Ya era de noche cuando Isa volvió de casa de sus padres. Normalmente cuando esto ocurría yo solía destrozar la cocina y preparar la cena para los dos, pero por la tarde la llamé para avisarla de la gran carga de trabajo y no tuvo problema en comprar algo para cenar los dos juntos. Ya había dejado la mesa preparada y ella solo tuvo que poner la comida en los platos, pero antes vino a saludarme con un beso en la mejilla que me distrajo lo suficiente de toda la tarde de lectura y de haber visto a Ana. Tenía anotadas varias historias que me habían llamado la atención y que revisaría para dictaminar cual sería la que yo votase pero ahora eso no era lo importante. Isa me estaba esperando y tras lavarme la cara y las manos nos pusimos a cenar juntos. Estaba nerviosa, algo debió pasar durante el día con sus padres y antes de que pudiera hacer o decir nada se arrancó.
-Creo que deberíamos hablar.
-¿Ha pasado algo?
-Tranquilo, está toda bien. Sólo es una cosa.
-Puedes contarme lo que quieras.
-Sé que estas últimas semanas no hemos estado pasando los mejores momentos y claro...
-Espera...
-Déjame terminar, la cosa es que desde hace unas semanas que algo ha cambiado y no he sabido como decírtelo.
-No puedo negar que estoy un poco nervioso.
-Estoy embarazada.
-¿Qué?
-Supongo que me habrás notado más cansada de lo normal, siempre se lo achacaba al trabajo pero la realidad que estoy embarazada, de casi cuatro meses. Tenía miedo a tu reacción, pero más no lo he podido aplazar. Se lo he contado a mis padres y están muy contentos pero quería contártelo pero no sabía...-Me levanté y nos abrazamos.-Lo siento.
-Tranquila.
En aquel momento supe lo que tenía que hacer, bese a Isabel y le dije que se fuera a dar una ducha mientras recogía la mesa. Aquella noche le escribí un correo electrónico a Ana contándole que me alegró mucho verla pero que actualmente no era el mejor momento para que podamos reunirnos por motivos personales. Con Isa volvimos a dormir como antes, juntos, abrazados. Al final la vida es un camino en el que no se debe parar de avanzar por mucho que el pasado se empeñe en seguir volviendo y como dijo aquel; los sueños, sueños son.
martes, 23 de julio de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
Recurrente (0)
Lunes 18 de Mayo:
Antes de que se me hiciera tarde y no tuviera tiempo necesitaba volver a escribir porque ya son 117 noches las que este sueño me lleva persiguiendo. Sigue estando él y como cada noche me persigue y yo estoy frente a él de espaldas bajo la lluvia y al mismo tiempo a sus espaldas llamándolo, no me escucha y sigue avanzando intentando alcanzarme y yo corro detrás de él, me agarra del brazo y yo caigo mientras él permanece congelado dándome la espalda. Empiezo a estar preocupada, tengo miedo de hablar con alguien de lo que me pasa porque pensará que después de tanto tiempo no he olvidado a Rober, ¿debería llamarle? ¿Pensará que estoy loca si le cuento lo que me pasa? Marta me dijo que hace un tiempo que está viviendo con otra chica... ¿Qué debería hacer?
Sigo buscando trabajo sin mucho éxito, hoy entregué el CV en seis empresas más, llevo tantas que en la copisteria ya me conocen como la parada del mes. Mamá me dijo que este sábado una empresa cerca de casa haría entrevista a gente joven, debería acercarme y probar suerte. Todavía no me veo capacitada para considerar este mi hogar, pasé la mayor parte de mi vida aquí, pero leyendo como fue mi vida estos últimos cinco años, es horrible ver como todo eso ha desaparecido. Por la tarde iré con Marta al cine, necesito desconectar, supongo que me llevará a ver la comedia de risa que me prometió, aunque con Marta nunca se puede descartar una romanticona o que traiga a Pedro y acabemos viendo la típica película de acción, donde el americano de turno con un cuchillo y un ego gigante sea capaz de matar a un ejercito de algún pais exótico y comunista.
Seguramente sea la vez número 117 que escribo esto, no entiendo nada. Ojalá no haya una ocasión número 118, nos vemos.
