker ante su cantinela, hoy va a ser un día jodido y estar con Carla creí que lo haría más llevadero. Me besa, por fin se termina todo. Allí me hayaba yo besándola, acariciando sus dorados cabellos y escapando de este mundo montado en su perfume. Nos empezamos a quitar la ropa y allí mismo nos entregamos el uno al otro.
Las ocho, Carla y yo en mi cama desnudos. Le traigo un vaso de agua y me meto en la ducha. Mientras estoy en la ducha Carla entra en el cuarto de baño y se despide de mi con un cariñoso beso, se tiene que ir. Por mi parte no pongo problema, ambos estábamos ahí con un solo motivo y ya se había cumplido, me dice que hay que repetirlo mientras me guiña un ojo y muestra un poco de escote pícara. No hacía ni un cuarto de hora cuando formábamos la bestia de dos espaldas y yo jugueteaba con sus senos. Escuché como cerraba la puerta y seguí duchándome. Al salir de la ducha encontré en mi cuarto la cama hecha por cortesía de Carla, sonreí. Me vestí, en una hora llegarían algunos amigos a cenar y ver el fútbol en la televisión.
Faltaba poco para las diez y llegaron mis amigos comentando sobre el partido que íbamos a ver, con unas cervezas y dos botellas de vodka. Yo había metido varias pizzas en el horno y estaban terminando de prepararse, esta noche tocaría vodka. Nos sentamos en el salón los cuatro y chalamos mientras la comida, la cerveza y la primera botella de vodka desaparecía. Ellos ya venían vestidos para la noche y a mi solo me faltaban los últimos retoques. El partido no fue gran cosa, victoria del favorito que no nos dejó muy satisfechos. La bebida empezaba a afectarnos y las risas se sucedían, hoy sabía que tendría que superar un mal trago y no quería ir borracho al cumpleaños que tendríamos posteriormente. Cojí el regalo en mi cuarto y nos marchamos caminando al lugar de encuentro. Apenas nos quedaba bebida y paramos por el camino a comprar más vodka, hielos y vasos. Llegamos tarde como siempre, saludamos a la cumpleañera y al resto de la gente, decidimos el lugar para beber. Ya estábamos todos bebiendo tranquilos y le dimos los regalos a la anfitriona que nos lo agradeció con bebida y abrazos a todos. La noche estaba siendo tranquila, pero yo sabía que no iba a ser así durante toda la noche.
Eran casi las dos y apenas había bebido, pronto llegarían mis problemas. La cumpleañera notó mi desasosiego y vino con una copa de vodka con lima para mi y con un beso en la mejilla y unas palabras de consuelo intentó animarme, intenté esbozar una sonrisa en agradecimiento por su intento. No había terminado la copa y apareció ella, Lara; no hacía ni tres meses que lo dejáramos y ella estaba oficialmente con otro, yo estaba extraoficialmente con muchas. Aun no se había consumido lo que teníamos entre nosotros, pero cada uno lo ahogaba como podía, mi método estaba claro, mucha bebida y muchas mujeres; hoy no tenía la bebida de mi lado, no quería joder la fiesta. Fue uno a uno saludando a todos dejándome para el final con un frío saludo. Indicó su tardanza porque estaba con su nueva pareja y que había venido un rato para estar con nosotros y darle el regalo a la cumpleañera. Yo seguí atento a lo poco que me quedaba de aquella copa que me había obsequiado la cumpleañera un poco alejado del resto. Yo no podía reprocharle nada a ella, yo estaba ahora mismo entre varias mujeres con las que nunca iba a tener nada, pero tenía lo suficiente como para que Lara no quisiera nada conmigo y ella ahora estaba con otro, había luchado por lo nuestro, pero mi orgullo me impidió querer otra intentona. Ahora me sentía un poco más estúpido, un poco menos hombre y sobretodo indefenso. Yo intentaba que la vida fuera algo sencilla, pero lejos de serlo se complicaba; sabía que no ninguno de los dos era feliz y no podía hacer nada. A mi alrededor discutían sobre el partido los hombres y ellas hablaban sobre lo bien que le quedaba la cazadora que le habíamos regalado. No sabía que hacer, la bebida no iba a mejorar mis pensamientos y la compañía tampoco; esta corriente de ideas se vio interrumpida por Lara que se presentó ante mi. El resto del grupo intentaba disimular que nos observaba pero estaban atentos a todos nuestros movimientos, le indiqué que nos fueramos a otro lado, dejé mi copa y caminamos a unos bancos un poco alejados.
-Siento que estés incómodo por mi.-Comenzó.-Espero que mi presencia no te moleste.
-No me molestas, no me has molestado nunca. ¿Dónde has dejado a...?
-Me acompañó, pero no quiso estar en la celebración.-En ese momento sonó su teléfono. Ella lo sacó del bolso, miró quien llamaba y colgó.-Es él, tranquilo, no nos va a interrumpir.
-No hay nada que interrumpir.
-Entonces, ¿por qué estamos aquí?
-Dímelo tú.
-Quería saber como estabas, estoy preocupada; eres importante para mi y no se como te has tomado todo esto...
-Supongo que es ley de vida, ¿no eres feliz?
-¿Lo eres tú?
-Soy joven y estoy medianamente sereno, es lo que ahora mismo estoy seguro que soy. ¿Quieres que te diga que me gustaría que todo hubiera sido diferente? Es cierto, me habría gustado, pero no es así. Pero ahora ya no importa.
-Si que importa, me importa a mi, me importas. ¿Crees que ha sido fácil para mi?
-¿Y tú piensas que lo fue para mi? Me jodería que pensaras que lo fue, te quería y creo que nunca supiste cuanto, pero ahora ya da igual repito.
-No te pongas a la defensiva, durante semanas no pude dejar de llorar, te echaba de menos. Todo me recordaba a ti, a cuando estábamos juntos. Aun te extraño demasiado.
-No lo parece...
-Eso ha sido cruel, él estaba ahí cuando necesitaba a alguien a mi lado, ¿dónde estabas tú?
-Sobreviviendo. Podría hablarte de como ha sido toda esta mierda para mi, no valdría de nada. Ya te dije que quiero que seas feliz y no eres capaz de decirme si lo eres...
-¿Tanto te importa?
-Tanto como tú. Pero nunca lo llegaste a entender. Así acabamos.
-No fue culpa mía.
-Fue de los dos, pero si lo prefieres seré yo el cabrón, el tipo al que criticar, ¿para eso viniste?
-No tergiverses mis palabras, yo nunca...
-¿Yo nunca? Por favor, ¡no me jodas! No quería perder los papeles, pero parece que esta noche quieres que discutamos, que yo sea el malo y lo estás consiguiendo. ¡Qué jodidas podeís ser las mujeres!
-Rober...-Lara me tomó de la mano, como en los buenos tiempos y me miró directamente a los ojos con una mirada triste, siempre fui un blando ante sus ojos verdes.-No nos hagamos más daño...
-Lo siento.-Solté mi mano de la suya y como si fuera la consecuencia de mi acción volvió a sonar el teléfono dentro de su bolso. Repitió el acto de cojerlo, de mirar quien llamaba y de colgarlo ante mi mirada espectante.-Parece que te reclaman. Yo no soy quien de retenerte.
-No seas idiota, sabes que estoy donde quiero estar y ahora estoy contigo.
-No me gusta como estamos, pero yo ya no voy a hacer nada para cambiarlo, es demasiado tarde.
-No hay nada que cambiar, somos amigos. Está bien así.
-A unos amigos no los miran como a expresidiarios cuando se acercan el uno al otro y mucho menos...-Por un momento cruzamos nuestras miradas, aun teníamos la chispa, ambos los sabíamos y eso hizo que este instante fuera un infierno eterno.-Creo que se ha hecho tarde.
-Deberíamos volver.