Antes de que se me hiciera tarde y no tuviera tiempo necesitaba volver a escribir porque ya son 117 noches las que este sueño me lleva persiguiendo. Sigue estando él y como cada noche me persigue y yo estoy frente a él de espaldas bajo la lluvia y al mismo tiempo a sus espaldas llamándolo, no me escucha y sigue avanzando intentando alcanzarme y yo corro detrás de él, me agarra del brazo y yo caigo mientras él permanece congelado dándome la espalda. Empiezo a estar preocupada, tengo miedo de hablar con alguien de lo que me pasa porque pensará que después de tanto tiempo no he olvidado a Rober, ¿debería llamarle? ¿Pensará que estoy loca si le cuento lo que me pasa? Marta me dijo que hace un tiempo que está viviendo con otra chica... ¿Qué debería hacer?
Sigo buscando trabajo sin mucho éxito, hoy entregué el CV en seis empresas más, llevo tantas que en la copisteria ya me conocen como la parada del mes. Mamá me dijo que este sábado una empresa cerca de casa haría entrevista a gente joven, debería acercarme y probar suerte. Todavía no me veo capacitada para considerar este mi hogar, pasé la mayor parte de mi vida aquí, pero leyendo como fue mi vida estos últimos cinco años, es horrible ver como todo eso ha desaparecido. Por la tarde iré con Marta al cine, necesito desconectar, supongo que me llevará a ver la comedia de risa que me prometió, aunque con Marta nunca se puede descartar una romanticona o que traiga a Pedro y acabemos viendo la típica película de acción, donde el americano de turno con un cuchillo y un ego gigante sea capaz de matar a un ejercito de algún pais exótico y comunista.
Seguramente sea la vez número 117 que escribo esto, no entiendo nada. Ojalá no haya una ocasión número 118, nos vemos.
martes, 14 de mayo de 2013
Recurrente (2)
-¿Ana?
-Ro... ¿Rober? ¿De verdad eres tú?
-¿No debería preguntar yo eso? ¿Cuándo has vuelto?
-¿Podemos hablar en un sitio cubierto? Nos estamos empapando.-Nos movimos mudos hasta el bar más cercano, ella pidió un refresco y yo una caña para intentar digerir este encuentro.-No sé por donde empezar.
-Has vuelto.
-Es cierto, cuando me fui, pensé que no volvería aqui y así fue hasta hace unos meses era cierto. Acabé mis estudios y tuve la suerte de que me contrataron y no tuve que volver, pero hace seis meses que en la empresa echaron a mucha gente y mis padres me volvieron a acoger en mi antiguo cuarto.
-¿Por qué no me avisaste de que habías vuelto?
-Han pasado cuanto, ¿cinco años? No sabía como presentarme.
-Deberías haberlo hecho, ¿no pensaste en hacerlo?
-Fuiste la última persona de la que me despedí al irme y la primera que tenía ganas de que me recibiera, pero cinco años son mucho tiempo y nuestras vidas no son lo mismo.-Y tenía razón, yo ahora estaba con Isa y podría decirse que era feliz sin saber que ella había vuelto a la ciudad si no fuera por los sueños.-¿Qué tal estás tú?
-No sé como decírtelo, creerás que estoy loco pero he tenido unos sueños muy raros desde hace unos meses...
-¿Sueños?-Sus ojos abiertos me mostraron que quizá no estuviera tan loco.-¿Tú también?
-¿A qué te refieres?
-Durante un tiempo pensé que era algún tipo de remordimiento el verte todas las noches buscándome en medio de la nada, después creí que me estaba volviendo loca y al final decidí que no debía ignorar tus apariciones todas las noches desde que he vuelto. Cada noche te veo caminando en mi búsqueda y siendo siempre incapaz de encontrarme por mucho que te llame y hoy me encontraste y me asusté un poco.
-Joder, la verdad es que ahora mismo incluso yo no entiendo nada. Creo que me voy a ir, me alegro de verte, invito yo. ¿Sigues teniendo el mismo número de teléfono? Te llamaré.-Me levanté, le di un informal beso en la mejilla, pagué y me marché caminando bajo la lluvia. ¿Qué podía significar todo esto? Ella quería ser encontrada por mi y yo no paro de buscarla intentando encontrar la respuesta, ¿cuál era la pregunta?
-Ro... ¿Rober? ¿De verdad eres tú?
-¿No debería preguntar yo eso? ¿Cuándo has vuelto?
-¿Podemos hablar en un sitio cubierto? Nos estamos empapando.-Nos movimos mudos hasta el bar más cercano, ella pidió un refresco y yo una caña para intentar digerir este encuentro.-No sé por donde empezar.
-Has vuelto.
-Es cierto, cuando me fui, pensé que no volvería aqui y así fue hasta hace unos meses era cierto. Acabé mis estudios y tuve la suerte de que me contrataron y no tuve que volver, pero hace seis meses que en la empresa echaron a mucha gente y mis padres me volvieron a acoger en mi antiguo cuarto.
-¿Por qué no me avisaste de que habías vuelto?
-Han pasado cuanto, ¿cinco años? No sabía como presentarme.
-Deberías haberlo hecho, ¿no pensaste en hacerlo?
-Fuiste la última persona de la que me despedí al irme y la primera que tenía ganas de que me recibiera, pero cinco años son mucho tiempo y nuestras vidas no son lo mismo.-Y tenía razón, yo ahora estaba con Isa y podría decirse que era feliz sin saber que ella había vuelto a la ciudad si no fuera por los sueños.-¿Qué tal estás tú?
-No sé como decírtelo, creerás que estoy loco pero he tenido unos sueños muy raros desde hace unos meses...
-¿Sueños?-Sus ojos abiertos me mostraron que quizá no estuviera tan loco.-¿Tú también?
-¿A qué te refieres?
-Durante un tiempo pensé que era algún tipo de remordimiento el verte todas las noches buscándome en medio de la nada, después creí que me estaba volviendo loca y al final decidí que no debía ignorar tus apariciones todas las noches desde que he vuelto. Cada noche te veo caminando en mi búsqueda y siendo siempre incapaz de encontrarme por mucho que te llame y hoy me encontraste y me asusté un poco.
-Joder, la verdad es que ahora mismo incluso yo no entiendo nada. Creo que me voy a ir, me alegro de verte, invito yo. ¿Sigues teniendo el mismo número de teléfono? Te llamaré.-Me levanté, le di un informal beso en la mejilla, pagué y me marché caminando bajo la lluvia. ¿Qué podía significar todo esto? Ella quería ser encontrada por mi y yo no paro de buscarla intentando encontrar la respuesta, ¿cuál era la pregunta?
lunes, 6 de mayo de 2013
Recurrente (1)
Somos tan pequeños que nos ahogamos en nuestro propio lamento. Aquella chica tenía tatuadas aquellas palabras por toda su cara, como si su tristeza la estuviera oprimiendo hasta dejarla sin respiración. Con la lluvia de fondo caminaba y yo corría intentando alcanzarla, la tomaba del brazo. Y como cada mañana me despierto sin poder encontrar en sus ojos la respuesta. Sofocado por el sueño recurrente que lleva acosándome durante varios meses miré que a mi derecha todavía Isa continuaba durmiendo, sin despertarla la besé en la mejilla y caminé a por un vaso de agua a la cocina. Eran las siete de la mañana de un sábado de mayo, el calor no castigaba pero obligaba a que la unión de nuestros cuerpos durante el tiempo de descanso pasara a dos espaldas chocando en una cama que con la subida de las temperaturas recibía una ola de frío emocional.
Este era el sábado en el que ella se iba a pasar el día con sus padres y yo me quedaría en casa leyendo los relatos para un concurso en el que soy jurado. Podría ir con ella, debería ir con ella tras tanto tiempo juntos, pero con el tiempo su padre había creado un muro de odio contra mi y le entiendo, todavía ni él ni yo podemos comprender por qué su hija pudo empezar una relación conmigo y formalizarla hasta el punto de estar viviendo juntos. Quizás ella tampoco podría ser capaz de responder nunca a eso. Le hago un zumo de naranja, un par de tostadas y se las llevo a la cama.