-Son las cuatro, llevamos demasiado tiempo alejados, no estarán odiando. Me has creado una fama de tardón que tardaré mucho en limpiar.
-Disculpa, no creo que esa fama te la ganaráspor mi culpa.
-Si tú lo dices...-En ese momento tomó por un instante mi mano, solo para que me fijara en ella y poder darme un beso en la mejilla. En ese momento lo comprendí todo, no hacían falta más palabras. Era su despedida, la que no nos pudimos dar y que nos merecíamos. Se había acabado para nosotros, otros vendrían y en ese momento me precipité en esa idea, en el futuro, ¿qué me depararía? Ella soltó mi mano y continuamos caminando como si nada.-Allí están el resto, esperándonos.
Cuando llegamos a junto el resto, nos esperaban con cierta molestia por la tardanza. Comprendían que teníamos mucho que hablar, pero a muchos les había entrado el sueño y apenas tenían ganas de continuar la fiesta. Lara se despidió de todos sin ningún gesto especial para mi, volvía a ser uno más, quizás no. Quedamos tres, nos fuimos a un local cercano a tomar la penúltima. Mientras me despedía de los que se iban a casa, me disculpaba por mi tardanza y prometía noches mejores. Éramos jóvenes, quedan demasiadas noches de felicidad pensaba. De camino al local sonó mi teléfono, me llamaban. Miré y no conocía el número. Por un momento pensé en Lara. Descolgué.
-¿Quién es?
-¿No ibas a llamarme para estar juntos?
-Se me pasó supongo.-No tenía idea de quien era, por lo menos era una voz femenina y a pesar de un leve tono de enfado, no pude reconocer nada sobre ella.-Pásame a buscarme.
-¿Crees que puedes tratarme así?
-¿Vas a venir a buscarme?
-¿Dónde estás?
Acordamos un sitio para quedar, no sabía quien era pero la bebida me había vuelto un poco aventurero y le di una oportunidad a la desconocida. Cuando llegué al sitio acordado se me acercó una chica rubia, no era gran cosa, seguía sin sonarme. Me tomó de la mano y me dijo que me diera prisa que sus amigos estaban dentro, no entedía nada. ¿La conocía? Ella a mi por lo menos parecía que si. Dentro me senté en unos asientos, intentaba ponerme cómodo, la rubia se me acercó con dos cervezas y me dio una. Me sacó a bailar, tengo que reconocer mi buen sentido del ritmo pero mi nula psicomotricidad. Intenté bailar como podía, ella notaría mi incomodidad y se acercó más a mi. Me empezó a besar, me había ofrecido la bebida gratuitamente así que accedí y respondí a sus besos. No sabría decir exactamente cuanto tiempo pasamos allí, ella no me gustaba y yo no creo que le gustase a ella. Sus amigos nos trajeron un par de cervezas más que acepté gustosamente. Me dijo que eran las ocho de la mañana, empezaba a estar cansado, le dije que me iba, insistió en llevarme a casa, uno de sus amigos había traido coche. Acepté, a ciertas horas ni la bebida quita el lastre del cansancio de las piernas. Entramos en el coche, el conductor y una chica en la parte de alante y mi anfitriona y yo en los asientos de atrás, les indiqué donde vivía y me llevaron. Ya empezaba a ser de día, deseaba no encontrarme con ningún vecino en cuanto me dejaran. Llegamos al destino.
-¿Es aquí?
-Si, gracias por traerme. Bueno, me voy a ir.-Me acerqué para despedirme de ella, pero me besó anticipándose a cualquiera de mis intenciones. Tenía que despedirme de alguien cuyo nombre desconocía y que me había estado besando y regalando bebida, estaba en un buen lío.-Bueno... Adiós... Chica.
Salí por la puerta alegremente y sin mirar atrás, no quería saber si había notado que no sabía su nombre y si le había molestado. Abrí mi portal y entré pesadamente, subí en el ascensor. Llegué a mi casa y me quité la ropa. ¿Cómo podía alguien con este cuerpo haber tenido alguna mujer en su vida? Pensé en Lara y tuve una arcada, salí disparado al baño, falsa alarma. Me puse algo de ropa para dormir y me metí en la cama pensando en ella, en sus hermosos cabellos, su perfume y en como me sentía cuando me miraba. Creo que eran las ocho y media de la mañana. Lara, te echaré de menos.
Las ocho, Carla y yo en mi cama desnudos. Le traigo un vaso de agua y me meto en la ducha. Mientras estoy en la ducha Carla entra en el cuarto de baño y se despide de mi con un cariñoso beso, se tiene que ir. Por mi parte no pongo problema, ambos estábamos ahí con un solo motivo y ya se había cumplido, me dice que hay que repetirlo mientras me guiña un ojo y muestra un poco de escote pícara. No hacía ni un cuarto de hora cuando formábamos la bestia de dos espaldas y yo jugueteaba con sus senos. Escuché como cerraba la puerta y seguí duchándome. Al salir de la ducha encontré en mi cuarto la cama hecha por cortesía de Carla, sonreí. Me vestí, en una hora llegarían algunos amigos a cenar y ver el fútbol en la televisión.
Faltaba poco para las diez y llegaron mis amigos comentando sobre el partido que íbamos a ver, con unas cervezas y dos botellas de vodka. Yo había metido varias pizzas en el horno y estaban terminando de prepararse, esta noche tocaría vodka. Nos sentamos en el salón los cuatro y chalamos mientras la comida, la cerveza y la primera botella de vodka desaparecía. Ellos ya venían vestidos para la noche y a mi solo me faltaban los últimos retoques. El partido no fue gran cosa, victoria del favorito que no nos dejó muy satisfechos. La bebida empezaba a afectarnos y las risas se sucedían, hoy sabía que tendría que superar un mal trago y no quería ir borracho al cumpleaños que tendríamos posteriormente. Cojí el regalo en mi cuarto y nos marchamos caminando al lugar de encuentro. Apenas nos quedaba bebida y paramos por el camino a comprar más vodka, hielos y vasos. Llegamos tarde como siempre, saludamos a la cumpleañera y al resto de la gente, decidimos el lugar para beber. Ya estábamos todos bebiendo tranquilos y le dimos los regalos a la anfitriona que nos lo agradeció con bebida y abrazos a todos. La noche estaba siendo tranquila, pero yo sabía que no iba a ser así durante toda la noche.
Eran casi las dos y apenas había bebido, pronto llegarían mis problemas. La cumpleañera notó mi desasosiego y vino con una copa de vodka con lima para mi y con un beso en la mejilla y unas palabras de consuelo intentó animarme, intenté esbozar una sonrisa en agradecimiento por su intento. No había terminado la copa y apareció ella, Lara; no hacía ni tres meses que lo dejáramos y ella estaba oficialmente con otro, yo estaba extraoficialmente con muchas. Aun no se había consumido lo que teníamos entre nosotros, pero cada uno lo ahogaba como podía, mi método estaba claro, mucha bebida y muchas mujeres; hoy no tenía la bebida de mi lado, no quería joder la fiesta. Fue uno a uno saludando a todos dejándome para el final con un frío saludo. Indicó su tardanza porque estaba con su nueva pareja y que había venido un rato para estar con nosotros y darle el regalo a la cumpleañera. Yo seguí atento a lo poco que me quedaba de aquella copa que me había obsequiado la cumpleañera un poco alejado del resto. Yo no podía reprocharle nada a ella, yo estaba ahora mismo entre varias mujeres con las que nunca iba a tener nada, pero tenía lo suficiente como para que Lara no quisiera nada conmigo y ella ahora estaba con otro, había luchado por lo nuestro, pero mi orgullo me impidió querer otra intentona. Ahora me sentía un poco más estúpido, un poco menos hombre y sobretodo indefenso. Yo intentaba que la vida fuera algo sencilla, pero lejos de serlo se complicaba; sabía que no ninguno de los dos era feliz y no podía hacer nada. A mi alrededor discutían sobre el partido los hombres y ellas hablaban sobre lo bien que le quedaba la cazadora que le habíamos regalado. No sabía que hacer, la bebida no iba a mejorar mis pensamientos y la compañía tampoco; esta corriente de ideas se vio interrumpida por Lara que se presentó ante mi. El resto del grupo intentaba disimular que nos observaba pero estaban atentos a todos nuestros movimientos, le indiqué que nos fueramos a otro lado, dejé mi copa y caminamos a unos bancos un poco alejados.