A la hora de la despedida la acompaño hasta donde tiene el coche y decido acercarme hasta la tienda de música para ver si hay algo interesante que amenice la sesión de lectura que me espera al llegar a casa. Nada en absoluto y al salir comienza a llover, de la nada y cuando todavía el calor se negaba a irse del todo. Sin paraguas empecé a caminar apresurdamente hacia mi casa y unos metros adelante la vi, la chica del sueño. Su pelo oscuro derramándose por su espalda, su forma de caminar, sus brazos, el lugar donde en el mundo onírico acababan mis manos. La curiosidad venció a la cobardía y me apresuré. Como en el sueño avancé intentando encontrar la respuesta, pero esta vez no estaba soñando y sabía que la encontraría. La tomé del brazo y durante un momento el tiempo se detuvo, ella se giró violentamente y pude ver la sorpresa en sus ojos y en ese preciso momento todo tuvo sentido. Pero, ¿por qué hoy? ¿Por qué aquí? ¿Por qué Ana?
Este era el sábado en el que ella se iba a pasar el día con sus padres y yo me quedaría en casa leyendo los relatos para un concurso en el que soy jurado. Podría ir con ella, debería ir con ella tras tanto tiempo juntos, pero con el tiempo su padre había creado un muro de odio contra mi y le entiendo, todavía ni él ni yo podemos comprender por qué su hija pudo empezar una relación conmigo y formalizarla hasta el punto de estar viviendo juntos. Quizás ella tampoco podría ser capaz de responder nunca a eso. Le hago un zumo de naranja, un par de tostadas y se las llevo a la cama.
A la hora de la despedida la acompaño hasta donde tiene el coche y decido acercarme hasta la tienda de música para ver si hay algo interesante que amenice la sesión de lectura que me espera al llegar a casa. Nada en absoluto y al salir comienza a llover, de la nada y cuando todavía el calor se negaba a irse del todo. Sin paraguas empecé a caminar apresurdamente hacia mi casa y unos metros adelante la vi, la chica del sueño. Su pelo oscuro derramándose por su espalda, su forma de caminar, sus brazos, el lugar donde en el mundo onírico acababan mis manos. La curiosidad venció a la cobardía y me apresuré. Como en el sueño avancé intentando encontrar la respuesta, pero esta vez no estaba soñando y sabía que la encontraría. La tomé del brazo y durante un momento el tiempo se detuvo, ella se giró violentamente y pude ver la sorpresa en sus ojos y en ese preciso momento todo tuvo sentido. Pero, ¿por qué hoy? ¿Por qué aquí? ¿Por qué Ana?
martes, 23 de abril de 2013
Me gusta cuando llueve
El cine nos ha enseñado tres cosas sobre el amor: No hay error que no se pueda reparar con una declaración de amor buena en público; una invasión, guerra, problema climático devastador o situación crítica puedes acabar pillando cacho y que la lluvia es el elemento clave para producir un encuentro amoroso. Yo como lo de hablar en público no se me da demasiado bien y no creo que mis cualidades a la hora de sobrevivir a cualquier problema que no se pueda solucionar en un bar he decidido que es hora de tirar de la lluvia. Para ello he empezado a sacar mi paraguas, un día si y otro no cuando llueve para probar las dos caras de la moneda del momento romántico cinéfilo. El momento uno se produce con paraguas, cuando la chica desvalida a punto de pillar un horrible resfriado por la terrible lluvia que hay se encuentra contigo y tu paraguas que le das cobijo y, ¡din! amor a primera vista; el momento dos desde mi punto de vista es mejor, ya que no tienes que ir cargando con paraguas y además es más estético, llueve y te empapas, te refugias en cualquier portal y allí conoces a otra alocada y atractiva joven que como tú utiliza ese portal para guarecerse de las inclemencias climáticas y ya con un poco de suerte y tal malo será que el romanticismo implícito de la lluvia no haga que todo termine en un beso.
Yo llevo desde enero probando y tengo que decir que la lluvia y más en Galicia es lo mejor. En estos meses ya he pillado un par de resfriados.
Yo llevo desde enero probando y tengo que decir que la lluvia y más en Galicia es lo mejor. En estos meses ya he pillado un par de resfriados.
martes, 16 de abril de 2013
Tú sabes quien eres...
Me enamoré de una mujer sin alma.
Un recipiente vacío al que con comprensión y dedicación quise humanizar.
Sus ojos eran lo único que mostraban que algún día hubo algo, que un día supo amar.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Pasaba sus días bebiendo y esperando.