-Siento que estés incómodo por mi.-Comenzó.-Espero que mi presencia no te moleste.
-No me molestas, no me has molestado nunca. ¿Dónde has dejado a...?
-Me acompañó, pero no quiso estar en la celebración.-En ese momento sonó su teléfono. Ella lo sacó del bolso, miró quien llamaba y colgó.-Es él, tranquilo, no nos va a interrumpir.
-No hay nada que interrumpir.
-Entonces, ¿por qué estamos aquí?
-Dímelo tú.
-Quería saber como estabas, estoy preocupada; eres importante para mi y no se como te has tomado todo esto...
-Supongo que es ley de vida, ¿no eres feliz?
-¿Lo eres tú?
-Soy joven y estoy medianamente sereno, es lo que ahora mismo estoy seguro que soy. ¿Quieres que te diga que me gustaría que todo hubiera sido diferente? Es cierto, me habría gustado, pero no es así. Pero ahora ya no importa.
-Si que importa, me importa a mi, me importas. ¿Crees que ha sido fácil para mi?
-¿Y tú piensas que lo fue para mi? Me jodería que pensaras que lo fue, te quería y creo que nunca supiste cuanto, pero ahora ya da igual repito.
-No te pongas a la defensiva, durante semanas no pude dejar de llorar, te echaba de menos. Todo me recordaba a ti, a cuando estábamos juntos. Aun te extraño demasiado.
-No lo parece...
-Eso ha sido cruel, él estaba ahí cuando necesitaba a alguien a mi lado, ¿dónde estabas tú?
-Sobreviviendo. Podría hablarte de como ha sido toda esta mierda para mi, no valdría de nada. Ya te dije que quiero que seas feliz y no eres capaz de decirme si lo eres...
-¿Tanto te importa?
-Tanto como tú. Pero nunca lo llegaste a entender. Así acabamos.
-No fue culpa mía.
-Fue de los dos, pero si lo prefieres seré yo el cabrón, el tipo al que criticar, ¿para eso viniste?
-No tergiverses mis palabras, yo nunca...
-¿Yo nunca? Por favor, ¡no me jodas! No quería perder los papeles, pero parece que esta noche quieres que discutamos, que yo sea el malo y lo estás consiguiendo. ¡Qué jodidas podeís ser las mujeres!
-Rober...-Lara me tomó de la mano, como en los buenos tiempos y me miró directamente a los ojos con una mirada triste, siempre fui un blando ante sus ojos verdes.-No nos hagamos más daño...
-Lo siento.-Solté mi mano de la suya y como si fuera la consecuencia de mi acción volvió a sonar el teléfono dentro de su bolso. Repitió el acto de cojerlo, de mirar quien llamaba y de colgarlo ante mi mirada espectante.-Parece que te reclaman. Yo no soy quien de retenerte.
-No seas idiota, sabes que estoy donde quiero estar y ahora estoy contigo.
-No me gusta como estamos, pero yo ya no voy a hacer nada para cambiarlo, es demasiado tarde.
-No hay nada que cambiar, somos amigos. Está bien así.
-A unos amigos no los miran como a expresidiarios cuando se acercan el uno al otro y mucho menos...-Por un momento cruzamos nuestras miradas, aun teníamos la chispa, ambos los sabíamos y eso hizo que este instante fuera un infierno eterno.-Creo que se ha hecho tarde.
-Deberíamos volver.
-Son las cuatro, llevamos demasiado tiempo alejados, no estarán odiando. Me has creado una fama de tardón que tardaré mucho en limpiar.
-Disculpa, no creo que esa fama te la ganaráspor mi culpa.
-Si tú lo dices...-En ese momento tomó por un instante mi mano, solo para que me fijara en ella y poder darme un beso en la mejilla. En ese momento lo comprendí todo, no hacían falta más palabras. Era su despedida, la que no nos pudimos dar y que nos merecíamos. Se había acabado para nosotros, otros vendrían y en ese momento me precipité en esa idea, en el futuro, ¿qué me depararía? Ella soltó mi mano y continuamos caminando como si nada.-Allí están el resto, esperándonos.
Cuando llegamos a junto el resto, nos esperaban con cierta molestia por la tardanza. Comprendían que teníamos mucho que hablar, pero a muchos les había entrado el sueño y apenas tenían ganas de continuar la fiesta. Lara se despidió de todos sin ningún gesto especial para mi, volvía a ser uno más, quizás no. Quedamos tres, nos fuimos a un local cercano a tomar la penúltima. Mientras me despedía de los que se iban a casa, me disculpaba por mi tardanza y prometía noches mejores. Éramos jóvenes, quedan demasiadas noches de felicidad pensaba. De camino al local sonó mi teléfono, me llamaban. Miré y no conocía el número. Por un momento pensé en Lara. Descolgué.
-¿Quién es?
-¿No ibas a llamarme para estar juntos?
-Se me pasó supongo.-No tenía idea de quien era, por lo menos era una voz femenina y a pesar de un leve tono de enfado, no pude reconocer nada sobre ella.-Pásame a buscarme.
-¿Crees que puedes tratarme así?
-¿Vas a venir a buscarme?
-¿Dónde estás?
Acordamos un sitio para quedar, no sabía quien era pero la bebida me había vuelto un poco aventurero y le di una oportunidad a la desconocida. Cuando llegué al sitio acordado se me acercó una chica rubia, no era gran cosa, seguía sin sonarme. Me tomó de la mano y me dijo que me diera prisa que sus amigos estaban dentro, no entedía nada. ¿La conocía? Ella a mi por lo menos parecía que si. Dentro me senté en unos asientos, intentaba ponerme cómodo, la rubia se me acercó con dos cervezas y me dio una. Me sacó a bailar, tengo que reconocer mi buen sentido del ritmo pero mi nula psicomotricidad. Intenté bailar como podía, ella notaría mi incomodidad y se acercó más a mi. Me empezó a besar, me había ofrecido la bebida gratuitamente así que accedí y respondí a sus besos. No sabría decir exactamente cuanto tiempo pasamos allí, ella no me gustaba y yo no creo que le gustase a ella. Sus amigos nos trajeron un par de cervezas más que acepté gustosamente. Me dijo que eran las ocho de la mañana, empezaba a estar cansado, le dije que me iba, insistió en llevarme a casa, uno de sus amigos había traido coche. Acepté, a ciertas horas ni la bebida quita el lastre del cansancio de las piernas. Entramos en el coche, el conductor y una chica en la parte de alante y mi anfitriona y yo en los asientos de atrás, les indiqué donde vivía y me llevaron. Ya empezaba a ser de día, deseaba no encontrarme con ningún vecino en cuanto me dejaran. Llegamos al destino.
-¿Es aquí?
-Si, gracias por traerme. Bueno, me voy a ir.-Me acerqué para despedirme de ella, pero me besó anticipándose a cualquiera de mis intenciones. Tenía que despedirme de alguien cuyo nombre desconocía y que me había estado besando y regalando bebida, estaba en un buen lío.-Bueno... Adiós... Chica.
Salí por la puerta alegremente y sin mirar atrás, no quería saber si había notado que no sabía su nombre y si le había molestado. Abrí mi portal y entré pesadamente, subí en el ascensor. Llegué a mi casa y me quité la ropa. ¿Cómo podía alguien con este cuerpo haber tenido alguna mujer en su vida? Pensé en Lara y tuve una arcada, salí disparado al baño, falsa alarma. Me puse algo de ropa para dormir y me metí en la cama pensando en ella, en sus hermosos cabellos, su perfume y en como me sentía cuando me miraba. Creo que eran las ocho y media de la mañana. Lara, te echaré de menos.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Decisiones
Separé el cigarrillo de mis labios. ¿Qué cojones hacía fumando? No se fumar, me atraganto con cada calada y lo peor de todo: Odio el tabaco, odio el humo y odio el decoloramiento de dientes y dedos que te proboca fumar. El alcohol y la vida me idiotizan hasta el punto de estar fumando sin ningún motivo. ¿Hacen falta motivos para fumar? Miro el cigarro que tengo entre mis dedos y asqueado lo tiro al suelo del bar. Me bajo del taburete y lo apago pisándolo. El alcohol me está volviendo idiota, me despido de mis ensoñaciones y vuelvo a concentrar en mi entorno. Allí seguía la cerveza y mis dos acompañantes. Saúl y Bárbara, ¡qué pareja tan adorable! Buena gente, no te hacen sentir en ningún momento el tercero en discordia a pesar de que yo lo estaba siendo. Ellos apenas bebían y por eso yo solo iba con cervezas esta noche mientras conversábamos sobre lo acontecido durante la semana.
Se nos hizo tarde hablando y decidimos levantar campamento. Llevaba una buena cantidad de cervezas y me notaba ciertamente aturdido, no como para cojer otro cigarrillo del camarero, pero lo suficiente como para pensar con mayor lentitud. Decidí caminar un poco del camino de vuelta con la parejita para que se me despejara la mente. Una tranquila noche de viernes, era la buena vida. Ellos no parecían nada incómodos ante mi presencia y mis historietas que se renuevan cada semana. Suena mi teléfono.
-¿Quién es?
-¿Me vienes a buscar?-Era la voz de una mujer y la reconocí al instante, Lorena.
-¿Sabes la hora qué es?
-¿Me vienes a buscar? Te lo pido por favor.
-¿Dónde estás?-Ya sabía la respuesta, se escuchaba la música de fondo y posiblemente estuviera en la zona de las discotecas, no demasiado lejos, pero lo suficiente como para que se me quitaran las pocas ganas que tenía de verla.
-Ya sabes donde estoy. Ven a buscarme.
-Creo que no, me voy a mi jodida casa.
-¡Espera! ¡Espera! ¡No cuelgues!-Colgué. Estaba cansado de ella y de su juego, nunca me gustó, pero cuanto mayor parecía mi desprecio más su interés en conseguirme. Soy un débil y más con las mujeres y en ocasiones le daba una pequeña concesión. En cierto modo me doy asco por mi comportamiento. Vuelve a sonar el teléfono, es de nuevo ella, cuelgo. Se repite la llamada y cojo.-¿Dónde estás tú?
-De camino a mi casa.
-Estoy con tacones... Por favor...
-Creo que me iré a dormir.
-Te voy a buscar, espérame.
-Te espero en diez minutos en donde nos conocímos.
-Gracias.-Colgué. Mis amigos estuvieron observando el espectáculo anonadados. Conocían a a Lorena, sabían lo que había pero no llegaban a entender su resistencia a la hora de aguantarme. Bárbara iba a empezar con la arenga.
-Rober tio, la tratas fatal. No es gran cosa, pero no se si te has pasado de gilipollas o con la bebida.
-Su voz me taladra el cerebro, no tengo ganas de escucharla y todas las noches que bebe tengo que soportar sus mamonadas, ¡qué se busque un novio!-Me estaba calentando y ellos no tenían la culpa, les miré intentando dibujar una sonrisa de confianza en mi cara.-Lo siento, esto no va con vosotros, voy a terminar esto de una vez. Cuidaos.-Nos despedimos con un abrazo y Bárbara acompañó el beso de despedida con una advertencia de que me portara bien.-¿Cuándo he sido yo malo?
Caminé hasta el lugar donde había acordado el encuentro. Tenía dos cosas importantes a mi favor, me quedaba de camino a casa y hay sitios donde sentarse. Llegué dos minutos antes y me senté en uno de los bancos iluminados, para que me viera con claridad. ¿Qué estaba haciendo? No quiero estar ahí, tenía que estar con mis amigos o durmiendo en mi casa. Antes de que pudiera levantarme e irme allí estaba ella, venía acelerada, no le había dado demasiado tiempo y no tenía mucho estilo con los tacones. Se sentó a mi lado, intentó besarme pero solo consiguió un beso en la mejilla. Le apestaba el aliento a ron.
-¿Qué te pasa? ¿No te gusto?
-Me iba a dormir.
-Estás muy borde.
-Amo el arte de dormir.
-¿Y a mi?
-Prefiero la cama.-Me cojió la cabeza con ambas manos y me besó. No podía escapar, pero tampoco iba a facilitarle nada, ella lo notó y se apartó.
-¿Te pasa algo?
-¿Qué es lo que quieres?
-Solo quería verte, no es tan complicado... Dame un besito.
-Estás borracha.
-Tú sabes a cerveza.
-Esto no tiene sentido, me voy.-Volvió a repetir la jugada del beso, pero esta vez sin la agresividad de la vez anterior. Con una dulzura inesperada. Bárbara me lo había dicho, tengo que dejar de ser tan cabrón, la besé. Ella se entregó por completa con el beso y yo me dejé llevar. De pronto, noté como alguien se sentaba sobre mi y empezaba a besarme el cuello, sobresaltado abrí un ojo. Era una mujer y bastante atractiva. No entendía nada.
-Robertito, Robertito. ¿Eres el famoso Robertito?
-¡Marta joder! ¡Déjalo en paz! Te dije que no vinieras.
-¿Qué pasa aquí?
-Es mi amiga Marta, está borracha y vino conmigo.-Ella seguía sentada en mi regazo, borracha y con una sonrisa juguetona. No estaba seguro de que realmente me deseara, pero yo la empecé a desear a ella. La besé ante la mirada atónita de Lorena. Fue un buen beso. Me separé y besé a Lorena, parecía dolida pero no se resistió.
-Chicas, me voy a dormir. Hasta la próxima.
Marta se incorporó y dejó que me levantara. Ambas no parecían creerse que me fuera a largar de verdad. Yo había tenido suficiente, no podía aguantar más. Ellas permanecieron mirándome sentadas desde el banco mientras me marchaba, ¿esperaban que fuera una broma? Continué caminando y me despedí agitando la mano sin mirar atrás. Esa noche dormí genial. No las volví a ver.
Se nos hizo tarde hablando y decidimos levantar campamento. Llevaba una buena cantidad de cervezas y me notaba ciertamente aturdido, no como para cojer otro cigarrillo del camarero, pero lo suficiente como para pensar con mayor lentitud. Decidí caminar un poco del camino de vuelta con la parejita para que se me despejara la mente. Una tranquila noche de viernes, era la buena vida. Ellos no parecían nada incómodos ante mi presencia y mis historietas que se renuevan cada semana. Suena mi teléfono.
-¿Quién es?
-¿Me vienes a buscar?-Era la voz de una mujer y la reconocí al instante, Lorena.
-¿Sabes la hora qué es?
-¿Me vienes a buscar? Te lo pido por favor.
-¿Dónde estás?-Ya sabía la respuesta, se escuchaba la música de fondo y posiblemente estuviera en la zona de las discotecas, no demasiado lejos, pero lo suficiente como para que se me quitaran las pocas ganas que tenía de verla.
-Ya sabes donde estoy. Ven a buscarme.
-Creo que no, me voy a mi jodida casa.