Su cuerpo era un poema borroso.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Cuyo corazón no pertenecía a nadie y ya ni se sabía si latía.
Sus manos te herían en lugar de acariciarte.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Yo cada noche la esperaba en el mismo lugar, con la misma tristeza sabiendo que no vendría.
Sus labios tenían el sabor de otros cada día.
Me enamoré de una mujer sin alma.
La quise cada noche y cada día.
Todavía la quiero.
Un recipiente vacío al que con comprensión y dedicación quise humanizar.
Sus ojos eran lo único que mostraban que algún día hubo algo, que un día supo amar.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Pasaba sus días bebiendo y esperando.
Su cuerpo era un poema borroso.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Cuyo corazón no pertenecía a nadie y ya ni se sabía si latía.
Sus manos te herían en lugar de acariciarte.
Me enamoré de una mujer sin alma.
Yo cada noche la esperaba en el mismo lugar, con la misma tristeza sabiendo que no vendría.
Sus labios tenían el sabor de otros cada día.
Me enamoré de una mujer sin alma.
La quise cada noche y cada día.
Todavía la quiero.
lunes, 15 de abril de 2013
¿Qué quieres que te diga?
Aquella noche me tocaría vivir con dos de las cosas que más odio pero todavía no lo sabía. Estaba de cervezas con dos amigos en un piso mientras ellos levantaban el pais y yo tumbado en el sofá pensando en las cosas que un hombre piensa cuando lleva unas cuantas cervezas encima y se queda cavilativo, mujeres. Aquella noche Nuria me dijo que nos veríamos y yo tenía puestas mis esperanzas en la bebida y en ella. De vez en cuando miraba el teléfono con la ilusión de que apareciese el lugar indicado y la hora perfecta pero ella no daba señales y decidí que ya había bebido bastante y que era hora de irnos a beber a otro lado antes de que la conversación entre Mario y Fran se transformara en una discusión o todavía peor, en querer irse a dormir.
Cruzando la puerta sonó mi teléfono y todo mi ser quiso que fuera Nuria, lo era. Se disculpó por la tardanza y sin preguntar a mis amigos fuimos al lugar donde estaba con sus amigas. Me las presentó y prometo que intenté recordar los nombres, pero a fin de cuentas son nombres. Bebimos un rato y tuvieron la horrible idea de ir a una discoteca. Si quieres joder a un hombre que ha bebido demasiado, mételo en una discoteca. Un laberinto inhumano formado por personas. Eso necesitó otra cerveza más. Por el camino tuvimos que dar un rodeo porque una de las chicas había quedado con un amigo, resultó que era Nuria la chica y el amigo era un gilipollas. Me enfadé, estaba en mi derecho, quería ser el centro de atención, ¿qué tenía eso de malo? Me situé tres pasos por detrás de todo el mundo mientras miraba como el gilipollas en cuestión se dedicaba a arrastra sus tentáculos sobre ella, me enfermó. Seguí distante y cabizbajo por la derrota sin haber comenzado la lucha y noté como alguien se me agarraba al brazo y tiraba de mi, no quería que me quedara atrás.
Entramos en el local y decidí que ese no era mi mundo, pero que había bebido y si la chica no quería formar parte de la película me lo pasaría bien yo solo. Hice el idiota como nunca, mis amigos estaban disfrutando y ambos tenían una copa en la mano, yo estaba sin dinero. Noté como una chica se nos unió y se reía ante la imagen tan dantesca de verme bailar. Le ofrecí la mano y la tomó. Nuria se había ido, sus amigas y el otro tipo desaparecieron con ella. Bailé con la desconocida.
-Me llamo Rober, ¿cómo te llamas?
-...
-¿Eres de aquí?
-...
-¿Me entiendes?
-...
-¿Podrías decir algo? ¿Nombre?
-...
-Ambos estamos muy borrachos, pero joder...