-¡Espera! ¡Espera! ¡No cuelgues!-Colgué. Estaba cansado de ella y de su juego, nunca me gustó, pero cuanto mayor parecía mi desprecio más su interés en conseguirme. Soy un débil y más con las mujeres y en ocasiones le daba una pequeña concesión. En cierto modo me doy asco por mi comportamiento. Vuelve a sonar el teléfono, es de nuevo ella, cuelgo. Se repite la llamada y cojo.-¿Dónde estás tú?
-De camino a mi casa.
-Estoy con tacones... Por favor...
-Creo que me iré a dormir.
-Te voy a buscar, espérame.
-Te espero en diez minutos en donde nos conocímos.
-Gracias.-Colgué. Mis amigos estuvieron observando el espectáculo anonadados. Conocían a a Lorena, sabían lo que había pero no llegaban a entender su resistencia a la hora de aguantarme. Bárbara iba a empezar con la arenga.
-Rober tio, la tratas fatal. No es gran cosa, pero no se si te has pasado de gilipollas o con la bebida.
-Su voz me taladra el cerebro, no tengo ganas de escucharla y todas las noches que bebe tengo que soportar sus mamonadas, ¡qué se busque un novio!-Me estaba calentando y ellos no tenían la culpa, les miré intentando dibujar una sonrisa de confianza en mi cara.-Lo siento, esto no va con vosotros, voy a terminar esto de una vez. Cuidaos.-Nos despedimos con un abrazo y Bárbara acompañó el beso de despedida con una advertencia de que me portara bien.-¿Cuándo he sido yo malo?
Caminé hasta el lugar donde había acordado el encuentro. Tenía dos cosas importantes a mi favor, me quedaba de camino a casa y hay sitios donde sentarse. Llegué dos minutos antes y me senté en uno de los bancos iluminados, para que me viera con claridad. ¿Qué estaba haciendo? No quiero estar ahí, tenía que estar con mis amigos o durmiendo en mi casa. Antes de que pudiera levantarme e irme allí estaba ella, venía acelerada, no le había dado demasiado tiempo y no tenía mucho estilo con los tacones. Se sentó a mi lado, intentó besarme pero solo consiguió un beso en la mejilla. Le apestaba el aliento a ron.
-¿Qué te pasa? ¿No te gusto?
-Me iba a dormir.
-Estás muy borde.
-Amo el arte de dormir.
-¿Y a mi?
-Prefiero la cama.-Me cojió la cabeza con ambas manos y me besó. No podía escapar, pero tampoco iba a facilitarle nada, ella lo notó y se apartó.
-¿Te pasa algo?
-¿Qué es lo que quieres?
-Solo quería verte, no es tan complicado... Dame un besito.
-Estás borracha.
-Tú sabes a cerveza.
-Esto no tiene sentido, me voy.-Volvió a repetir la jugada del beso, pero esta vez sin la agresividad de la vez anterior. Con una dulzura inesperada. Bárbara me lo había dicho, tengo que dejar de ser tan cabrón, la besé. Ella se entregó por completa con el beso y yo me dejé llevar. De pronto, noté como alguien se sentaba sobre mi y empezaba a besarme el cuello, sobresaltado abrí un ojo. Era una mujer y bastante atractiva. No entendía nada.
-Robertito, Robertito. ¿Eres el famoso Robertito?
-¡Marta joder! ¡Déjalo en paz! Te dije que no vinieras.
-¿Qué pasa aquí?
-Es mi amiga Marta, está borracha y vino conmigo.-Ella seguía sentada en mi regazo, borracha y con una sonrisa juguetona. No estaba seguro de que realmente me deseara, pero yo la empecé a desear a ella. La besé ante la mirada atónita de Lorena. Fue un buen beso. Me separé y besé a Lorena, parecía dolida pero no se resistió.
-Chicas, me voy a dormir. Hasta la próxima.
Marta se incorporó y dejó que me levantara. Ambas no parecían creerse que me fuera a largar de verdad. Yo había tenido suficiente, no podía aguantar más. Ellas permanecieron mirándome sentadas desde el banco mientras me marchaba, ¿esperaban que fuera una broma? Continué caminando y me despedí agitando la mano sin mirar atrás. Esa noche dormí genial. No las volví a ver.
viernes, 21 de octubre de 2011
Canción para tres
Estudiar y ahorrar dinero durante todo el año dió sus frutos. Ahí me encontraba, en la terraza de un hotel esperando a Toni mientras miraba el mar. En mi tierra hay playas, pero este clima tan bueno ni en sueños. ¡Qué tranquilidad se respira! Tercer día de la semana entera que tenemos. El hotel tiene de todo, bar, restaurante, karaoke, piscina; nuestra habitación tiene un mueble bar que he decidido no tocar aunque tengamos todo pago. No hemos salido de noche y tampoco he dado señales de vida en casa, seguro que piensan que es buena señal. Esto es la buena vida, una tumbona, esta temperatura, un combinado de frutas y grandes dosis de tranquilidad. No podría estar mejor. Me voy a tomar un rato más mientras mi compañero no vuelve, esta noche me dijo que deberíamos salir, habrá que salir.
Estaba ya mirando entre mis prendas para la noche y aparece Toni alterado. Que ha visto muchas chicas en la playa, que son todas muy atractivas. Toni la bebida y las mujeres te matarían si no estuviera contigo. Le digo que primero nos arreglaremos, luego iremos a cenar y ya nos vamos al bar del hotel y ahí empezará la fiesta. Como le conozco empecé yo primero con el ritual de prepararse. Me afeité, un pequeño corte en el lado derecho de la cara, pero nada grave y a la ducha. Me pongo algo sencillo, una camisa blanca, unos vaqueros y unos zapatos, clásico y elegante; no me hace falta más. Me tumbo en la cama y enciendo la televisión mientras la princesita se acicala. En el cuarto radicaba el único problema de la habitación, las dos camas estaban en la misma habitación, Toni parecía disgustado por ello, a mi no me importó demasiado, ya le dije que no tendría problema en irme a caminar por la playa si sus dotes seductoras le obligaran a traer a una mujer al cuarto.
Pasaron tres cuartos de hora cuando Toni salió del cuarto de baño, con un fuerte olor a perfume, una americana, una camisa abierta, vaqueros y zapatos. El chico tenía estilo, pero yo siempre le jodía diciéndole que la belleza la tengo yo. Esta noche no quise molestarle y le felicité y le apremuré para irnos a cenar. Cuando llegamos al comedor del hotel ya había bastante gente cenando. Me fijé que la mayoría de la gente eran jóvenes como nosotros o grupos de parejas de ancianos, se nota que es una zona turística. Nos sentamos en una mesa y pedimos, yo pasé directo al segundo y me pedí un buen chuletón con guarnición de patatas y para beber agua, Toni se pidió lo mismo pero ya empezó con cervezas durante la cena. La comida era buena y decidimos que nos recomendaran el postre, fue una especie de trozo de tarta con un sabor dulzón que me llenó todo el paladar. Toni ya llevaba cuatro cervezas cuando terminábamos de conversar durante la comida y decidió que nos fueramos al bar.
El bar era un lugar bastante acojedor, una barra muy larga con varios barmans, muchas mesas colocadas en posición al escenario donde estaba el karaoke. Desde la barra apenas se escuchaba a la gente cantar, pero si la música, decidimos ponernos en la barra. Toni empezó a darle duro al vodka con tónica y yo preferí que me pusieran de esos combinados de frutas sin alcohol. Lo estábamos pasando bien, viendo el énfasis que le ponían algunos cantando y conversando de muchas de nuestras anécdotas, estaba siendo una buena velada. Había cerca nuestro un grupo de tres chicas y Toni decidió acercarse, al rato volvía con ellas y me las presentaba.
-Patri, Raquel y... ¿Laura?
-Si, Laura.-Dijo la tercera, era bastante mona, rubia y unos cabellos muy largos y unos ojos castallos muy grandes. Patri era rubia, en cambio tenía el pelo corto, le quedaba bien; ojos azules y unas piernas muy largas. Raquel era la única morena, tenía el pelo casi tan largo como Laura y era la única que no llevaba falda de las tres.-¿Y tu amigo es...?
-Rober.-Me anticipé a decir.-Compañero y socio de Toni, nuestro anfitrión de esta noche.
-Teneís un acento muy mono.-Dijo Patri. Se sentaron de manera que estaba rodeado por Patri y Laura y esta estaba al lado de Raquel que tenía izquierda a Toni que parecía haberse fijado en la morena.
-Nos lo dicen mucho, ¿a qué si Rober?
-No tanto. Pero es llamativo cuanto menos, si.
-¿Qué hacen dos chicos de tan al norte por aquí?-Patri volvió a preguntar mirándome a los ojos, en ese momento pensé que su curiosidad no iba a tener límites.
-Viaje de placer, Rober y yo nos hemos pegado un año muy jodido para llegar a donde estamos ahora mismo.
-Sereís unos chicos muy trabajadores entonces.-Raquel le respondió con cierto tono pícaro. Me parecía casi magia que Toni hubiera pescado tan pronto.
-¿Qué bebes?-Por fin dijo algo Laura, se refería a mi exótica bebida multicolor sin alcohol.
-Combinado de frutas, muy sano.
-¿Sin alcohol?
-Muy sano.
-¿Eres marica?
-Creo que solo soy muy sano. Deberías probarlo.-Pusieron cara de no entenderme y se pidieron bebidas con alcohol, no me interesó demasiado, cuando ya tenían sus copas continué.-Estas vitaminas me convertirán en el jodido Rey del karaoke.
-No creo que seas ni capaz de subir.-Patri parecía dispuesta a retarme y Laura también parecía metida en el ajo mientras Toni y Raquel mantenían una conversación privada.
-Me atrevo con cualquier cosa y realmente os deleitaría.
-¡Venga! ¡Demuéstralo!-Ambas se pusieron de acuerdo para retarme. No podía acojonarme ahora.-¿No es para eso el zumito?
-¡Ahora vereís! Preparaos para aplaudir...
Me levanté aun con mi tercer combinado de frutas en la mano y me dirigí directamente a hacer una petición de una canción, pedí cualquiera en inglés, la primera que se le ocurriera. Era el siguiente el subir y ya me quedé cerca del escenario mientras las tres chicas y Toni me miraban espectantes. ¡Les iba a callar! Estaba preparado, un poco nervioso, ahora si que podría venirme bien una copa, pero borré esa idea de la mente cuando dijeron mi nombre. Subí convencido y alcé mi bebida multicolor hacia mis acompañantes mientras empezaba a sonar la música. ¿Qué canción era esa? No la conocía, estaba bien jodido, menos mal que había un par de pantallas con la letra. Iba a tocar improvisar, di un trago y comencé el recital, parecía que iba bien de ritmo, poca gente parecía conocer la canción y eso hizo que me dejara llevar, nadie podría recriminarme por una canción que no conocían. Mi pronunciación habría conseguido que la que fuera mi profesora de inglés consiguiera una orden de detención y lapidación contra mi por destrozar el idioma de Shakespeare, pero yo estaba disfrutando y por lo que podía ver a la gente no le disgustaba del todo. Terminó la canción, me permití el lujo de despedirme agradeciendo al público su comportamiento y me volví convencido a la barra con lo poco que me quedaba de mi bebida.
-¿Impresionadas chicas?
-Oye, no lo haces nada mal.-Patri me sonreía mientras decía eso y antes de que dijera nada fue cortada por Laura.
-La verdad es que tu inglés me ha impresionado, esa bebida parece que funciona.-Ambas parecían contentas por mi demostración de falta de vergüenza, mientras que Toni y Raquel retomaron su conversación.
-Gracias, en cuanto tenga motivos, sereís a las primeras a las que les firme un autógrafo.-En ese momento tuve que callar, el ruido de un tremendo sopapo había sonado no muy lejos de mi posición. Giré la cara intentando buscar el problema y miré como Toni tenía las manos en su mejilla y Raquel molesta se había levantado del taburete. Mierda, la ha vuelto a cagar.
-¡Vámonos chicas!-Raquel parecía bastante molesta y un poco borracha. A saber que habría hecho Toni para joderla, la tenía en el bote. Las otras dos chicas se despidieron de mi y se fueron pasando de Toni como si fuese un apestado.
-Tio, ¿qué mierda has hecho? ¡La tenías! ¡Joder si la tenías!
-La bebida se me fue de las manos, ahora solo quiero otra copa.
Toni me contó que le había dicho algo que le molestara o que se le había escapado la mano y le había molestado, ni él estaba seguro y la bebida empezó a hacerle efecto. Seguimos en el bar charlando durante horas, Toni parecía cada vez más deprimido y estaba cada vez más borracho. Yo seguí con mis combinados de frutas y él entre trago y trago gimoteaba sobre lo dura que es la vida y lo jodidas que son las mujeres. Yo armado de paciencia intentaba animarlo, estaba demasiado borracho no iba a conseguir nada. En cierto punto de la noche el camarero le vió tan borracho que me comentó que no le pondría ni una sola copa más. Toni se molestó bastante, pero le dije que la noche ya no daba para más, le ayudé a levantarse y mientras se apoyaba en mi lo subí al cuarto donde se quitó la ropa, se puso una camiseta y una muda de ropa interior y se metió en su cama. Mientras mi compañero aun continuaba criticando el género femenino me puse la típica ropa vieja que me pongo para dormir, una camiseta de cuando era más joven y ropa interior cómoda, con pitrina por delante para las urgencias nocturnas, me cepillé los dientes y me metí en cama y Toni ya estaba medio dormido. Llamaron a la puerta, decidí no abrir y me mantuve en silencio. Volvieron a llamar y encendí una pequeña luz mientras me levantaba y me iba a la puerta preocupado por si era algo urgente. Empezaron a llamar y abrí. Allí estaban Patri y Laura, un poco más borrachas que cuando estaban en el bar pero poco más había cambiado en ellas.
-¿Estabas dormido?-Empezó Patri.
-No
-Lo pareces.
-¿Podemos pasar?-Miré dentro del cuarto y ahí estaba Toni, medio dormido y con una borrachera tremenda. ¿Qué podía hacer? Meterlas dentro está claro que no, piensa, piensa, ¡piensa!
-¿Podemos ir mejor a vuestro cuarto? Aquí tengo un pequeño problema.
-Nuestra amiga no creo que tenga ganas ni de verte a ti después de lo ocurrido.-Patri fue la que me dió la mala noticia. Estaba contra la espada y la pared, ¿qué podía hacer? Las vitaminas de mi combinado me había ayudado a cantar, ¿dónde estaban ahora?
-¿Qué os parece que nos quedemos en el pasillo?-Su cara tenía pinta de que la respuesta iba a ser no, antes de que eso sucediera dije.-Bueno, siempre nos podemos ver mañana.
-Lo siento, nos vamos mañana, hoy es nuestra última noche aquí, por eso le preguntamos a Raquel cual era vuestro cuarto.-Patri parecía haber llevado la iniciativa en este plan. Y me alegró, la chica tenía unas piernas preciosas y un desparpajo interesante.-Estabas muy gracioso cantando, pero ahora estás muy mono. No te molestamos más, descansa.