En ese momento puso sus brazos sobre mi hombro y a pesar de mi terrible miedo a lo nuevo decidí que en el peor de los casos ya había bebido lo suficiente para curar las heridas de un posible sopapo. La besé, me respondió timidamente, casi rozando la inocencia. Parecíamos dos primerizos sin saber bien que hacer, volví a hacercarme y esta vez fue ella quien me besó y puso tras ello aire entre nuestros cuerpos. No entendía nada, la tomé de la mano y nos fuimos a la entrada del local. Le dije de nuevo mi nombre, le pregunté el suyo, le pregunté si estaba sola, si pasaba algo. La única respuesta que recibí fue el pestañeo de sus dos enormes ojos. Nos quedamos mirándonos un buen rato y decidí que si no estaba sola lo mejor sería entrar dentro, bailamos y me di cuenta que quería marcharme. Le dije mi nombre, le pregunté el suyo, le pregunté si estaba sola, si pasaba algo, si necesitaba algo y me despedí con un beso en la mejilla. Nos fuimos a otro lado. Me marché triste por mi y por ella. Quizás soy un monstruo y nadie le dice su nombre a los horrores de la noche, quizás bebimos demasiado. Aquella noche estuve en una discoteca y sufrí un largo silencio incómodo con una desconocida, si lo sé vuelvo a salir de casa.
Cruzando la puerta sonó mi teléfono y todo mi ser quiso que fuera Nuria, lo era. Se disculpó por la tardanza y sin preguntar a mis amigos fuimos al lugar donde estaba con sus amigas. Me las presentó y prometo que intenté recordar los nombres, pero a fin de cuentas son nombres. Bebimos un rato y tuvieron la horrible idea de ir a una discoteca. Si quieres joder a un hombre que ha bebido demasiado, mételo en una discoteca. Un laberinto inhumano formado por personas. Eso necesitó otra cerveza más. Por el camino tuvimos que dar un rodeo porque una de las chicas había quedado con un amigo, resultó que era Nuria la chica y el amigo era un gilipollas. Me enfadé, estaba en mi derecho, quería ser el centro de atención, ¿qué tenía eso de malo? Me situé tres pasos por detrás de todo el mundo mientras miraba como el gilipollas en cuestión se dedicaba a arrastra sus tentáculos sobre ella, me enfermó. Seguí distante y cabizbajo por la derrota sin haber comenzado la lucha y noté como alguien se me agarraba al brazo y tiraba de mi, no quería que me quedara atrás.
Entramos en el local y decidí que ese no era mi mundo, pero que había bebido y si la chica no quería formar parte de la película me lo pasaría bien yo solo. Hice el idiota como nunca, mis amigos estaban disfrutando y ambos tenían una copa en la mano, yo estaba sin dinero. Noté como una chica se nos unió y se reía ante la imagen tan dantesca de verme bailar. Le ofrecí la mano y la tomó. Nuria se había ido, sus amigas y el otro tipo desaparecieron con ella. Bailé con la desconocida.
-Me llamo Rober, ¿cómo te llamas?
-...
-¿Eres de aquí?
-...
-¿Me entiendes?
-...
-¿Podrías decir algo? ¿Nombre?
-...
-Ambos estamos muy borrachos, pero joder...
En ese momento puso sus brazos sobre mi hombro y a pesar de mi terrible miedo a lo nuevo decidí que en el peor de los casos ya había bebido lo suficiente para curar las heridas de un posible sopapo. La besé, me respondió timidamente, casi rozando la inocencia. Parecíamos dos primerizos sin saber bien que hacer, volví a hacercarme y esta vez fue ella quien me besó y puso tras ello aire entre nuestros cuerpos. No entendía nada, la tomé de la mano y nos fuimos a la entrada del local. Le dije de nuevo mi nombre, le pregunté el suyo, le pregunté si estaba sola, si pasaba algo. La única respuesta que recibí fue el pestañeo de sus dos enormes ojos. Nos quedamos mirándonos un buen rato y decidí que si no estaba sola lo mejor sería entrar dentro, bailamos y me di cuenta que quería marcharme. Le dije mi nombre, le pregunté el suyo, le pregunté si estaba sola, si pasaba algo, si necesitaba algo y me despedí con un beso en la mejilla. Nos fuimos a otro lado. Me marché triste por mi y por ella. Quizás soy un monstruo y nadie le dice su nombre a los horrores de la noche, quizás bebimos demasiado. Aquella noche estuve en una discoteca y sufrí un largo silencio incómodo con una desconocida, si lo sé vuelvo a salir de casa.
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