Ambas me dieron un beso de despedida y se fueron. Yo me metí en mi cuarto, la bebida lo había jodido todo. Primero con Toni y ahora con estas chicas. Me dormí. A la mañana siguiente me desperté y pude escuchar como Toni vomitaba en el baño, le dije si necesitaba algo pero apenas podía decir nada. Que forma tan estúpida de echar a perder el chuletón de ayer. Miré en la entrada y parecía haber una especie de papel que habían metido por debajo de la puerta. Lo cojí y era una despedida de las chicas. Guardé la nota en mi maleta y empecé a cojer la ropa para ducharme, "ya nos cantaremos de nuevo" pensé. Me metí en la ducha con el ruido de mi compañero vomitando de fondo.
Estaba ya mirando entre mis prendas para la noche y aparece Toni alterado. Que ha visto muchas chicas en la playa, que son todas muy atractivas. Toni la bebida y las mujeres te matarían si no estuviera contigo. Le digo que primero nos arreglaremos, luego iremos a cenar y ya nos vamos al bar del hotel y ahí empezará la fiesta. Como le conozco empecé yo primero con el ritual de prepararse. Me afeité, un pequeño corte en el lado derecho de la cara, pero nada grave y a la ducha. Me pongo algo sencillo, una camisa blanca, unos vaqueros y unos zapatos, clásico y elegante; no me hace falta más. Me tumbo en la cama y enciendo la televisión mientras la princesita se acicala. En el cuarto radicaba el único problema de la habitación, las dos camas estaban en la misma habitación, Toni parecía disgustado por ello, a mi no me importó demasiado, ya le dije que no tendría problema en irme a caminar por la playa si sus dotes seductoras le obligaran a traer a una mujer al cuarto.
Pasaron tres cuartos de hora cuando Toni salió del cuarto de baño, con un fuerte olor a perfume, una americana, una camisa abierta, vaqueros y zapatos. El chico tenía estilo, pero yo siempre le jodía diciéndole que la belleza la tengo yo. Esta noche no quise molestarle y le felicité y le apremuré para irnos a cenar. Cuando llegamos al comedor del hotel ya había bastante gente cenando. Me fijé que la mayoría de la gente eran jóvenes como nosotros o grupos de parejas de ancianos, se nota que es una zona turística. Nos sentamos en una mesa y pedimos, yo pasé directo al segundo y me pedí un buen chuletón con guarnición de patatas y para beber agua, Toni se pidió lo mismo pero ya empezó con cervezas durante la cena. La comida era buena y decidimos que nos recomendaran el postre, fue una especie de trozo de tarta con un sabor dulzón que me llenó todo el paladar. Toni ya llevaba cuatro cervezas cuando terminábamos de conversar durante la comida y decidió que nos fueramos al bar.
El bar era un lugar bastante acojedor, una barra muy larga con varios barmans, muchas mesas colocadas en posición al escenario donde estaba el karaoke. Desde la barra apenas se escuchaba a la gente cantar, pero si la música, decidimos ponernos en la barra. Toni empezó a darle duro al vodka con tónica y yo preferí que me pusieran de esos combinados de frutas sin alcohol. Lo estábamos pasando bien, viendo el énfasis que le ponían algunos cantando y conversando de muchas de nuestras anécdotas, estaba siendo una buena velada. Había cerca nuestro un grupo de tres chicas y Toni decidió acercarse, al rato volvía con ellas y me las presentaba.
-Patri, Raquel y... ¿Laura?
-Si, Laura.-Dijo la tercera, era bastante mona, rubia y unos cabellos muy largos y unos ojos castallos muy grandes. Patri era rubia, en cambio tenía el pelo corto, le quedaba bien; ojos azules y unas piernas muy largas. Raquel era la única morena, tenía el pelo casi tan largo como Laura y era la única que no llevaba falda de las tres.-¿Y tu amigo es...?
-Rober.-Me anticipé a decir.-Compañero y socio de Toni, nuestro anfitrión de esta noche.
-Teneís un acento muy mono.-Dijo Patri. Se sentaron de manera que estaba rodeado por Patri y Laura y esta estaba al lado de Raquel que tenía izquierda a Toni que parecía haberse fijado en la morena.
-Nos lo dicen mucho, ¿a qué si Rober?
-No tanto. Pero es llamativo cuanto menos, si.
-¿Qué hacen dos chicos de tan al norte por aquí?-Patri volvió a preguntar mirándome a los ojos, en ese momento pensé que su curiosidad no iba a tener límites.
-Viaje de placer, Rober y yo nos hemos pegado un año muy jodido para llegar a donde estamos ahora mismo.
-Sereís unos chicos muy trabajadores entonces.-Raquel le respondió con cierto tono pícaro. Me parecía casi magia que Toni hubiera pescado tan pronto.
-¿Qué bebes?-Por fin dijo algo Laura, se refería a mi exótica bebida multicolor sin alcohol.
-Combinado de frutas, muy sano.
-¿Sin alcohol?
-Muy sano.
-¿Eres marica?
-Creo que solo soy muy sano. Deberías probarlo.-Pusieron cara de no entenderme y se pidieron bebidas con alcohol, no me interesó demasiado, cuando ya tenían sus copas continué.-Estas vitaminas me convertirán en el jodido Rey del karaoke.
-No creo que seas ni capaz de subir.-Patri parecía dispuesta a retarme y Laura también parecía metida en el ajo mientras Toni y Raquel mantenían una conversación privada.
-Me atrevo con cualquier cosa y realmente os deleitaría.
-¡Venga! ¡Demuéstralo!-Ambas se pusieron de acuerdo para retarme. No podía acojonarme ahora.-¿No es para eso el zumito?
-¡Ahora vereís! Preparaos para aplaudir...
Me levanté aun con mi tercer combinado de frutas en la mano y me dirigí directamente a hacer una petición de una canción, pedí cualquiera en inglés, la primera que se le ocurriera. Era el siguiente el subir y ya me quedé cerca del escenario mientras las tres chicas y Toni me miraban espectantes. ¡Les iba a callar! Estaba preparado, un poco nervioso, ahora si que podría venirme bien una copa, pero borré esa idea de la mente cuando dijeron mi nombre. Subí convencido y alcé mi bebida multicolor hacia mis acompañantes mientras empezaba a sonar la música. ¿Qué canción era esa? No la conocía, estaba bien jodido, menos mal que había un par de pantallas con la letra. Iba a tocar improvisar, di un trago y comencé el recital, parecía que iba bien de ritmo, poca gente parecía conocer la canción y eso hizo que me dejara llevar, nadie podría recriminarme por una canción que no conocían. Mi pronunciación habría conseguido que la que fuera mi profesora de inglés consiguiera una orden de detención y lapidación contra mi por destrozar el idioma de Shakespeare, pero yo estaba disfrutando y por lo que podía ver a la gente no le disgustaba del todo. Terminó la canción, me permití el lujo de despedirme agradeciendo al público su comportamiento y me volví convencido a la barra con lo poco que me quedaba de mi bebida.
-¿Impresionadas chicas?
-Oye, no lo haces nada mal.-Patri me sonreía mientras decía eso y antes de que dijera nada fue cortada por Laura.
-La verdad es que tu inglés me ha impresionado, esa bebida parece que funciona.-Ambas parecían contentas por mi demostración de falta de vergüenza, mientras que Toni y Raquel retomaron su conversación.
-Gracias, en cuanto tenga motivos, sereís a las primeras a las que les firme un autógrafo.-En ese momento tuve que callar, el ruido de un tremendo sopapo había sonado no muy lejos de mi posición. Giré la cara intentando buscar el problema y miré como Toni tenía las manos en su mejilla y Raquel molesta se había levantado del taburete. Mierda, la ha vuelto a cagar.
-¡Vámonos chicas!-Raquel parecía bastante molesta y un poco borracha. A saber que habría hecho Toni para joderla, la tenía en el bote. Las otras dos chicas se despidieron de mi y se fueron pasando de Toni como si fuese un apestado.
-Tio, ¿qué mierda has hecho? ¡La tenías! ¡Joder si la tenías!
-La bebida se me fue de las manos, ahora solo quiero otra copa.
Toni me contó que le había dicho algo que le molestara o que se le había escapado la mano y le había molestado, ni él estaba seguro y la bebida empezó a hacerle efecto. Seguimos en el bar charlando durante horas, Toni parecía cada vez más deprimido y estaba cada vez más borracho. Yo seguí con mis combinados de frutas y él entre trago y trago gimoteaba sobre lo dura que es la vida y lo jodidas que son las mujeres. Yo armado de paciencia intentaba animarlo, estaba demasiado borracho no iba a conseguir nada. En cierto punto de la noche el camarero le vió tan borracho que me comentó que no le pondría ni una sola copa más. Toni se molestó bastante, pero le dije que la noche ya no daba para más, le ayudé a levantarse y mientras se apoyaba en mi lo subí al cuarto donde se quitó la ropa, se puso una camiseta y una muda de ropa interior y se metió en su cama. Mientras mi compañero aun continuaba criticando el género femenino me puse la típica ropa vieja que me pongo para dormir, una camiseta de cuando era más joven y ropa interior cómoda, con pitrina por delante para las urgencias nocturnas, me cepillé los dientes y me metí en cama y Toni ya estaba medio dormido. Llamaron a la puerta, decidí no abrir y me mantuve en silencio. Volvieron a llamar y encendí una pequeña luz mientras me levantaba y me iba a la puerta preocupado por si era algo urgente. Empezaron a llamar y abrí. Allí estaban Patri y Laura, un poco más borrachas que cuando estaban en el bar pero poco más había cambiado en ellas.
-¿Estabas dormido?-Empezó Patri.
-No
-Lo pareces.
-¿Podemos pasar?-Miré dentro del cuarto y ahí estaba Toni, medio dormido y con una borrachera tremenda. ¿Qué podía hacer? Meterlas dentro está claro que no, piensa, piensa, ¡piensa!
-¿Podemos ir mejor a vuestro cuarto? Aquí tengo un pequeño problema.
-Nuestra amiga no creo que tenga ganas ni de verte a ti después de lo ocurrido.-Patri fue la que me dió la mala noticia. Estaba contra la espada y la pared, ¿qué podía hacer? Las vitaminas de mi combinado me había ayudado a cantar, ¿dónde estaban ahora?
-¿Qué os parece que nos quedemos en el pasillo?-Su cara tenía pinta de que la respuesta iba a ser no, antes de que eso sucediera dije.-Bueno, siempre nos podemos ver mañana.
-Lo siento, nos vamos mañana, hoy es nuestra última noche aquí, por eso le preguntamos a Raquel cual era vuestro cuarto.-Patri parecía haber llevado la iniciativa en este plan. Y me alegró, la chica tenía unas piernas preciosas y un desparpajo interesante.-Estabas muy gracioso cantando, pero ahora estás muy mono. No te molestamos más, descansa.
Ambas me dieron un beso de despedida y se fueron. Yo me metí en mi cuarto, la bebida lo había jodido todo. Primero con Toni y ahora con estas chicas. Me dormí. A la mañana siguiente me desperté y pude escuchar como Toni vomitaba en el baño, le dije si necesitaba algo pero apenas podía decir nada. Que forma tan estúpida de echar a perder el chuletón de ayer. Miré en la entrada y parecía haber una especie de papel que habían metido por debajo de la puerta. Lo cojí y era una despedida de las chicas. Guardé la nota en mi maleta y empecé a cojer la ropa para ducharme, "ya nos cantaremos de nuevo" pensé. Me metí en la ducha con el ruido de mi compañero vomitando de fondo.
martes, 11 de octubre de 2011
Lo que nunca nos dijimos
Lo siento, he perdido la batalla. Ahora mismo no entenderás nada, no entenderás el motivo de esta carta y tampoco el dinero que la acompaña. Me voy. Esta será la única despedida que te puede dar un cobarde como yo. Tranquila Sara, seguirás sin entender nada y un poco más alterada, pero todo tiene su explicación. Ahora mismo te veo en nuestra cama, con los primeros rayos de Sol golpeándote la mejilla y me dan ganas de quedarme, de un último beso; los perdedores no merecemos un último beso.
Estoy sentado, mirándote tomando una cerveza que compré a escondidas. La última y la primera en casi dos años después de prometerte que solo tú serías mi único vicio. Me viene a la mente la noche que te conocí, estabas con unos amigos en común a los que intentaba impresionar con alguno de mis relatos o intentos de guiones y podía notar como tus dos ojos verdes no dejaban de mirarme con fascinación; aquella sonrisa pícara tuya y tu cabello, recuerdo como deseé acariciarlo. No entiendo como una chica perfecta como tú, de buena familia y mejor porvenir se pudo interesar en un fracasado como yo, a día de hoy no puedo parar de sorprenderme y agradecer que llegaras a mi vida y te quisieras quedar. Eres un ángel.
Ahora mismo apenas encuentro las palabras con las que quiero describir todas las emociones que tengo dentro. La vergüenza de dejarte con tan poco; de haber sido tan poca cosa, una carga. No haber sido mejor hijo y haber podido tratar como se merecía a esa gran referencia de valores y cariño que ha sido mi madre. Me gustaría que estuvieras a su lado en estos momentos, ella te quiere y necesitará a alguien a su lado para superar otro quebradero de cabeza que le ha dado su primogénito. Las dos mujeres de mi vida, tan duro es desprenderme de vosotras...
Siento que dejo tras de mi muchas cosas sin hacer, aquel viaje que te prometí, hacer que tus padres no cuestionaran nuestra relación, tantas promesas, tantos amigos, convertir a mi madre en abuela; pero todo esto me supera, el mundo me supera. Dejo tras de mi una larga lista de despedidas sin completar, un gran amor, otra gran mujer y la idea de que este mundo es para los valientes y los locos: no he podido ser ni lo uno ni lo otro.
Me despido como el hombre que te ha amado y que la vida le ha quedado grande y ahora se enfrenta ante la incertidumbre de la muerte. Te quiero.
Estoy sentado, mirándote tomando una cerveza que compré a escondidas. La última y la primera en casi dos años después de prometerte que solo tú serías mi único vicio. Me viene a la mente la noche que te conocí, estabas con unos amigos en común a los que intentaba impresionar con alguno de mis relatos o intentos de guiones y podía notar como tus dos ojos verdes no dejaban de mirarme con fascinación; aquella sonrisa pícara tuya y tu cabello, recuerdo como deseé acariciarlo. No entiendo como una chica perfecta como tú, de buena familia y mejor porvenir se pudo interesar en un fracasado como yo, a día de hoy no puedo parar de sorprenderme y agradecer que llegaras a mi vida y te quisieras quedar. Eres un ángel.
Ahora mismo apenas encuentro las palabras con las que quiero describir todas las emociones que tengo dentro. La vergüenza de dejarte con tan poco; de haber sido tan poca cosa, una carga. No haber sido mejor hijo y haber podido tratar como se merecía a esa gran referencia de valores y cariño que ha sido mi madre. Me gustaría que estuvieras a su lado en estos momentos, ella te quiere y necesitará a alguien a su lado para superar otro quebradero de cabeza que le ha dado su primogénito. Las dos mujeres de mi vida, tan duro es desprenderme de vosotras...
Siento que dejo tras de mi muchas cosas sin hacer, aquel viaje que te prometí, hacer que tus padres no cuestionaran nuestra relación, tantas promesas, tantos amigos, convertir a mi madre en abuela; pero todo esto me supera, el mundo me supera. Dejo tras de mi una larga lista de despedidas sin completar, un gran amor, otra gran mujer y la idea de que este mundo es para los valientes y los locos: no he podido ser ni lo uno ni lo otro.
Me despido como el hombre que te ha amado y que la vida le ha quedado grande y ahora se enfrenta ante la incertidumbre de la muerte. Te quiero.
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